Lockheed Martin es una de las marcas emblemáticas respecto a aeronaves a nivel mundial; ha sido tan grande que cuenta con un récord que data desde los años 70. Se trata del Lockheed SR-71 Blackbird, que ha quedado en el máximo de los reconocimientos en la historia de la aviación por su capacidad de alcanzar velocidades que superan por mucho a la velocidad del sonido y a la altitud. Esto no pudo hacerse de la noche a la mañana; fue un desarrollo que llevó años de evolución tecnológica y con diseños previos hechos por la división Skunk Works de la marca.
El SR-71 fue clave durante más de tres décadas; estuvo en el servicio como una plataforma de reconocimiento estratégico que le funcionó a la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Podía hacer frente a una capacidad de cobertura de hasta 160.000 cuadrados de territorio por hora y su diseño le permitía no ser tan detectable para los radares. La tecnología de este tiempo se hace más valiosa por lo que hay detrás; se remonta a los años posteriores de la Segunda Guerra Mundial. Tras tener bombarderos modificados y globos aerostáticos, la CIA solicitó el diseño de una aeronave capaz de liberar amenazas terrestres y que no fuera vulnerable.
Así fue el camino hacia la construcción del Lockheed Martin SR-71 Blackbird
Clarence Johnson, mejor conocido como Kelly Johnson, estuvo en la dirección de la división encargada del desarrollo de la nueva aeronave en ese tiempo. Su primera propuesta fue el U-2, una aeronave con un diseño similar al de un planeador y propulsado por un motor a reacción. Tenía la capacidad de volar a más de 21.000 metros de altura; aunque no tenía velocidad visible en las pantallas de los radares, pudo realizar 24 misiones a partir de 1956. El 1 de mayo de 1960 se descubrió su vulnerabilidad más fuerte: un misil de defensa aérea derribó el avión en el espacio aéreo soviético. El uso posterior de un U-2 se limitó a zonas con defensas no tan avanzadas.
La siguiente generación debía ser supersónica y contar con una sección transversal de radar reducida. Surgieron los diseños 'Archangel' que derivaron en la fabricación del A-12 exclusivo para la CIA. Fabricado con aleación de titanio, bimotor y empleado para misiones de reconocimiento, operó a partir de 1965 en la Base Aérea de Kadena en Okinawa, Japón. El U-12 también ayudó a dar cabida a otros proyectos que experimentaron diversas funciones operativas. El YF-12A, un tipo interceptor de largo alcance que tenía un segundo asiento para el oficial de armamento. El problema presupuestario se hizo presente y no se fabricó en serie.
Una velocidad que ninguna aeronave ha superado
Después de todos estos intentos, no del todo fallidos, fue que se concibió el SR-71 Blackbird. Una variante de reconocimiento biplaza para el Mando Aéreo Estratégico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Contaba con un oficial de sistemas de reconocimiento que podía gestionar los equipos de sensores, cámaras de alta resolución y sistemas de contramedidas electrónicas que podían neutralizar los radares de seguimiento enemigos. Dos motores Pratt & Whitney J58 que permitían llegar a Mach 3.3, superando los 3.500 kilómetros por hora, una locura de velocidad que ninguna nave de la actualidad ha podido superar. Mantuvo las operaciones hechas en Okinawa desde 1968 y pudo recopilar datos de inteligencia de gran relevancia en la guerra de Vietnam, la intervención israelí en el Líbano y análisis previos y posteriores a las operaciones aéreas de Estados Unidos en Libia en 1986.
¿Por qué quedó fuera de toda regla vigente esta aeronave? Prácticamente fue la tecnología la que consumió todo. A pesar de que todo funcionaba adecuadamente, el propio desarrollo de los sistemas de vigilancia satelital, aumento de costos operativos y mejoras constantes de defensas antiaéreas, la Fuerza Aérea finalizó el programa de manera progresiva. Las operaciones se suspendieron en 1989, tuvo una reactivación a mediados de los 90, pero cerró definitivamente en 1998, justo dos años antes del nuevo milenio. Las piezas que sobrevivieron al cierre actualmente están en algunos museos de Estados Unidos. Otras están en custodia de la NASA, ya que están funcionando como parte de la investigación científica de varios criterios: la aerodinámica, la propulsión y su comportamiento frente a altas temperaturas. ¿Llegará el día en el que se rompa el récord de velocidad del SR-71?