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Garantizar que todos los pasajeros de los autobuses interurbanos de Catalunya puedan viajar sentados y con el cinturón de seguridad abrochado parece una exigencia razonable, especialmente después de un accidente con decenas de heridos. Pero convertir esta aspiración en realidad tiene un obstáculo de dimensiones considerables: serían necesarios al menos 700 autobuses más y más de un millar de conductores adicionales. Es el cálculo que ha puesto sobre la mesa el Govern, aunque otras fuentes atribuidas al Departamento de Territorio elevan estas cifras a entre 800 y un millar de vehículos más. Todo esto en el marco de un debate sobre la seguridad del transporte público que ha cogido impulso después del accidente de Fogars de Montclús, en el Montseny, y que ha llegado hasta el Parlament de Catalunya de la mano de diversas plataformas de usuarios del Maresme.

La cifra, según recoge el diario Ara, la expuso el secretario de Movilidad e Infraestructuras de la Generalitat, Manel Nadal, en un acto de la Associació de Municipis per la Mobilitat i el Transport Urbà (AMTU). "¿700 autobuses y más de 1.000 conductores. Cómo se hace esto?", se preguntó Nadal, que reclamó "reflexionar con la cabeza fría y no de manera precipitada" antes de plantear cambios generales en la normativa. Su advertencia es especialmente significativa porque llega después de que la consellera de Interior, Núria Parlon, abriera la puerta a revisar las condiciones en que los viajeros pueden ir de pie en los autobuses interurbanos y a la posibilidad de estudiar prohibir personas de pie en los buses interurbanos. Otras fuentes atribuidas al Departamento de Territorio, según La Vanguardia, elevan esta cifra de autobuses adicionales que se necesitarían para eliminar los trayectos con pasajeros de pie a entre 800 y un millar. La necesidad de mejorar la seguridad y las dificultades para garantizar suficientes plazas sentadas ponen en evidencia la dimensión de un problema que a estas alturas resulta imposible e inviable de resolver.

Los datos ayudan a entender la magnitud del reto. Actualmente, Catalunya dispone de unos 1.600 autobuses interurbanos, según las cifras de la Generalitat recogidas por el Ara. Incorporar 700 más supondría elevar la flota hasta los 2.300 vehículos, un incremento del 43,8%. Además de comprar o incorporar los autobuses, sería necesario encontrar los conductores necesarios para ponerlos en circulación, en un sector que ya denuncia dificultades para cubrir las necesidades actuales.

Un accidente con 83 heridos que reabre el debate

El origen inmediato de la controversia es el accidente del pasado 25 de octubre en Fogars de Montclús, en el Vallès Oriental. Un autobús de la compañía Sagalés que cubría la línea entre el Centro de Información de Fogars y Santa Fe del Montseny se salió de la carretera en una zona de curvas y se precipitó por un terraplén de unos 20 metros. El siniestro dejó 83 personas heridas, siete de ellas graves, según el balance difundido por los servicios de emergencias.

Una parte de los pasajeros viajaba de pie, aunque no se ha concretado públicamente cuántos ocupantes se encontraban en esta situación ni si el vehículo superaba el aforo autorizado. El accidente puso el foco en una práctica habitual en determinadas líneas interurbanas: transportar personas de pie, sin la protección de un cinturón de seguridad, en vehículos que circulan por carreteras fuera de las poblaciones.

Al día siguiente del siniestro, la consellera Parlon abrió la puerta a una revisión de las reglas del juego. "Deberíamos ver realmente si esto no se tiene que cambiar", afirmó. Pero la propuesta ha topado con las reticencias del sector y con las dificultades que expone el propio Departament de Territori. De hecho, Nadal no descarta modificaciones puntuales en determinados trayectos. El secretario de Movilidad considera que se puede estudiar la obligación de viajar sentado en algunas líneas de montaña o reducir la velocidad en puntos concretos, pero rechaza una transformación generalizada sin haber calculado las consecuencias.

¿Qué dice la normativa sobre viajar de pie a 80 km/h?

La legislación actual permite que determinados autobuses interurbanos transporten pasajeros de pie, siempre que el vehículo esté homologado para hacerlo y se respete la capacidad máxima autorizada. El artículo 48.1.b del Reglamento general de circulación, modificado en junio de 2026, establece que los autobuses que transporten personas de pie porque tienen autorización para hacerlo no pueden superar los 80 kilómetros por hora fuera de poblado, independientemente del tipo de vía. Este mismo límite se aplica a los autobuses que no disponen de cinturones de seguridad.

Por lo tanto, viajar de pie en un autobús interurbano no es necesariamente una infracción, aunque el vehículo circule por una vía rápida. La cuestión es si esta autorización debería seguir vigente en trayectos en los que una frenada brusca, una colisión o una salida de la carretera pueden tener consecuencias especialmente graves para los ocupantes que no disponen de un asiento ni de un sistema de retención.

Los usuarios del Maresme llevan la reivindicación al Parlament

Es precisamente este punto de la normativa el que quieren modificar las plataformas de usuarios del Maresme, que reclaman prohibir los pasajeros de pie en los autobuses interurbanos que circulan por vías rápidas y garantizar el uso del cinturón de seguridad. El debate ya ha dado el salto de las quejas de los pasajeros a las instituciones. Este jueves, representantes de diversas plataformas ciudadanas del Maresme se reunieron en el Parlament con los grupos de la CUP, ERC, Comuns, Junts, PSC y PP para trasladarles una propuesta de resolución destinada a impulsar cambios legislativos y mejoras en el servicio. La iniciativa está encabezada por Millorem Bus Baix Maresme, con el apoyo del Moviment 807, que agrupa a usuarios de Argentona y Cabrera de Mar, y del Moviment Ciutadà 11.1 y 11.2, vinculado a las líneas que conectan Mataró con Barcelona.

Las entidades denuncian que la saturación de los autobuses se ha convertido en un problema estructural y que las incidencias de Rodalies han agravado una situación que ya era complicada. Muchos pasajeros han optado por el transporte por carretera ante la falta de fiabilidad del tren, pero se han encontrado con vehículos llenos, personas sentadas en los pasillos y usuarios que, en horas punta, se quedan en las paradas porque ya no cabe nadie más. "¡Es muy peligroso!", advertía a la ACN Gemma Esteve, una de las portavoces de la iniciativa y usuaria habitual de la línea e11.1 entre Mataró y Barcelona. Esteve explica que hace quince años que utiliza este transporte y que siempre ha visto pasajeros de pie, pero que la situación se ha agravado a raíz de los problemas ferroviarios. Las plataformas aseguran que, en determinadas líneas y horas punta, más de la mitad de los viajeros tienen que ir de pie o sentados en los pasillos.

Los representantes de los grupos parlamentarios se han comprometido a pedir la comparecencia de Manel Nadal para que explique las medidas que prevé aplicar el Govern para descongestionar los autobuses del Maresme y concretar cómo se distribuirán los 21,5 millones de euros del plan de choque anunciado por la Generalitat. Las entidades también quieren participar en esta comparecencia y han acordado volver a reunirse con los partidos después de las fiestas de Navidad para comprobar si los compromisos se traducen en actuaciones concretas.

¿Más frecuencias o pasajeros que se quedan en las paradas?

La reivindicación de las plataformas no se limita a prohibir que los pasajeros viajen de pie. También exigen incrementar las frecuencias, incorporar vehículos articulados de mayor capacidad y establecer mecanismos permanentes para controlar la ocupación de los autobuses e informar a los usuarios en tiempo real. Y es aquí donde aparece el principal quebradero de cabeza para el Govern. Si se prohíbe viajar de pie sin aumentar la oferta, una parte de los pasajeros que hoy pueden subir al autobús se quedarían en tierra. La Associació per a la Promoció del Transport Públic (PTP) ha advertido que una prohibición generalizada podría acabar trasladando las aglomeraciones del interior de los vehículos a las paradas.

La patronal del sector, FECAV, también defiende que las empresas cumplen la normativa vigente y advierte de que cualquier cambio que obligue a transportar a todos los usuarios sentados debería ir acompañado de un incremento sustancial de las expediciones. Las operadoras recuerdan, además, que ya están asumiendo refuerzos para compensar las deficiencias del servicio ferroviario.

En el Maresme, la Generalitat prevé reforzar diversas conexiones antes del 6 de diciembre. Entre las actuaciones anunciadas hay siete expediciones adicionales por sentido en la línea 618, entre Pineda, Calella, Sant Pol y Barcelona; la creación de la línea 619, que conectará diversas poblaciones del Alt Maresme con el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y Barcelona, y dos frecuencias más a primera hora de la mañana en la conexión entre Tordera, Blanes y la capital catalana.

En el caso concreto de Fogars de Montclús, Territori ya ha optado por una solución específica: sustituir el autobús de gran capacidad que hacía el recorrido por dos vehículos más pequeños que circularán conjuntamente, manteniendo las frecuencias y adaptando el servicio a las características de la carretera de montaña.