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Un gran danés y un chihuahua pueden compartir muchas cosas, pero lo que seguro que no comparten es la misma esperanza de vida. Mientras que algunos perros pequeños pueden llegar a los quince o veinte años, muchas razas de gran tamaño viven bastante menos. Esta diferencia es conocida desde hace tiempo, y ahora, un estudio publicado en la revista Science ha demostrado que podría encontrarse, al menos en parte, en los cambios epigenéticos que se producen en el genoma a medida que los perros envejecen. 

Un reloj biológico escrito en el ADN

El equipo investigador analizó muestras de 894 perros de unas 120 razas, con el objetivo de entender cómo influyen el tamaño corporal y el sexo en el envejecimiento. Los resultados apuntan a que los perros más grandes acumulan determinados cambios en su ADN más rápidamente que los pequeños.

Para estudiar el proceso de envejecimiento, los investigadores analizaron los patrones de metilación del ADN. La metilación consiste en la adición de grupos químicos metilo a determinadas regiones del material genético. Estas marcas no cambian la secuencia del ADN, sino que forman parte del epigenoma, es decir, el conjunto de mecanismos que regulan cómo y cuándo se expresan los genes y, por tanto, el funcionamiento de las células. 

A medida que envejecemos, algunos patrones de metilación cambian y esto permite construir los llamados relojes epigenéticos, herramientas que estiman la edad biológica de un organismo a partir de las marcas químicas acumuladas en el ADN. A diferencia de la edad cronológica, que cuenta los años transcurridos desde el nacimiento, la edad biológica aporta información sobre el estado de envejecimiento de las células y los tejidos. En este estudio, el equipo desarrolló un reloj epigenético para los perros capaz de predecir su edad con un margen de error aproximado de un año.

Los genes "saltarines"

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio tiene que ver con los elementos transponibles, conocidos popularmente como "genes saltarines". Las células disponen de mecanismos para mantener estas secuencias bajo control. Entre estos mecanismos se encuentra la metilación, que contribuye a mantener silenciadas muchas regiones del genoma potencialmente problemáticas. El estudio detectó que los cambios de metilación asociados al tamaño de los perros eran especialmente pronunciados en estas secuencias móviles. Esto sugiere que, en los perros grandes, el control epigenético de los elementos transponibles podría deteriorarse más rápidamente y contribuir al envejecimiento acelerado.

Ahora bien, los resultados no demuestran que los genes saltarines sean los responsables directos de la menor longevidad. Habrá que determinar si la pérdida de control sobre estas secuencias contribuye a acelerar el envejecimiento o si es, en parte, una consecuencia de otros procesos que tienen lugar en las células. Sin embargo, el tamaño no fue el único factor asociado a diferencias en el envejecimiento molecular. Los investigadores también observaron que los machos acumulaban determinados cambios epigenéticos más rápidamente que las hembras, incluso cuando habían sido castrados a una edad temprana.

De momento, sin embargo, el hallazgo es sobre todo una nueva pieza del rompecabezas del envejecimiento en los mamíferos, ya que el tamaño de un perro podría influir no solo en su cuerpo, sino también en la velocidad con la que cambia su genoma a lo largo de la vida, y quizás también en los humanos.