Haciendo una extensión del concepto, podríamos decir que a lo largo de los últimos decenios nos hemos hibridado con la tecnología. Probablemente, en la biología de un ser de hace doscientos años y en la nuestra no debe haber unas diferencias sustanciales, pero es innegable que un niño de pocos años de ahora y uno de entonces son completamente diferentes, al menos en el mundo occidental. No se trata, de momento, de una hibridación física, pero sí de una profunda hibridación intelectual.
No creo que una ciudad de dimensión mediana pudiera sobrevivir si de repente desapareciera la electricidad, si no existieran los plásticos ni las siliconas, si nos dejara de llegar el gas, etc. No solo por la falta de algunos servicios básicos, sino también porque el cerebro de los más jóvenes se ha adaptado a unos procesos de razonamiento y actuación que tienen poco que ver con los de hace décadas.
Estos cambios tecnológicos y los avances de la ciencia han hecho aumentar mucho la esperanza de vida y, en consecuencia, también la población. Al mismo tiempo, han provocado un consumo de recursos naturales enormes y un grado de deterioro del medio, probablemente, irreversible. Hemos aprendido a transformar las primeras materias en nuevos materiales de diferentes características y hemos convertido estos materiales en imprescindibles.
Los cambios tecnológicos y los avances de la ciencia han provocado un consumo de recursos naturales enormes y un grado de deterioro del medio, probablemente, irreversible
Uno de los resultados más espectaculares de la "civilización" son los residuos plásticos, que ocupan mares y océanos y que han contaminado la tierra y los organismos vivos. El plástico, los diminutos nanomicroplásticos, forman parte de los tejidos humanos. También, mientras escribo esto, estoy respirando algunos nanoplásticos. Hace un rato he ingerido unos cuantos.
Los plásticos son polímeros orgánicos que no se degradarán durante siglos. Solo se rompen, de manera que las diminutas partículas resultantes se pueden difundir por todas partes con una contaminación irreversible. Penetran en los pulmones y en el sistema digestivo, los encontramos en el torrente circulatorio y en la orina. No hay órgano que se escape. Ayudan a crecer los ateromas y contribuyen a las enfermedades cardiovasculares. No solo eso: los plásticos liberan sustancias tóxicas que afectan el cerebro, algunas de las cuales pueden actuar como disruptores endocrinos. Un ejemplo es la obesidad provocada por algunas de estas sustancias.
Los plásticos son polímeros orgánicos que solo se rompen, de modo que las diminutas partículas resultantes se pueden difundir por todas partes
Para muchos usos, una alternativa no biodegradable a los plásticos son las siliconas. Hay muchos materiales de uso diario elaborados con este material. A diferencia del plástico, cuando los utensilios o recipientes de silicona que están en contacto con los alimentos son de buena calidad, no representan ningún problema y los podemos usar sin miedo. Con todo, es conveniente lavarlos bien y, si su destino es un horno, calentarlos primero a la máxima temperatura a la que se tienen que usar y lavarlos antes de utilizarlos por primera vez. Así se eliminarán posibles contaminantes. No estaría de más, sin embargo, que la administración se ocupara de marcar unos criterios de calidad y un sello de garantía. Nos invaden productos de dudosa fiabilidad y, por lo tanto, que comportan un cierto riesgo.
Una duda que surge es si las siliconas son o no contaminantes cuando su vida útil acaba. La silicona es un material que no se puede reciclar; sin embargo, no es contaminante. No es un plástico y no se tiene que tirar nunca al contenedor amarillo. Cuando se tira a la basura, se va rompiendo en pequeñas partículas, que en el agua o en los suelos acaban hidrolizándose y finalmente se descomponen y dan CO2 y silicatos, que se combinan e integran con los suelos.
Así como podríamos acabar siendo personas plastificadas, no hay ningún riesgo de que seamos personas siliconadas.
El Dr. Enric I. Canela es Catedrático Emérito de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de Barcelona.
