Los océanos baten un nuevo récord de calor: ¿qué significa para nuestras costas?

Los océanos están absorbiendo una parte importante del exceso de calor que se acumula en el sistema climático. Es una de las principales conclusiones de la décima edición del Ocean State Report de Copernicus, elaborado por Mercator Ocean International con la contribución de 125 especialistas de diferentes países. El informe combina datos de satélite, observaciones directas y modelos oceanográficos para reconstruir la evolución de los sistemas de agua salada y concluye que el calor almacenado en los océanos ha aumentado de manera acelerada desde 1960, alcanzando en 2025 el valor más alto de la serie.

Para Ángel Borja, investigador principal del área de Gestión Ambiental de Mares y Costas de AZTI y editor jefe de Frontiers in Ocean Sustainability en declaraciones a Science Media Center destaca la fortaleza del informe: "Los datos utilizados son de dominio público y permiten la reproducibilidad de la investigación", destaca. En su opinión, el informe ofrece una fotografía sólida del estado del océano, tanto a escala global como local.

Un Mediterráneo que también cambia

El Mediterráneo se está calentando y también está subiendo de nivel, pero de manera desigual. Mientras que el nivel del mar aumenta tanto en el Mediterráneo occidental como en el oriental, el incremento es más rápido en la parte oriental.

En el año 2024, el Mediterráneo registró el número más alto de días de calor marino de las dos últimas décadas, y su temperatura media se situó 1,23 °C por encima del período de referencia del informe. Aunque los datos del informe parecen llegar a 2024, otras agencias como la Agencia Europea del Medio Ambiente, el World Ocean Assessment de la ONU o el informe de la World Weather Attribution han publicado datos de 2025 y 2026 con aumentos similares. Estas olas de calor pueden cambiar las condiciones de vida bajo el agua. Algunas especies pueden desplazarse hacia otras zonas buscando temperaturas más adecuadas, mientras que otras pueden tener más dificultades para sobrevivir o reproducirse y acabar alterando el equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, los efectos también pueden cambiar las actividades que dependen de ellos, desde la pesca y la acuicultura hasta el turismo y otras actividades en la costa.

Un mismo temporal, impactos diferentes

Otro ejemplo que recoge el informe es la borrasca Louis, que afectó a España a finales de febrero de 2024 y que en algunos puntos provocó olas de más de ocho metros. Para entender mejor cómo responden las costas ante un temporal, los investigadores compararon qué pasó en Langosteira, en Galicia, y en Tarragona. En ambos casos se superaron los valores históricos de viento y oleaje, pero el temporal no tuvo el mismo comportamiento ni provocó los mismos efectos.

En Langosteira, el episodio se alargó durante unas 33 horas. En Tarragona, en cambio, duró menos tiempo, pero fue más intenso. La forma de la costa, la orientación del puerto y cómo están construidos los diques pueden marcar una diferencia importante en la manera como las olas llegan a tierra y en los daños que pueden provocar.

Así pues, entramos en una era donde no basta con saber que llegará un temporal; también hay que saber cómo responderá cada costa. "Un mismo episodio extremo no produce necesariamente el mismo riesgo cuando cambian las condiciones locales", explica Carlos García-Soto, investigador del CSIC, responsable de la Unidad de Evaluación del Sistema Océano-Clima y colaborador en procesos internacionales de las Naciones Unidas sobre cambio climático y océanos. En un Mediterráneo cada vez más caliente y sometido a episodios extremos, entender estas diferencias será esencial para anticipar los riesgos y proteger las zonas costeras.