Los filósofos de la enfermedad

Mientras el culto a Asclepio se extendía por el mundo helénico, hacia el siglo V a.C. fueron surgiendo una serie de nuevas formas de aproximarse a la enfermedad y a su curación. Estamos muy lejos de la medicina moderna, pero podemos hablar en cierto modo de una medicina científica o, al menos, de una medicina culta. Culta porque quienes la practicaban eran personas eruditas, personas que seguían la filosofía que también se desarrollaba en aquel momento. De hecho, eran filósofos que, en lugar de pensar sobre las preguntas trascendentales de la existencia humana, se especializaban en el estudio de los problemas de salud y buscaban explicaciones que iban más allá de la religión. Eran los filósofos de la enfermedad.

Como ocurrió en el caso de la filosofía, estas nuevas prácticas médicas no surgieron en los centros políticos del mundo griego, sino en sus periferias, donde había prosperidad económica gracias al comercio, y donde había más contacto con otras culturas como la babilónica, la egipcia o la persa. El mejor ejemplo fue Hipócrates, que provenía de Cos, una isla en un rincón del mar Egeo tocando la actual Turquía. En realidad, de Hipócrates se sabe muy poco de primera mano y ha sido el paso del tiempo el que lo ha convertido en un mítico "padre de la medicina" a quien se atribuyen obras probablemente escritas por todo un grupo de médicos de su época. Estas obras, unas cincuenta, se conocen como corpus hipocrático o tradición hipocrática.

El juramento hipocrático sirvió a los médicos cultos para estandarizar y regular sus prácticas

Para elaborar su diagnóstico, un médico que seguía la tradición hipocrática hacía minuciosas observaciones del paciente con la vista, el tacto, el olfato y el oído. Era, además, una medicina holística, que consideraba el cuerpo humano como un todo, por lo que tanto la dieta como el ejercicio físico y las condiciones climáticas eran esenciales para el diagnóstico y para el posterior tratamiento. 

También se atribuye a Hipócrates el famoso juramento que los médicos hacen todavía hoy cuando empiezan su carrera profesional. El juramento hipocrático sirvió a los médicos cultos para estandarizar y regular sus prácticas. Una regulación que era indispensable para diferenciarse de otros profesionales de la curación con quienes coexistían, como los monjes de los templos de Asclepio o los curanderos que seguían conocimientos tradicionales y a quienes mucha gente se mantenía fiel. Una especie de sello de calidad que venía a decir "yo he hecho un juramento que demuestra mi honestidad y mis conocimientos, soy un filósofo de la enfermedad, no un charlatán cualquiera".   

Dr. Miquel CarandellBaruzzi,historiador de la ciencia