Hacia el siglo XII, innovaciones tecnológicas como los molinos de agua y viento o el arado, aparecidas o importadas desde otros lugares del mundo, provocaron en Europa un crecimiento poblacional que se concentró en grandes ciudades. Esto llevó a un incremento del reparto del trabajo: ya no todo el mundo vivía del campo, sino que parte de la población se podía dedicar a la confección de ropa, zapatos, cuerdas… y también a la medicina o a la farmacia. Para realizar estas profesiones era necesario saber leer, escribir o hacer cálculos matemáticos. Así aparecieron las escuelas urbanas y el conocimiento, que hasta aquel momento se había concentrado en catedrales y monasterios, llegó también a las ciudades.
Las universidades eran agrupaciones de profesores y alumnos que, como los gremios, se autogestionaban, se autorregulaban los salarios y currículum, y defendían su libertad de crítica
Siguiendo las huellas de las agrupaciones gremiales medievales, los maestros de estas escuelas, la mayoría capellanes o ligados a la Iglesia, desarrollaron una comunidad que compartía prácticas e intercambiaba conocimientos. Así surgen las llamadas universitas, palabra que en latín significa "el conjunto de todas las cosas": agrupaciones de profesores y alumnos que, como los gremios, se autogestionaban, se autorregulaban los salarios y currículum, y defendían su libertad de crítica. Con el tiempo, las escuelas urbanas, y con ellas las universitas, se hicieron cada vez más grandes, y se convirtieron en los llamados Estudios Generales en ciudades como Bolonia, París, Oxford, Salamanca o Lleida, donde convenía atraer a los estudiantes, ya que de jóvenes gastaban dinero y de mayores se convertían en funcionarios de prestigio.
Todos los estudiantes, que empezaban la universidad normalmente hacia los 14 años, dedicaban los primeros 6 años a estudiar las llamadas "artes liberales", divididas en el trívium (gramática, dialéctica y retórica) y el quadrívium (aritmética, geometría, astronomía y música). Al final, los estudiantes pasaban una especie de examen que consistía en la lectio (lectura), questio (respuesta de preguntas) y disputatio (crítica) de un texto. Después, el estudiante que quisiera continuar tenía tres opciones: medicina, teología o derecho, "carreras" con las que, si conseguían licenciarse, se convertían en personas con un estatus social elevado.
Estos estudios generales, que utilizaban el latín como lengua común, unificaron y estandarizaron su currículum: un estudiante de Padua podía después ser maestro en Cambridge, Coímbra o Barcelona. Además, el hecho de tener que practicar la disputatio, es decir, la crítica a los textos clásicos, hacía que apareciera el debate, la iniciativa de buscar respuesta a aquellos interrogantes no resueltos. Según los historiadores medievales, fue el surgimiento de esta comunidad intelectual, con conocimientos y prácticas compartidas, la que permitió la maduración de un debate conjunto que llevó a lo que llamaremos la Revolución Científica. Galileo o Newton no surgen de la nada, sino que son estudiantes de este "caldo de cultivo", de esta comunidad científica temprana que fueron las universidades medievales.
Dr. Miquel CarandellBaruzzi,historiador de la ciencia