Psiconeuroinmunología es una palabra que genera controversia. He escrito expresamente palabra porque quiero diferenciar entre la acepción que define una terapia y la acepción científica del término. Creo que no debería haber discusión sobre los resultados que demuestran la relación entre las respuestas inmunitarias y los fenómenos cerebrales y psicológicos. Tampoco sobre las interrelaciones entre los sistemas nervioso e inmunitario. Son correlaciones científicas exhaustivamente demostradas.
La psiconeuroinmunología describe las interacciones entre el estado emocional, la función del sistema nervioso y el sistema inmunitario. Hay muchos grupos de investigación dedicados a estudiar cómo el sistema inmunitario tiene un papel fundamental en el desarrollo y el funcionamiento del sistema nervioso central con efectos profundos en la emoción, la cognición y el comportamiento a lo largo de la vida.
Sabemos bien que las señales bioquímicas producidas por las infecciones u otras lesiones, así como el estrés postraumático, provocan alteraciones en el estado de ánimo y el comportamiento y una bajada de las defensas del organismo. Probablemente, todos hemos sufrido algún tipo de patología derivada de una situación de estrés. Por ejemplo, un disgusto nos puede haber ocasionado problemas digestivos. También a menudo las enfermedades autoinmunes se exacerban en estados depresivos: problemas capilares o dermatológicos, etc. Seguro que habréis observado cómo el acné, la psoriasis o el virus de Epstein-Barr se reactivan en situaciones de estrés.
Mirémoslo ahora en sentido contrario. ¿La meditación puede ayudar a la recuperación de enfermos? ¿La meditación o el yoga provocan la liberación de neurotransmisores? Ya está demostrado que sí. Y en cuanto a la música, ¿actúa la enfermedad? Así es: hoy conocemos los efectos de la música sobre el sistema digestivo. También sabemos del efecto positivo que tienen los aromas.
Podemos correlacionar causas y efectos, pero nos falta saber los caminos
Aparte de estas técnicas, también hay que considerar el efecto de los falsos medicamentos. El efecto placebo. Se puede definir como la mejora de los síntomas en un paciente después de la administración de una sustancia inocua en un contexto que induce expectativas respecto a sus efectos. Hoy ya sabemos que no solo actúa sobre el dolor, sino que también lo hace sobre el sistema inmunitario y el sistema endocrino.
La hipótesis de que la sugestión provoca la liberación de algunos neurotransmisores parece completamente demostrada, aunque nos falta mucho por conocer. Desde mi punto de vista, falta mucha investigación para poder disponer de un mapa que defina todas las interrelaciones y los mediadores. Podríamos decir que bien podemos correlacionar causas y efectos, pero lo que nos falta es saber los caminos. Posiblemente hay un eslabón que lo liga todo: el microbioma. Se especula que podría ser un concentrador de señales, pero todavía estamos descubriendo su abecedario.
Hace más de cincuenta años que tenemos una palabra que intenta definir todas estas interrelaciones. Un amplio campo de investigación. Es la psiconeuroinmunología.
¿De todo esto se puede inferir alguna terapia reglada? Evidentemente, no. De momento es un enorme ámbito de investigación. ¿Debemos descartar terapias que consideren los aspectos conocidos de las relaciones entre la psicología, la neuroquímica, el sistema endocrino y el sistema inmunitario? Sería absurdo hacerlo. ¿Existe alguna formación sistemática y basada en la evidencia que permita preparar profesionales terapeutas que ofrecen garantías? Yo creo que ahora no. Con todo, la buena nutrición y los tratamientos "pacificadores" de la vida nos pueden ser de gran utilidad.
Escribía Thomas Mann que "la parte positiva del escéptico es que todo lo considera posible".
Es bueno ser escéptico, pero no lo es caer en manos de charlatanes.
El Dr. Enric I. Canela es Catedrático Emérito de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de Barcelona.