Hay voces que explican un partido y las hay que acaban explicando una época. Este 5 de septiembre de 2026 hace cincuenta años que Joaquim Maria Puyal abrió un micrófono en Ràdio Barcelona para narrar en catalán un Barça-Las Palmas. Aquella tarde de 1976, en plena transición y después de décadas de silencio radiofónico en catalán, el fútbol volvió a sonar en la lengua de casa. Y ya no dejaría de hacerlo. Con los años, aquella voz se convertiría en compañía, en costumbre y en memoria sentimental para generaciones de oyentes. Puyal narró victorias y derrotas, goles imposibles y tardes grises, pero sobre todo construyó una manera de hacer radio: exigente, precisa, culta y popular a la vez. Demostró que el catalán podía correr a la misma velocidad que un balón y que una transmisión deportiva podía ser también lengua, país y cultura. Medio siglo después, Josep Maria Deu (Sant Feliu, 1962), que formó parte de su equipo de retransmisiones en Catalunya Ràdio, vuelve sobre aquella historia en el libro El factor Puyal. La voz del Barça durante 50 años. Lo hace desde la proximidad de quien conoció al maestro desde dentro y desde la distancia de quien ha querido entender qué hacía única aquella manera de comunicar. El libro busca explicar qué había detrás de una voz convertida en memoria colectiva: el método, la exigencia, la lengua, la preparación y una manera muy particular de entender el oficio. Deu ayuda a dibujar desde dentro la figura de un comunicador que hizo mucho más que narrar partidos. Puyal, retirado de las retransmisiones desde 2018 y alejado voluntariamente de la vida pública, ha escogido el silencio para preservar su anonimato. Por eso hoy hablar de él es también intentar escuchar el rastro de una voz que todavía resuena y resonará durante muchos años más.

¿Recuerdas cuándo oíste a Joaquim Maria Puyal por primera vez retransmitiendo un partido?
El primer partido es de 1976 y yo no lo escuché. Yo diría que empiezo a escuchar a Puyal a partir de los años 80, más o menos. Recuerdo muy bien un partido que jugó el Barça en el campo del Estrella Roja, en el que Maradona hizo un gol de vaselina extraordinario. Eso lo recuerdo muy bien.
¿Cuál fue tu experiencia en las transmisiones de Puyal en Catalunya Ràdio? ¿Cuál era tu papel y durante cuánto tiempo coincidiste con él?
Yo llegué a la transmisión del fútbol que hacía Puyal para formar parte, inicialmente, de la sala de imágenes con Sergi Cutillas. De hecho, la estrenamos nosotros dos. Estuve dos temporadas haciendo funcionar un invento que acababa de inventar Puyal. Al cabo de dos años, Antoni Bassas dejó el fútbol porque hacía El matí de Catalunya Ràdio y, como yo ya formaba parte del equipo, tuve la oportunidad de sustituirlo. A partir de entonces, Puyal, Pilar Calvo y yo hacíamos las transmisiones desde los campos, con Joan Gelabert como técnico.
El factor Puyal nace de tu tesis doctoral. ¿Por qué decidiste convertir aquella investigación académica en un libro para el gran público?
Efectivamente, este libro es fruto de la tesis doctoral que defendí en la Universitat Pompeu Fabra, un trabajo que me ocupó más de tres años. Una tesis tiene unas condiciones que no tiene un libro que puedes encontrar en cualquier librería. Es una obra científica, académica y muy especializada. Y pensé que sería interesante convertirla en algo apto para todos los públicos. Es un libro para la gente del Barça, un libro que habla de Puyal, de las retransmisiones y de la radio. Espero que mucha gente, cuando encuentre determinados momentos, recupere recuerdos que tiene guardados en la memoria. Todo el mundo sabe dónde estaba el día del "Urruti, t'estimo" o del "Pizzi, sos macanudo".
¿Qué es exactamente "el factor Puyal"?
El libro se articula en tres partes. Hay una primera parte biográfica, que explica la trayectoria y la actividad profesional de Puyal, que no solo hizo radio, sino también televisión —algún día se tendrá que hacer un libro sobre el Puyal de la televisión— y después está el método: el manual de cómo se debería hacer una retransmisión. Finalmente, repasa momentos memorables de la historia del Barça explicados por Puyal durante más de cuarenta años. Por lo tanto, también es la historia de una parte gloriosa del Barça.
Trabajaste con Puyal y, años después, lo has estudiado como investigador. ¿Qué has descubierto escribiendo el libro que no habías percibido cuando formabas parte de su equipo?
He descubierto un profesional singular, que me ha dado pie a pensar que es un hombre extraordinario, y por lo tanto ya no lo veo solo como un profesional, sino como una persona única. A mí me parece que es un genio. Es un hombre que, fuera del ámbito de la radio y de la televisión, en su actividad normal, en su día a día, es extraordinario.
He descubierto un profesional singular, un hombre extraordinario, y por tanto, ya no lo veo sólo como un profesional, sino como una persona única. Me parece que es un genio
Tiene fama de ser una persona especial…
Yo eso no lo puedo acreditar de ninguna manera. Muchas veces me preguntan: "¿Es verdad que era muy exigente?". Claro. Como el señor o la señora que conduce un avión: si no es exigente, el avión cae. Todos deberíamos ser exigentes con nuestro trabajo. No lo veo como algo negativo.
También era muy perfeccionista consigo mismo y exigía que la gente que lo rodeaba tuviera también ese listón alto de autoexigencia y perfeccionismo.
Sí. El objetivo era hacer las cosas muy bien, tan bien como fuera posible, buscando siempre la excelencia. Esta, no quiero decir que es una obsesión, pero sí que era un reto constante, partido tras partido. A veces tenías tres partidos en una semana: domingo, miércoles y domingo. No había tiempo de celebrar que un partido había salido bien porque ya tenías otro. Y tampoco te podías lamentar mucho si había salido mal. Un poco como los futbolistas: tenías que ganar siempre.
Existía la leyenda entre los periodistas deportivos de que Puyal no veía bien y que no se ponía gafas porque era presumido; por eso a veces confundía a los jugadores... ¿Cómo reaccionaba Puyal ante los errores, tanto los del equipo como los suyos propios?
Sobre esto hay un capítulo en el libro donde hablamos de dos tipos de errores: los errores que confunden y los que no confunden. Si te equivocas en el nombre de un jugador en una situación determinada y eso no altera la comprensión de lo que está pasando, no necesariamente confunde al oyente. Pero si te equivocas a la hora de decir quién ha marcado un gol, sí que confunde. Equivocarse es humano. Todos nos equivocamos y podemos confundir a un jugador o cualquier otra información. La cuestión es saber si eso confunde a la audiencia. Si la confunde, tenemos que rectificar. Si no, no hace falta. Esta era la idea: si la información que hemos dado no es correcta y puede confundir, la tenemos que rectificar.
¿Puyal era sobre todo talento natural o método? ¿Qué había de improvisación y qué había de preparación detrás de una transmisión que parecía espontánea?
Cuando vas a hacer un partido, no sabes qué pasará. Solo sabes que habrá once jugadores en cada lado y que jugarán noventa minutos, o noventa y cinco, o los que sean. Pero no sabes qué pasará. Por lo tanto, no puedes tener preparado previamente qué dirás. ¿El "Urruti, t'estimo" era una expresión preparada? No. Le salió en ese momento. ¿El "Pizzi, sos macanudo" estaba preparado? No. Le salió en ese momento. Ahora bien, hay cosas que sí que están previsualizadas. Si sabemos que antes del partido no juega Rodri y está en el banquillo, pero es muy probable que juegue, preparamos algo que podamos explicar sobre él cuando entre. Lo que no sabemos es si lo hará en el minuto 14 o en el 53.
Por lo tanto, ¿dirías que es una mezcla de las dos cosas?
Sí, es una mezcla de las dos cosas. Puyal tiene un talento extraordinario, una habilidad innata, pero también muy trabajada. Hay una preparación previa, una preproducción y un análisis posterior de los partidos. Era habitual que, justo después del partido, sobre todo fuera de casa, mientras cogíamos el autocar o íbamos hacia el avión y estábamos juntos mucho rato, repasáramos qué habíamos hecho. "Hemos dicho esto", "aquí ha pasado aquello...". Era un análisis en caliente. Y después él volvía a escuchar el partido. Todo se trabajaba.
¿Cómo dirigía el equipo? ¿Se podía discutir con Puyal?
Exigente, sí, por lo que ya hemos dicho. Todos deberíamos ser exigentes en nuestra actividad. Pero también dialogante. Él te podía decir: "Yo esto lo veo así", y tú le podías responder: "Pues yo no lo veo así" o "he pensado esto otro". Era receptivo a que le propusieras ideas. Tiene las características propias de un líder. Es un líder. También es verdad que, a veces, planteaba cosas que no eran fáciles de hacer. A veces se planteaban imposibles y, cuando tienes la exigencia ante un imposible y la tensión del directo es alta, puede haber momentos complicados.
¿Recuerdas alguno de esos "imposibles"?
Recuerdo situaciones en campos donde no tenías libertad de movimientos. Tenías que alargar una conversación porque todavía no habías conseguido acceder a un jugador para entrevistarlo. Y eso era un problema para el ritmo de la transmisión. Te podían pedir una voz o una entrevista y tú pensabas: "Pero no puedo saltar una valla ni tirar una puerta al suelo". Eran momentos complicados de resolver por las circunstancias del lugar donde estábamos.
Jordi Mir, filólogo y después miembro de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans, el hombre que trabajó con él la preparación lingüística de la transmisión del 76, comentaba en una entrevista que Puyal cambió el estilo del locutor de radio que transmitía el fútbol gritando. Puyal no necesitaba gritar; introdujo un cambio de estilo propio. ¿Esto crees que hacía diferentes las transmisiones de Puyal? ¿Por qué acabaron teniendo una influencia que fue mucho más allá del fútbol?
Debemos ponernos en contexto. En el año 1976, en Catalunya solo se escuchaban transmisiones en castellano y estaban acreditadas: de la SER, la COPE, Radio Nacional... Llegaba alguna influencia de la escuela inglesa y alguna de la sudamericana, pero no había nada en catalán. Cuando Puyal empieza a hacer la transmisión y construye el modelo, parte de lo que en aquel momento se podía oír en la radio de aquí, pero lo va construyendo. Lo hace, además, en una lengua, el catalán, que no disponía todavía de una terminología futbolística moderna consolidada. Puyal, con la colaboración de Mir, va construyendo este diccionario. Pero también toma decisiones: no quiere gritar, no quiere ser imparcial, se declara barcelonista, pero a la vez quiere ser honesto. Va estableciendo una serie de principios que lo acreditan como el abanderado de un modelo que hoy podemos llamar modelo catalán o escuela catalana. Se reconoce en todo el mundo la manera de hacer de aquí. Hoy escuchas un partido del Barça en catalán y un partido en otra lengua y ves diferencias. En una transmisión china puedes encontrar muchas pausas; en una inglesa, también; en las sudamericanas a menudo no paran de hablar y van muy deprisa; en las españolas se suele gritar más. Hay modelos. Y uno es el de Puyal, que cincuenta años después de nacer, continúa vigente. Hoy hay muchas emisoras que hacen partidos de fútbol en catalán.
Por lo tanto, ¿fue el precursor de esta escuela catalana de hacer fútbol en la radio?
Sí, él hizo un modelo, hizo una escuela. De hecho, el objetivo de mi tesis era demostrar que creó un modelo de referencia no solo en las retransmisiones de fútbol, sino en las retransmisiones deportivas e incluso no deportivas. Escuchas la retransmisión de una jornada castellera y puedes ver la misma arquitectura: una persona explica cómo se construye el castillo, otra entrevista a alguien alrededor de la piña, hay un comentarista... Es el mismo esquema que el fútbol. Esta escuela, sin embargo, también ha tenido que evolucionar con la lengua. Claro. Puyal, al principio, podía decir "escapolir-se de l’escomesa", que era una traducción de una expresión castellana que se usaba hace cincuenta años, zafarse del contrario. Ahora ya no se dice ni una cosa ni la otra. La lengua va cambiando. Ahora hablamos del bloque bajo y del bloque alto, expresiones que hace unos años no usábamos. En la calle aparecen palabras nuevas; ahora decimos bro, decimos aura. Y esto, de una manera u otra, se ha de incorporar a la transmisión.
Puyal también tuvo que crear un lenguaje futbolístico catalán prácticamente desde cero. ¿Cómo lo hizo?
Como había esta influencia del castellano, del inglés, de la escuela sudamericana... él se plantea: ¿qué tenemos que decir? ¿Tenemos que decir saque de esquina en castellano? ¿sacada de cantonada? ¿Tenemos que decir córner, que viene del inglés? ¿Tenemos que hacer una traducción? Con el fuera de juego pasa lo mismo. ¿Tenemos que decir 'outside', como el inglés? En la gradería la gente decía "orsai" y él, al principio, adopta "orsai". ¿Qué tenemos que decir, entrenador? ¿Mister? Él encuentra una serie de problemas lingüísticos, es doctor en lingüística, que va resolviendo, primero haciendo la traducción y después adaptándolos al catalán. Hay un caso muy significativo. El Barça acaba de fichar a Gabriel Jesus. El otro día en una emisora en catalán decían Jesús (en castellano). Este chico es brasileño, y en catalán tenemos Jesús. Lo que no podemos hacer es decir Jesús en castellano. Él, por ejemplo, con los nombres de los futbolistas, los campos y los lugares, fue muy cuidadoso en crear un patrón. Todo esto hoy forma parte de lo que podríamos llamar una terminología.
¿Prefería utilizar antes una palabra inglesa que castellana?
No hay un criterio que diga que siempre debe pesar más el inglés que el castellano. Hay sobre todo la idea de recopilar aquello que se dice en la calle y en la grada. Él es muy consciente del público que le está siguiendo, de la audiencia que tiene, y la audiencia en aquel momento acababa de salir de la época franquista. Puyal contribuye claramente a la normalización y, por lo tanto, de alguna manera está haciendo país. Y es que a la hora de hacer periodismo también hacemos didáctica. Cuando el Barça ficha a Cruyff, ficha a Croiff. Cuando pronuncias correctamente el nombre de un futbolista o de un entrenador, también estás enseñando.
Puyal era y se declaraba abiertamente barcelonista; ni se escondía ni quería, al contrario. ¿Cómo conseguía combinar esta "honrada subjetividad" de la que él hablaba con el rigor periodístico?
Una cosa es que quieras transmitir la idea de que quieres que gane el Barça y otra es decir que una falta que se ha producido fuera del área es penalti. Si es fuera del área, no es penalti. Que digas que no es penalti no significa que no quieras que gane el Barça. Simplemente, es fuera del área. El periodismo también ha evolucionado. Había una época en que los periodistas no decían de qué equipo eran. Estaba mal visto. Hoy, en cambio, casi hay una competición para ver quién demuestra que es más de un equipo. Que cada uno sea de quien quiera y que lo diga si quiere. Pero, si es fuera del área, no es penalti. La cuestión es ser honesto.
¿Hasta qué punto Puyal entendió que el oyente no solo quería saber qué pasaba en el campo, sino sentir que formaba parte de una comunidad?
Tenemos que volver otra vez a los orígenes. Inicialmente, las radios hacían sobre todo los partidos en campo contrario porque se entendía que, si el Barça jugaba en Barcelona, la gente podía ir al campo. Pero si jugaba fuera, la única manera de saber qué pasaba era escuchar la radio. Cuando Puyal transmite los partidos del Barça, se convierte, en cierto modo, en los ojos del aficionado. Y por eso lo tiene que explicar todo. No solo qué pasa dentro del rectángulo de juego: en qué ciudad estamos, cómo es el campo, cómo se comporta la afición, qué dice el público… Si explicas todo esto, el dibujo de la realidad es mucho más completo que si te limitas a decir quién pasa la pelota a quién. Como solo lo estás escuchando, necesitas muchas referencias. Después aparece la televisión y mucha gente empieza a escuchar la radio simultáneamente mientras ve el partido. Y Puyal adapta también la transmisión a esta nueva realidad. Ya no hace falta explicar tanto determinadas cosas porque el oyente también las ve. Pero hay un fenómeno muy curioso: mucha gente va al campo y lleva la radio. Ve el partido y, además, quiere que se lo expliquen. Yo lo comparo con los niños cuando van a dormir y piden a los padres que les expliquen un cuento. A veces es el mismo cuento. Se lo saben de memoria, pero quieren que se lo expliques otra vez. Y si te equivocas y dices que había dos cerditos en lugar de tres, te corrigen. Si ya sabes el cuento, ¿por qué quieres que te lo explique? Porque necesitamos que nos expliquen aquello que vemos.
Cuando recordamos a Puyal, pensamos inevitablemente en frases como "Urruti, t'estimo" o "Pizzi, sos macanudo". ¿Corremos el riesgo de reducir una obra mucho más compleja a cuatro frases míticas?
Sí, estoy muy de acuerdo. Si simplificamos cincuenta años —o cuarenta y dos en catalán, porque al principio hizo algunos en castellano en Ràdio Barcelona— en cinco expresiones que forman parte de la memoria colectiva, estamos reduciendo mucho su obra. Las transmisiones son minuto a minuto, palabra a palabra. Es como leer un libro y quedarte solo con el título. Es reduccionista quedarnos con el "Urruti, t’estimo". Puyal ha hecho tantas cosas que reducir su trayectoria a eso es injusto para su figura. Es como reducir la trayectoria deportiva de Luis Moya al "trata de arrancarlo, Carlos". No puede ser. Este señor ha ganado el Mundial de rallies no sé cuántas veces. Hay mucho más detrás.
Si simplificamos 50 años en cinco expresiones que forman parte de la memoria colectiva estamos reduciendo su obra y es injusto para su figura
Puyal creó esta escuela catalana de hacer fútbol en catalán en la radio. Para muchos es 'el maestro'. ¿Qué queda hoy del estilo Puyal en la transmisión de Ricard Torquemada, las narraciones de Joan Maria Pou, Bernat Soler, u otros profesionales que han venido después?
Todos lo hacen muy bien. La escuela catalana es muy potente. Incluso hay profesionales catalanes que transmiten en castellano y lo hacen muy bien. Es un poco como un modelo futbolístico: va subiendo gente de la Masia, todos tienen una determinada manera de jugar y los reconoces, pero cada uno tiene su estilo y su época. Cuando Puyal hizo el último partido, en 2018, las cosas ya eran diferentes de como son ahora. Por lo tanto, cuando escuchamos a los compañeros que hacen hoy partidos en la radio o en la televisión en catalán, podemos reconocer algo de esta escuela, de esta corriente del puyalismo, pero cada uno tiene su estilo. Y me parece bien que cada uno tenga su marca.
Puyal también fue pionero a la hora de incorporar mujeres a las retransmisiones de fútbol en un mundo fuertemente masculinizado…
De las doce personas que acompañaron a Puyal con el micrófono autónomo, cinco son mujeres. No llegamos a la paridad, pero casi: Isabel Bosch, Pilar Calvo, Ruth Vilar, Sandra Sarmiento y Marta Carreras. Y después hay muchas más compañeras que trabajaron en la redacción, con micrófono, en la producción... Podríamos hacer una lista bastante amplia. Si nos quedamos solo con las mujeres que acompañaron a Puyal en los campos, vemos también cómo ha evolucionado la sociedad. Todavía estamos lejos de todo lo que sería necesario, pero ha evolucionado. Hay que imaginar qué representaba que una mujer apareciera con un micrófono en un campo de fútbol, un espacio tan masculinizado como era —y en cierta manera todavía es— el fútbol. Pienso, por ejemplo, en países donde, cuando íbamos con Pilar Calvo, la gente se la miraba preguntándose qué hacía una mujer. O en lugares donde no la dejaban entrar en determinados espacios del campo. Pilar explica casos de palcos donde estaba prohibido el acceso a las mujeres, o el problema tan elemental de encontrar un lavabo para mujeres. Puyal, incorporando mujeres, fue sensible a una realidad e incluso precursor, innovador y atrevido.
Existía aquel estigma según el cual la mujer no entendía de fútbol o no sabía de fútbol. Puyal rompe con este estigma que hemos tenido las mujeres periodistas deportivas.
También pasaba con los mismos deportistas. Hace treinta o cuarenta años, cuando un futbolista salía del campo y tenía que decidir entre conceder una entrevista a un periodista hombre o a una periodista mujer, muchas veces elegía al hombre, porque no consideraba que la mujer periodista era la indicada. Hoy creo que, afortunadamente, esto ya no pasa.
¿Crees que Puyal era consciente de que, a través de la lengua y del periodismo, también estaba contribuyendo a construir país?
Hablar en nombre de Puyal y decir lo que piensa no me corresponde, porque no lo sé. Yo he estudiado su obra. He tenido la suerte de escucharlo primero como un oyente anónimo, después de ser compañero suyo en la radio y, finalmente, me he atrevido a dedicar muchas horas a estudiarlo para hacer una tesis doctoral y después un libro. Todo esto me hace pensar —pero esta es mi opinión, no la suya— que él estaba a favor de construir un país.
A través de la lengua...
Y a través del periodismo. El tipo de periodismo que hace Puyal es un periodismo a favor de un país. Hay una anécdota que explico en el libro. En un partido del Barça en Israel, Catalunya Ràdio no tenía las líneas microfónicas necesarias para hacer la transmisión. Joan Gelabert, el técnico, explica que Puyal se dirigió al operario que había en el campo y le dijo que, si no les daba una línea telefónica, la gente de nuestro país que esperaba oír la transmisión en nuestra lengua no podría hacerlo. Esto ya demuestra cuál era su desasosiego.
Desde 2018, Puyal prácticamente ha desaparecido del espacio público. ¿Es coherente esta decisión con la persona que tú conociste?
Puyal estuvo expuesto durante cincuenta años. Su presencia mediática fue impresionante, tanto en la radio como en la televisión. En 2018 decide alejarse de la esfera mediática y pública y pasar a una esfera privada. Todo lo que tenía que decir lo podemos encontrar. Hay discursos suyos que se estudian en la universidad y que son objeto de estudios de retórica por parte de especialistas. Podemos escuchar los discursos de los dos doctorados honoris causa, el del Català de l’Any, la Medalla d’Or de Barcelona, el Premi Ofici de Periodista… Ha hecho discursos muy potentes. Yo recomiendo seis. Y también ha concedido muchas entrevistas. Por lo tanto, me parece coherente que diga: "Ya no tengo nada más que decir. Ahora quiero ser una persona que se dedica a otras cosas".
Hay compañeros jóvenes en la redacción que casi no llegaron a escucharlo y que me preguntan: "¿Pero Puyal no saldrá ahora, por el quincuagésimo aniversario? ¿No dirá nada?". Les cuesta entenderlo porque vivimos en un mundo en el que todo el mundo se expone cada día y cada minuto a través de las redes sociales.
Él ha tomado una decisión muy respetable y muy coherente. Por lo poco que lo conozco, me cuadra absolutamente con su manera de ser. Es una lástima que la gente joven pueda perder un poco a este Puyal si no preservamos su recuerdo. Precisamente, uno de los objetivos de este libro es cubrir un poco este vacío y recordar la figura y la obra de Puyal. Si eres pintor, tienes que estudiar a Picasso. Si haces arquitectura, tienes que estudiar a Gaudí. Si eres periodista, tienes que estudiar a Puyal.
En el libro proponéis que la futura tribuna de prensa del Spotify Camp Nou lleve el nombre de Joaquim Maria Puyal. ¿Es una manera de perpetuar su recuerdo, su legado?
La idea es que la nueva tribuna de prensa del campo del Barça se llame Tribuna Puyal. Es una manera de recordar y tener presente su maestría. Me atrevería a decir que Puyal es un periodista de todos. No lo tiene que capitalizar solo una emisora o una cadena. Es de todos. Por lo tanto, si el Barça decide aceptar esta propuesta y ponerle el nombre de Puyal, creo que será un acto de reconocimiento transversal. No habrá periodistas que digan que es de una cadena o de otra.
En el libro proponemos que la futura tribuna de prensa del Spotify Camp Nou lleve su nombre, porque Puyal es de todos. Sería un acto de reconocimiento transversal
Incluso en un mundo como el del Barça, tan marcado por etiquetas como el nuñismo, el rosellismo o el laportismo, Puyal es una figura de todos. No lo identificas con un presidente más que con otro.
Es una propuesta que hacemos públicamente y que hemos dejado escrita en el libro. Cuando la comentamos con compañeros, encontramos mucha receptividad.
¿Han recibido alguna respuesta del Barça sobre esta propuesta?
El Barça ya dirá lo que tenga que decir cuando lo considere y hará lo que tenga que hacer. Es solo una propuesta. La decisión no está en nuestras manos.
¿Puyal ha participado de alguna manera en El factor Puyal?
Le di el libro hace un par de días y se iba de viaje. Este libro es fruto de la tesis doctoral. Cuando estaba trabajando en aquella investigación, le pedí material y hablé con él. Por lo tanto, en la tesis me ayudó mucho y le estoy muy agradecido porque me proporcionó material para poder hacer el trabajo. Cuando terminé la tesis, lo que hice fue convertirla en un libro. Este libro es fruto de aquel trabajo académico.
¿Hay algún Puyal que el público no conozca y que rompa con la imagen que tenemos de él desde fuera?
Todos tenemos una imagen de las personas que no es necesariamente la misma. Si tú y yo vamos a ver la Sagrada Familia, cada uno la verá a su manera, pero de la Sagrada Familia solo hay una. La percepción que tienes tú no será exactamente la misma que la mía. Y aún será diferente si quien la mira es un pintor o un arquitecto, porque verán cosas diferentes. Con las personas pasa lo mismo. Cada uno ve al otro a su manera. Puyal ha proyectado públicamente una imagen profesional. Después, lógicamente, hay una personalidad. Hay un señor normal y corriente que hace las cosas que hacen las personas normales y corrientes.
Después de haber escrito El factor Puyal, si ahora pudieras sentarte delante de él como periodista y no como antiguo compañero, ¿qué pregunta querrías hacerle en esta "entrevista imposible"?
Aquí tengo un condicionante: sé que no me dará una entrevista. Ni a mí ni a nadie. Esa es la realidad. Si me la diera, habría tantas preguntas que no sé si acabaríamos. Sobre todo le preguntaría por cosas de actualidad. De lo que pensaba cuando estaba delante de un micrófono, ya sabemos muchas cosas. Pero no sabemos qué piensa de lo que está pasando ahora en el mundo, y eso sería interesante. Muchas veces escuchábamos a Puyal para saber qué hacía el Barça. Y saber qué hace el Barça no significa solo saber cuál es el marcador. Significa saber cómo respira, cómo funciona. Él lo explicaba muy bien. Sus introducciones eran modélicas porque captaba el estado de opinión del club. Para saber qué hacía el Barça, tenías que escuchar a Puyal. Y a menudo hacía referencias a cuestiones que no eran específicamente deportivas: culturales, sociales, económicas... Yo ahora le preguntaría por cosas de estas, porque no sabemos qué opina.
Nos quedaremos con las ganas.