La palabra hospital proviene del latín hospitalis, que, a su vez, es un derivado de hospes, que significa "huésped". Esta curiosa etimología se debe a que, originariamente, los hospitales, que se extienden por diferentes puntos del sur de Europa a partir del siglo catorce, no se dedicaban a curar enfermos, sino que eran lugares de acogida de pobres y peregrinos.
Estos hospitales, sobre todo eclesiásticos, pero no solo, surgieron, como las universidades, con las ciudades. Eran lugares de caridad, pero, a su vez, cumplían un papel de ostentación del poder, y de preservación del orden público y la paz social. Alimentando mínimamente a los pobres, se querían evitar revueltas de los que menos tenían.
Claro, mal alimentados y sufriendo las inclemencias del tiempo, a menudo los pobres estaban también enfermos. La primera asistencia a estos pobres-enfermos la hacían mujeres, sobre todo monjas, utilizando su conocimiento de las hierbas curativas que ellas mismas cultivaban en los jardines de estos hospitales. A menudo, sin embargo, reclamaban la presencia de un médico para atender a los cada vez más pobres-enfermos.
Los hospitales, de una institución de asistencia social pasaron a ser un espacio de asistencia médica de personas con pocos recursos
Los hospitales tuvieron primero un médico fijo, después dos, y así, poco a poco, con el paso de los siglos, el hospital se fue medicalizando. De ser una institución eminentemente de asistencia social pasó a ser un espacio de asistencia médica de aquellas personas con pocos recursos. Los ricos recibieron al médico en casa muy bien hasta finales del siglo diecinueve.
Algunos hospitales estaban especializados en una enfermedad concreta, la más conocida, la lepra. Una vez diagnosticados, los leprosos tenían que soportar un gran estigma social, a menudo eran desposeídos de todas sus pertenencias y eran encerrados en espacios ligados a las capillas de San Lázaro, donde podían hacer poco más que pedir limosna para su hospital.
Por toda Catalunya todavía podemos ver el legado arquitectónico de estos hospitales medievales. Por ejemplo, en la plaza del Pedró Raval de Barcelona encontramos una pequeña capilla románica dedicada a Sant Llàtzer que formaba parte del hospital de los leprosos de esta ciudad. De esta plaza sale la calle Hospital, que recibe su nombre del Hospital de la Santa Creu, el principal hospital de la ciudad durante más de quinientos años, desde inicios del siglo quince hasta el veinte, cuyo edificio hoy reconvertido en Biblioteca de Catalunya. Lo mismo ocurre en Girona, donde el antiguo Hospital de Santa Caterina atesora una farmacia hospitalaria del siglo dieciocho. O en Tarragona y Lleida, donde los edificios de los hospitales medievales de Sant Pau y Santa Tecla del siglo doce y de Santa Maria del siglo quince, acogen el Consell Comarcal del Tarragonès y el Institut d'Estudis Ilerdencs, respectivamente.
Dr. Miquel CarandellBaruzzi,historiador de la ciencia