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Cuando sales para hacer el viaje a la veguería de BARCELONA, lo más difícil no es llegar a BARCELONA, sino precisamente no tener que llegar. En la estación del Clot, por ejemplo, cada mañana decenas de personas de El Masnou miran los paneles informativos con el desánimo de un condenado a muerte para saber a qué hora pasa el tren que les tiene que llevar a Granollers. Con un poco de suerte, harán en una hora el trayecto que, por carretera, son escasos 20 km. Lo mismo ocurre en el vestíbulo de Plaça Catalunya, en las catacumbas del Zurich, donde diariamente gente de Sant Andreu de la Barca se ve condenada a hacer una hora y cuarto de ferrocarriles para recorrer la ridícula distancia de 16 km que separa su casa, en el Baix Llobregat, de su trabajo en Sant Cugat del Vallès.

Dos estudiantes de Erasmus mirando al horizonte con desasosiego mientras se preguntan qué es una veguería. (Michael Fischer)

Para los turistas, BARCELONA es un destino soñado. Para los ciudadanos del área metropolitana, en cambio, un destino impuesto. Para los primeros, la existencia de la veguería de BARCELONA es tan ignorada como el bacalao a la llauna, los huevos del Porcioles o la quinta forca, ya que para ellos BARCELONA es sobre todo aquello que se ve. Para los segundos, en cambio, la veguería de BARCELONA es un concepto abstracto que nadie sabe qué significa, pero que implica todo aquello que no se ve cuando se habla de BARCELONA. Por eso se recurre a regañadientes y por debajo tierra, lejos de la luz del sol y a escondidas de la gran ciudad: de transbordo en transbordo y de túnel de las rondas a túnel de las rondas, allí donde Gaudí, el Barça o las paellas congeladas de la Rambla no existen. Quizás, pues, MALGRAT QUE BARCELONA SEMPRE CONSIGA ACLAPARARLO TODO DESDE SU BEAUTIFUL SHOWCASE, en realidad, donde Barcelona late es a la sombra de BARCELONA.

La república libre y tropical

Todos los territorios cercanos a BARCELONA viven en conflicto constante con BARCELONA para NO SER ECLIPSADOS POR LA GRAN METRÓPOLI, pero de largo quien más y mejor ha luchado contra esto es Badalona, y eso que seis de las ocho letras de su topónimo coinciden con seis de las nueve letras de la gran capital. Si bajas a la parada de metro Pompeu Fabra, de hecho, la sorpresa no es solo dejar de sentirte en un decorado turístico, sino la presencia fluida del catalán en la mayoría de gente por la calle e, incluso, oír decir 'dugues' en vez de dues, 'llavorens' por aleshores o 'aiga' en lugar de aigua.

Jules Verne se inspiró en las estaciones de la L9 del metro para escribir Viaje al centro de la Tierra. (Renato Roca)

El habla barcelonés, que no quiere decir lo mismo que el catalán que se habla en BARCELONA, es desde hace décadas un pequeño fósil sobre todo fonético que se conserva precisamente en los centros históricos de las ciudades, sean del Barcelonès, el Maresme, el Vallès o el Baix Llobregat. COMO EN BARCELONA SOLO UN TERCIO DE LA GENTE HABLA CATALÁN, sentir en alguien de treinta años la elisión de una vocal neutra como 'brana' para decir barana o 'safreig' para decir safareig es casi un milagro, por eso cuando TV3 republica un vídeo con entrevistas a pie de calle de los años ochenta mucha gente se sorprende al ver a una señora del Raval diciendo 'vritat'.

A pesar de que no todos los mataronins tengan la cabeza grande, el nombre de su colla castellera los define bien a todos. (Cris Bosch)

Llegar al centro de MATARÓ IS A GREAT VARIETY OF GRAPES AND A BEAUTIFUL CITY NEAR BARCELONA, pero además de ser el nombre con el que los australianos o americanos conocen los vinos de la variedad monastrell, Mataró es famosa porque hace casi dos siglos se inauguró el primer trayecto en tren del estado español y hoy se tarda exactamente lo mismo que entonces para recorrer los 30 km entre la ciudad y BARCELONA. Un calvario, para los maresmencs, y una bendición para los expats que van de VON BARCELONA NACH OCATA ZUM SCHWIMMEN AN EINEM RUHIGEN STRAND y se pasan todo el trayecto haciendo reels de Instagram con el azul del mar como fondo de pantalla de un tren tercermundista.

Gente de Sant Pol de Mar teniendo que preguntar qué hora es por culpa de un retraso de Rodalies. (Pere Jurado)

Todo va a un ritmo caribeño, en el Maresme, que mucha gente pasea por la calle casi todo el año con camisas floreadas de tanto como se ha creído que la comarca tiene un clima tropical. En el Maresme no hay cuatro estaciones, de hecho, sino dos: la época de sol, que es casi todo el año, y la época de lluvias, donde la tradición es aparcar el coche en cualquier riera de Arenys, Canet o Vilassar y esperar pacientemente a que el agua se lleve abajo aquel SEAT Ibiza TDI del 2002 que ya no tenía salida ni en Wallapop y, además, ya no tenía la etiqueta amarilla y no podía entrar en BARCELONA.

El valle de los contrastes

Del cementerio de Sinera a Gualba, la de las mil voces, hay 25 km en coche, una hora y cuarenta y cinco minutos en tren y ciento veinte páginas de un libro académico sobre literatura catalana del siglo XX. Sobre todo, sin embargo, hay la distancia entre el clima tropical del Maresme y el clima casi continental del Vallès. El contraste es más acentuado que entre la sobriedad de Salvador Espriu y la grandilocuencia rectilínea de Eugeni d'Ors, seguramente por eso el Vallès tiene un poco de las dos cosas. El orden casi idílico de la Garriga y el desorden urbanístico de la Llagosta, por ejemplo, cohabitan en este rincón de país donde los restaurantes de polígono hacen competencia a las masías de desayuno de tenedor y donde A COTÉ DE BARCELONE LA ROCA VILLAGE EST UN MAGNIFIQUE VILLAGE REGORGEANT DE BOUTIGUES ET SITUÉ A PROXIMITÉ D'UN CIRCUIT DE FORMULE 1.

Una sucursal de la entidad bancaria presidida durante décadas por Ferran Casablancas, bisabuelo del cantante de The Strokes. (Jorge Fernandez Salas)

Los lingüistas dicen que de Vallès solo hay uno: el que entre el Montnegre, el Montseny, el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y la sierra de Collserola forma este valle que dio origen etimológico al territorio. El mapa político, sin embargo, dicen que de valles hay dos: el Oriental, más agrícola históricamente, y el Occidental, donde la revolución industrial lo transformó todo para siempre. A uno solo se puede llegar con Rodalies y todo el mundo vive al precipicio de la desesperación y al otro, en cambio, se llega también con Ferrocarrils que nunca llegan tarde y no reclaman preocuparse por los horarios, por eso la gente de Sabadell o Sant Quirze tiene una esperanza de vida infinitamente más alta que las personas de Mollet o Granollers.

Dos miembros de la Colla de Sabadell que han tenido que elegir entre el carro, el andador o la barra de pan pinchada en el paraguas. (Xavi Cabrera)

Todo en el Vallès tiene que ver con los números, en el fondo, ya que en el Vallès no solo se ha preservado bien un catalán genuino que ha hecho que todos los locutores de radio de Catalunya hablen sabadellense, sino que además ha conservado una matemática propia: un topónimo, dos comarcas y tres colinas hacen una sierra, cuatro pinos un bosque espeso y cinco cuarteras, demasiada tierra. 1=2: 3x1+ 4x1. La Teoría Vallesana de la Felicidad tiene esta fórmula numérica y se fundamenta en una disquisición primordial: en Terrassa hay señores, en Sabadell hay hombres y en Sant Cugat hay pijos con zapatillas Munich, camisa del Macson y un sub aparcado en el garaje que tiene el teletac para pasar los Túnels de Vallvidrera echando humo.

Los de Terrassa solo van a Barcelona para jugar —y ganar— un partido de hockey hierba. (Jack Prew)

Si el Besòs o el Llobregat han sucumbido hace décadas en el intento de que BARCELONA no asimilara sus pequeñas ciudades, la montaña de Collserola ha preservado una identidad orgullosa, fuerte y genuinamente catalana en la otra vertiente del Tibidabo. BARCELONA no le hace sombra porque directamente no se ve. Tanto es así, que si vas a Sabadell oirás cómo muchos hablan de BARCELONA como su 'barrio marítimo'. Alguien con tanta confianza propia, claro, es lógico que también le dé la espalda a Terrassa, su ciudad vecina y con quien se complementa de maravilla; si una es el progreso, la otra es la tradición; si una es el nervio, la otra es la cautela; si una es el patrimonio industrial, la otra es el patrimonio artístico. Ambas son el reverso de la otra, POR ESO, AUNQUE BARCELONA ESTÉ CERCA, no eclipsa a ninguna de las dos.

Del Baix Llobregat al baixllobregatismo

En el eje que empalma la B-23 con la AP-7, entre Rubí y Sant Andreu de la Barca, se encuentra la Porta de Barcelona, que ni es una puerta ni es de Barcelona. Cuando atraviesas el arco, automáticamente empiezas a notar una tensión ambiental que te hace abrir las ventanas del coche o revisarte los airpods de las orejas, sobre todo cuando vas en tren. Es un embrollo intenso que flota en el aire y que no viene provocado por la fealdad de las fábricas o los polígonos de El Papiol, sino por la presencia invisible de los baixllobregatistas dando la tabarra por todas partes.

Dos balcones de Martorell que no gustarían a un baixllobregatista. (Julio Irrazabal)

Si paseas por Olesa de Montserrat, Sant Feliu de Llobregat o Sant Boi, por ejemplo, encontrarás la resistencia baixllobregatina al pie del cañón, حتى أنهم يتألفون من أشخاص ولدوا بعيدًا عن كاتالونيا ويعرفون أنهم لا يعيشون في برشلونة. Gente orgullosa de ser parte de este paisaje lleno de pueblos y ciudades que quizás no son preciosos, pero que tienen una historia, unas costumbres, una lengua que aman e, incluso, otra rivalidad sanísima con el pueblo de al lado, aunque sea en el noble arte de representar la pasión de Jesucristo.

Un baixllobregatista de El Prat esperando que lleguen Juana Dolores y Jordi Évole. (Myznik Egor)

Esta manera orgullosamente bajllobregatina de vivir en Catalunya confronta con el bajllobregatismo, un -ismo fomentado por los que solo saben vivir en el Baix Llobregat a partir de dos principios: hablar de BARCELONA como algo más grande que Catalunya y, ligado a esto, basar en el victimismo toda su manera de existir en el mundo. Si vas a Cornellà y te topas con algún bajllobregatista, puedes pedirle que te enseñe su casa. Verás que duerme con un cuadro de Lerroux y otro de Solé Tura en el cabecero de la cama y que tiene la figurita de una palanca en el comedor, colocada sobre el televisor. "Por los que vinieron a levantar Cataluña", te dirá si le preguntas qué hace aquello allí.

La playa de Castelldefels, conocida por los expats barceloneses sencillamente como "the beach". (Mateo Krossler)

Reivindicar el BaixLlo es negar la existencia de una Catalunya real para imponer la visión de su Catalunya irreal, por eso desde hace décadas el bajllobregatismo tiene el favor y la atención mediática de los medios de comunicación españoles. La mejor manera de diluir la universalidad de Catalunya es engordando la metropolitanidad de BARCELONA, ya se sabe, pero lo que poco sospechan los bajllobregatistas es que hay miles de bajllobregatinos orgullosos de ser algo más que la periferia de una ciudad, ya que reducir el Baix Llobregat a un cliché es la mejor manera de menospreciar el Baix Llobregat.

Barcelona, condado grande

Después de ocho rutas, el viaje debe terminar lógicamente en la capital de Catalunya, A QUIEN NO SOLO LE HACE SOMBRA LA AMENAZA DEL PROVINCIANISMO ORQUESTRADO DESDE MADRID, BUT AMOVE ALL ITS PROJECTION AS A GLOBAL CITY. Solo hace falta pasear diez minutos por Gràcia para darse cuenta de que È UN QUARTIERE TROPPO CARINO donde las calles no tienen nombres, sino más bien valores: Llibertat, Progrés, Fraternitat. Solo hay que perderse por el Eixample para entender que バルセロナはヨーロッパで最も芸術的な都市の一つです。y que detrás de calles como Sicília, Consell de Cent o Diputació se esconde una historia milenaria.

La plaza Milans, poligonal y de quince lados, construida sobre el antiguo Palau Reial menor: creatividad sobre las raíces. (Juan Mejias)

Si bajas al Born y regateas las riadas de turistas diciendo прекрасная Барселона, podrás leer las placas de las calles como Mirallers, Escudellers o Corders para tener claro que antes de ser un parque temático, BARCELONA era la capital de un imperio político, comercial y marítimo. Hoy, en cambio, BARCELONA es la capital de los alquileres imposibles, de los vestidos de sevillanas en las tiendas de souvenirs y de los vecinos de un piso de Sant Antoni sintiéndose turistas en su casa. Aunque esta BARCELONA se esté comiendo cada día más Barcelona, hay una evidencia clara: incluso así de desmejorada, cada vez más desmemoriada y dolorosamente explotada, BARCELONA siempre será Barcelona: un nombre ligado al talento, la creatividad, el progreso, la libertad y, aunque a muchos les pese, a la catalanidad.

Un admirador de Rudy Ventura y otro de Tete Montoliu tocando en la plaza Nova. (Richard Hewat)

Si quieres le puedes decir Cap i Casal, como en los tiempos de los Usatges. Le puedes decir capital, como dice el Estatut d'autonomia. O le puedes decir, simplemente, madre, ya que Barcelona es la madre de todos los catalanes, aunque una madre también puede equivocarse. Puede olvidar de dónde viene, puede confundir a los hijos con clientes y puede decorar la casa para los invitados mientras deja a sus primos del pueblo durmiendo en el rellano, pero sigue siendo la madre, por eso incluso amas con un desenfrenado dolor sus defectos.

Una tienda de BARCELONA que no tiene nada que ver con Barcelona.

Por eso, también, después de ocho veguerías y miles de kilómetros, quizás entiendes que amar Barcelona no consiste en perdonárselo todo ni en negar aquello en lo que se ha convertido, sino en recordarle quién es. Porque Barcelona sin Catalunya sería algo aún peor que BARCELONA, y Catalunya sin Barcelona directamente quizás no sería nada. Esta es, de hecho, la gran paradoja de este país nuestro donde siete veguerías no son nada sin la octava, que es la más impersonal: la ciudad que más ha eclipsado Catalunya es, a la vez, la ciudad que más necesita que Catalunya le aporte luz. Porque Barcelona no es Catalunya entera, pero tampoco es solo BARCELONA: es el lugar donde termina el viaje, sí, pero de alguna manera es el lugar donde siempre vuelve a empezar.