Muchos artistas se han sentido atraídos por la armonía, simplicidad y a la vez misterio de la molécula que contiene la información genética de los seres vivos, el ADN. Dalí, por ejemplo, pintó diversos cuadros usando como inspiración la geometría imaginaria del ADN, como una onírica escalera de Jacob por donde los ángeles subían y bajaban, junto con una imagen de su musa Gala.
Pero es que Dalí era amante de la ciencia y tenía cerca de 50 años cuando se publicó la propuesta de la estructura del ADN según Watson y Crick, y vio la famosa foto 51 publicada por Rosalind Franklin. No es de extrañar que el gran pintor del surrealismo se sintiera fascinado por el poder del símbolo de la información más íntima de la vida.
¿Y Gaudí?
Este año celebramos los 100 años de la muerte accidental de Antoni Gaudí. En el Any Gaudí, nos podemos preguntar qué habría pasado si el gran artista, que se inspiraba en las formas geométricas funcionales de la naturaleza, hubiera visto el sencillo, pero sugerente dibujo propuesto por James Watson y Francis Crick en el conocido artículo que les hizo ganar el Premio Nobel.
Es un ejercicio hipotético porque en el año 1953, en caso de vivir, Gaudí habría sido ya centenario. Sin embargo, sin saber que existía esta molécula vital, la usa en diferentes elementos y motivos arquitectónicos, y en geometrías y volúmenes que nos recuerdan la doble hélice del ADN. Algunas de sus salas parecen bosques llenos de árboles, con columnas altas y esbeltas, que presentan un doble giro helicoidal que, a mi ojo de genetista, parecen muy bien moléculas estiradas de ADN.
Si alguna vez han ido por los alrededores de Pobla de Lillet, igual han visto por fuera el Xalet del Catllaràs, un edificio inédito que sobresale prístino en medio del bosque, rodeado de árboles, níscalos y vacas y que, según Galdric Santana, director de la Cátedra Gaudí de la UPC, casi seguro que fue diseñado y construido por Gaudí, aunque no se ha encontrado documentación fehaciente escrita.
De hecho, en la Pobla de Lillet ya hay otro elemento gaudiniano, los Jardines Artigas, una fantasía en piedra, que también merece una visita. El chalet del cual hago mención específica fue construido para hospedar a unos 150 trabajadores (técnicos e ingenieros ingleses) de una mina de carbón explotada por la fábrica de cemento portland Asand, propiedad de Eusebi Güell, el principal mecenas de Gaudí.
Imágenes de las cuales he deformado la escala para mayor similitud: en medio, el dibujo con la propuesta de estructura del ADN publicada en el famoso artículo de Watson y Crick, en abril de 1953, en medio, y a ambos lados, dos obras de Gaudí, un ensayo de columna de doble giro helicoidal diseñada (Jordi Faulí i Oller, discurso, foto de la Fundació Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família) y foto de la escalera exterior del Xalet del Catllaràs, en la Pobla de Lillet.
El edificio tiene una forma singular, porque visto de lado es un polígono funicular invertido, una de las formas geométricas que más interesaba a Gaudí para distribuir bien las fuerzas de las paredes curvas con varias plantas interiores sin necesidad de contrafuertes. Pues bien, el elemento más sorprendente del exterior son las dos escaleras encerradas, que no llevan al mismo piso y que, a mí, me recuerdan también una doble hélice. En lugar de la escalera celestial de Jacob daliniana, pueden disfrutar in situ de unas escaleras terrenales gaudinianas. ¡Vale la pena visitarlas!
