En el accidente ferroviario de alta velocidad de Adamuz (Córdoba), veinte segundos fueron clave. Este es el tiempo que transcurrió entre el descarrilamiento del tren Iryo y el choque frontal con el Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario, un intervalo tan corto que hizo imposible la activación efectiva de los sistemas automáticos de seguridad y condenó a una tragedia que ya ha dejado, como mínimo, 39 personas muertas —y se espera que el escalofriante recuento pueda aún aumentar por las decenas de heridos graves hospitalizados y por la recuperación de nuevas víctimas entre la chatarra de los dos trenes. Según ha explicado el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, el siniestro se produjo en un tramo recto de la línea de alta velocidad Madrid–Sevilla, limitado a 250 kilómetros por hora, donde los dos convoyes circulaban a velocidades por debajo del máximo permitido: el Iryo a unos 210 km/h y el Alvia cerca de los 205 km/h. “No era un problema de exceso de velocidad ni de un error humano evidente”, ha explicado en varias entrevistas, advirtiendo de que se trata de un accidente “en circunstancias extrañas” y que habrá que esperar días para tener conclusiones sólidas.

El Iryo implicado en el accidente era el tren de alta velocidad 6189, un ETR 1000 Frecciarossa 1000 fabricado por Hitachi en Italia, una unidad de 500 toneladas construida en 2022, con capacidad para más de 450 pasajeros. En el momento del siniestro viajaba con 289 pasajeros, cuatro tripulantes y el maquinista. Había pasado su última revisión el 15 de enero en los talleres de Santa Catalina, en Madrid, donde Hitachi dispone de instalaciones. Iryo, operadora controlada mayoritariamente por el Estado italiano a través de Ferrovie dello Stato, es hoy el segundo operador del mercado de alta velocidad en el Estado español, por delante del AVE de Renfe.

Veinte segundos, imposible detener el tren

Por causas que aún se investigan, el Frecciarossa descarriló en este tramo renovado en mayo de 2025 por Adif, y varios vagones invadieron la vía contraria. Veinte segundos después, el Alvia de Renfe —un tren Talgo de larga distancia de alta velocidad— chocó violentamente con el tren, sin margen material para que el maquinista pudiera reaccionar ni para que actuaran los sistemas automáticos de protección. El conductor del Alvia ha muerto en este accidente, siendo el primero que impactó contra el tren Iryo accidentado segundos antes. La línea está equipada con el sistema de seguridad y señalización LZB, diseñado para evitar errores humanos y ordenar el freno de emergencia cuando detecta un obstáculo en la vía. Pero, tal como ha detallado Fernández Heredia, el decalaje de solo 20 segundos entre el descarrilamiento y el cruce de los dos trenes hizo imposible que el mecanismo pudiera actuar con eficacia. “Cuando un obstáculo entra en la vía, el sistema bloquea el tren y ordena el frenado de emergencia, pero en este caso el tiempo fue insuficiente”, ha explicado.

El impacto fue devastador. Los dos primeros coches del Alvia quedaron absolutamente desintegrados, lo que dificulta enormemente las tareas de rescate y recuperación de víctimas. Todas las personas con vida han sido evacuadas, pero es muy difícil saber si todavía quedan cuerpos atrapados entre la chatarra, hecho que, según todas las previsiones realizadas hasta ahora, puede aumentar el número de víctimas mortales. Se desconoce cuánta gente viajaba en los coches de inicio del tren Alvia. Los trabajos en el lugar del siniestro continúan con grúas de gran tonelaje para retirar los vagones, mientras técnicos de Renfe, Adif e Iryo colaboran con la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), el organismo independiente que deberá determinar las causas técnicas de la tragedia. En paralelo, el juzgado de Montoro dirige la investigación judicial, que ha asumido la Guardia Civil, desplegando agentes especializados en identificación de personas y también en investigación de siniestros ferroviarios en el lugar.

Un accidente "extraño" para todo el mundo

El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha calificado el accidente “de extraño y difícil de explicar”, en unas declaraciones, las primeras de madrugada, que han sido desconcertantes. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, también ha suspendido toda su agenda de este lunes y se ha trasladado hasta Adamuz, donde al mediodía ha comparecido ante la prensa para asegurar que la investigación que está en marcha servirá para aclarar el accidente y conocer toda la verdad. De momento, todas las hipótesis están abiertas: un posible error del tren Iryo, una incidencia en la infraestructura o un problema aún desconocido. Sí se ha podido descartar, siempre según la versión de Renfe, un exceso de velocidad, un obstáculo en la vía o un error humano del conductor del primer tren accidentado. Lo que sí parece claro es que, en aquel tramo recto de Adamuz, los 20 segundos entre el descarrilamiento del Iryo y el impacto del Alvia fueron fatales e impidieron cualquier reacción que pudiera evitar una de las peores tragedias ferroviarias de la alta velocidad en el Estado español. La oposición ya ha reclamado a Puente y al Gobierno español explicaciones para saber qué ha pasado y si se hubiera podido evitar la tragedia.

Por su parte, Iryo también ve "extraño" el accidente ferroviario de Adamuz y asegura que ha puesto a disposición de la comisión de investigación "todo lo que tiene" para esclarecer los hechos. Así lo ha defendido el presidente de la compañía, Carlos Bertomeu, en una atención a medios, donde ha insistido en decir que el tren accidentado había cumplido la "totalidad" de revisiones y mantenimiento programado y era "de ultimísima tecnología". Bertomeu ha remarcado que quieren determinar las causas y saber qué ocurrió con el objetivo de que "no vuelva a pasar nunca más". El presidente de la compañía ferroviaria ha evitado especular sobre el origen del suceso y ha calificado de "horrenda" la cifra de víctimas mortales. "Es un drama individual y colectivo", ha sentenciado.