El bebé que desafortunadamente ha sido noticia en las últimas semanas solo tiene 73 días de vida, pero ya ha conocido el sufrimiento físico por culpa de los malos tratos que ha recibido, presuntamente, de sus padres, que se encuentran en prisión preventiva comunicada pero sin fianza por delitos de maltrato habitual, lesiones muy graves y agresión sexual. El pequeño —del que no se ha hecho público el nombre— recibió el alta hospitalaria este miércoles, después de llevar ingresado en la Vall d’Hebron desde el pasado 16 de marzo, y ya se encuentra con la familia de acogida de urgencia que se ha hecho cargo de él. La Generalitat asumió la custodia cuando el juez decidió retirársela a los padres biológicos que, según El Periódico, son un trabajador de una fábrica y una enfermera de Traumatología de la Vall d'Hebron, precisamente el hospital donde ha estado ingresado el pequeño durante el último mes.
La Generalitat está estudiando si el bebé puede ser acogido en el futuro por una familia extensiva, es decir, un familiar cercano que lo quiera acoger y que esté habilitado para hacerlo. En caso de que no sea posible, se le buscará una familia de acogida de larga duración. El bebé se encuentra bien y habrá de ir periódicamente al hospital para hacer controles y seguimiento de sus lesiones, y las posibles secuelas que podría tener. La consellera de Salut, Olga Pané, aseguró el pasado 25 de marzo que el bebé arrastrará muy probablemente secuelas orgánicas y neurológicas que arrastrará toda la vida.
La consellera de Derechos Sociales e Inclusión, Mònica Martínez Bravo, visitó el programa Bàsics, de Betevé, y agradeció a la familia de acogida que se haya hecho cargo del pequeño, poniendo de manifiesto la importancia de “contar con familias que deciden acoger”. La consellera destacó que el hecho de que el bebé haya salido del hospital con el alta es buena señal, y en cuanto al caso, ha recordado que se encuentra judicializado y que habrá que analizar las pruebas, pero ha afirmado que “todo apunta a que el caso es bastante evidente” y ha remarcado que “es bastante claro que el bebé no ha sido bien atendido”.
Pero el historial médico y los periplos de la criatura por los diferentes hospitales antes de su ingreso en la Vall d’Hebron demuestran que no solo no ha sido bien atendido, sino que el pequeño ha recibido maltratos que le provocaron fracturas, desgarro anal y otras lesiones graves detectadas después de pasar por diversos centros sanitarios como el CAP de Roger de Flor, el hospital del Mar, Sant Joan de Déu y Sant Pau. En este hospital, cuando lo visitó por segunda vez, los médicos detectaron una fractura de fémur, golpes en la cabeza y heridas en el ano. El bebé fue derivado a la Vall d’Hebron, donde después de dos días sometido a diversas pruebas, se derivó el protocolo de violencia infantil y el 18 de marzo, los Mossos detuvieron a los padres biológicos.
Este caso ha provocado una gran conmoción en la sociedad, y también en las autoridades, y ha vuelto a poner el foco en los mecanismos de detección precoz de maltratos infantiles. La Fiscalía pidió el ingreso en prisión por riesgo de fuga y de reiteración delictiva, dadas las elevadas penas que podrían afrontar. Ante el juez, los dos arrestados no supieron dar ninguna explicación sobre las lesiones que presentaba el bebé, que solo tenía poco más de un mes de vida. El hecho de que los padres fueran dos personas con una vida aparentemente normal, que la madre sea una enfermera de la Vall d’Hebron, que sea un niño concebido por fecundación in vitro y que pasara por varios centros sanitarios, aún genera más sorpresa e incredulidad ante la brutalidad de los hechos. La defensa del padre del bebé ha aportado un informe médico afirmando que es portador de un gen vinculado a la distrofia muscular y la falta de colágeno, y ha pedido pruebas genéticas para averiguar si el pequeño también es portador de este gen y podía haber desarrollado la enfermedad, lo que podría haber provocado, según la abogada, algunas de las lesiones.
