Dos de los tres pisos que fueron desalojados el pasado jueves en los bloques del barrio de la Mina de Sant Adrià de Besòs vuelven a estar ocupados. Uno de ellos se volvió a ocupar el mismo jueves y el otro el sábado, a pesar de los dispositivos policiales en el barrio para evitarlo. Los vecinos han explicado a la ACN que la “desesperación” les lleva a esto y avisan de que harán lo mismo si se producen nuevos desalojos porque no tienen dónde ir.
Este lunes está previsto desalojar cuatro pisos más de la misma finca, en la rambla de la Mina número 58, que no tiene puerta porque quedó destrozada en la intervención policial del jueves. Después de que la operación de la semana pasada se produjera en un ambiente de tensión y enfrentamientos, hoy también hay vecinos concentrados en el recinto, pero en un ambiente menos tenso.
Aparte de los cuatro pisos de este lunes, están previstos más desalojos el 25 y 29 de junio, y el 3 y 13 de julio. En la finca situada en el número 58 de la rambla de la Mina están ocupados 14 de los 16 pisos que hay. Los dos que no lo están son de propietarios que llegaron en 2010 procedentes del bloque Venus.
Esta actuación pretende recuperar unos pisos públicos ocupados desde 2017 y que el Consorci de la Mina quiere recuperar para realojar vecinos del bloque Venus, pendiente de derribo para 2028. Desde el inicio del conflicto, el Consorci de la Mina ha asegurado que en la mayoría de los casos no se trata de familias vulnerables a quienes poder ofrecer una alternativa: "No son casos en seguimiento". Los que sí lo sean, se ha insistido, recibirán la respuesta adecuada de acuerdo con los protocolos establecidos.
Cuando se construyeron, en 2010, los bloques de pisos ahora ocupados se habían proyectado con el objetivo de ofrecer un realojo en el mismo barrio a los afectados por el derribo de Venus. Las viviendas, sin embargo, acabaron vacías por las desavenencias entre las administraciones y los vecinos sobre los criterios y las condiciones del realojo. Después de años de abandono, el verano de 2017 arrancó una ocupación masiva. Aunque los bloques contaban con vigilancia permanente, esta acabó cayendo cuando estalló un caso de desvío de fondos públicos a clanes familiares para llevar a cabo esta vigilancia.
Samira, una de las vecinas desalojadas, pide que "si son de protección oficial para gente vulnerable, quien cumpla los requisitos nos debería hacer un alquiler". Esta vecina afirma que inicialmente se les prometió un alquiler social, pero que después se descartó: "Dijeron que ya no, que era para el edificio Venus". Según dice, la decisión ha dejado a las familias sin alternativa después de años viviendo en las viviendas: "Nos sacan a nosotros para poner a otras personas cuando ya hace diez años que ocupamos la vivienda, sin opción a nada, sin recursos y sin ninguna alternativa de salida".
Un primer desalojo tenso
El pasado jueves se produjeron los primeros tres desalojos en los bloques de la rambla de la Mina, en una intervención que empezó hacia las 8:00 horas con la llegada de la comitiva judicial y un amplio despliegue policial con furgones del ARRO. Unas cincuenta personas se concentraron en la zona y se produjeron momentos de tensión con la policía: con carreras, lanzamientos de objetos y varios momentos de enfrentamiento con el dispositivo. También plantaron vallas de obra para intentar impedir los desalojos, si bien los Mossos las retiraron y accedieron a los inmuebles rompiendo la puerta.
Además, hubo carreras cuando una trabajadora social del ayuntamiento abandonó la zona. Un grupo la persiguió hasta los alrededores de un bar, donde cogieron tazas de café con leche que había en las mesas y las lanzaron contra esta persona. Los Mossos tuvieron que intervenir para protegerla. Algunos manifestantes lanzaron huevos contra los agentes, uno de los cuales cayó también en una cámara de TV3. De hecho, hubo amenazas a los periodistas para que dejaran de grabarlo todo. En paralelo, el gerente del Consorcio de la Mina entró en el interior de las viviendas en calidad de representante de la propiedad, mientras operarios trabajaban en el tapiado de los pisos con placas metálicas. Sin embargo, no han durado mucho, ya que dos de los tres pisos ya están de nuevo ocupados.