El recuerdo de los atentados del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils continúa bien vivo a la memoria de los ciudadanos de Ripoll, donde vivían los jóvenes autores del atentado. Pero una cosa es tenerlo presente y otra verbalizarlo. Dos años después de los ataques, en Ripoll (y siempre considerando la mayoría de la población) no hay ganas de remover sentimientos. Lo confirma el hecho que ninguna institución ni entidad ripollesa no ha programado ningún acto para esta fecha.

Las persianas de los pisos donde viven las familias de los integrantes de la célula yihadista continúan bajadas. En dos años han subido en ocasiones contadas. La avalancha de información contradictoria sobre el proceso de radicalización de los jóvenes ha hecho que se difumine la necesidad urgente de respuestas. Lo que por todo el mundo se ha vivido como otro atentado yihadista, en el municipio ripollès ha creado un nuevo precedente. El choque social derivaba de un nuevo terrorismo que incluía factores indiscriminados como los vínculos familiares, las técnicas de captación sectaria, la seducción de jóvenes y la ruptura de un esquema que relacionaba la violencia con los grupos marginales.

El choque social derivaba de un nuevo terrorismo que incluye factores indiscriminados como los vínculos familiares, las técnicas de captación sectaria y la seducción de jóvenes

Superada la incomprensión de que los ataques se gestaran en Ripoll, las emociones de los ripolleses han costado de estabilizarse. Una mayoría ha optado por ponerse a trabajar por la inclusión y la convivencia. lnstituciones y entidades sociales confirman que desde los atentados no se ha detectado ningún otro comportamiento de radicalización que haya hecho saltar alarmas. Otros prefieren el silencio. Y un tercer sector se ha enganchado a discursos de tolerancia cero, como los 503 votantes del Front Nacional de Catalunya (9,44% dels cens) o los 112 votantes de Som Catalans - Som Ripoll (2,10%) en las últimas elecciones municipales en Ripoll.


Locturori de Ripoll que regenta Salh el-Karib, uno de los cuatro detenidos después de los atentados de Barcelona y Cambrils, donde miembros de la célula yihadista compraron billetes de avión. Foto: Carles Palacio

Hasta el 17 de agosto del 2017 el modelo de convivencia e integración de Catalunya se mostraba como ejemplo y los atentados abrieron la puerta a reconsiderarlo. Desde hace un año y medio, el Ayuntamiento de Ripoll, el consorcio de Bienestar Social del Ripollès, el Departament de Educación, la conselleria de Asuntos Sociales y Familia, además de otras entidades sociales, trabajan transversalmente en un nuevo modelo de sociedad para conseguir una villa más inclusiva.

Hasta el 17-A el modelo de integración de Catalunya se mostraba como ejemplo y los atentados abrieron la puerta a reconsiderarlo

Diálogo y participación

Partiendo del hecho de que esta estrategia no quiere ser un procedimiento teórico sino una experiencia evolutiva, el grupo operativo del nuevo plan de convivencia se ha reunido periódicamente para trabajar sobre el impacto que tuvo el atentado en Ripoll y se han recogido las impresiones y vivencias de diferentes colectivos.

"La primera fase de este modelo de convivencia es la realización de un diagnóstico que permita establecer unas líneas estratégicas de actuación", explica Elisabeth Ortega, presidenta del Consorcio de Bienestar Social, que añade que paralelamente lo han ido "construyendo y reconstruyendo porque la realidad no es estática".

Por eso se pretende corresponsabilizar a varios colectivos en una reflexión crítica y analítica para que, de manera interdisciplinaria y compartida, se implementen nuevas políticas y actuaciones que avancen hacia la inclusión social de todas las personas. "Eso requiere recoger todas las sensibilidades, intercambiar opiniones, generar diálogo, activar el trabajo en red y coordinar las diversas iniciativas", detalla Joan Maria Roig, concejal de Bienestar Social de Ripoll. "No queremos hacer ingeniería social, sino intentar construir con todos los ciudadanos de Ripoll un modelo de sociedad donde la convivencia sea posible", dice.

No hemos detectado más procesos de radicalización, pero no quiere decir que no existan

Los profesionales han detectado que los temas de interculturalidad "no se hablan abiertamente", indica Ortega, sino en ámbitos anónimos e íntimos. "Sentar a dos personas que prácticamente no han conversado nunca, para nosotros forma parte del proceso de acercamiento", explica, "la idea no es llegar a un consenso, sino que uno entienda el pensamiento del otro y romper así muchos prejuicios".

El colectivo ciudadano que les genera más preocupación, y en lo que trabajan más a fondo, es el de los jóvenes. Aunque los profesionales descartan que el proceso concreto de radicalización de los autores de los atentados se haya extendido a otras personas, aseguran que "están atentos" y "hacen seguimiento" de este sector de edad. "Eso no quiere decir que la alarma no exista, sino que no la tenemos", añaden.

Desde la Generalitat se ha diseñado el protocolo de Detección de Radicalización Islamista (Proderai) y los Mossos el Plan Operativo Especial Antiterrorista (POEA), pero estos últimos dos años "no han tenido que activarlo, confirman. Ortega también destaca el concepto de participación como herramienta clave de un nuevo modelo social. "Ciudades como Barcelona tienen trayectoria en participación ciudadana y en Ripoll hemos empezado de cero", constata.


Elisabeth Ortega, presidenta del Consorcio de Benstar Social del Ripollès y Joan Maria Roig, concejal de Bienestar Social de Ripoll. Foto: Carles Palacio

El grupo operativo trabaja la diversidad no sólo intercultural, sino también la orientación sexual, la igualdad de género... Para trasladarlo directamente a la ciudadanía se han organizado charlas abiertas, reuniones de jóvenes, formación para profesionales sobre extremismos violentos, reuniones con las ampas, mesas redondas de expertos en ciudadanía y se han repartido encuestas a los ripolleses.

Son conscientes de que cambiar al modelo social es una tarea de largo recorrido, pero trabajan en plazos. El próximo septiembre, por ejemplo, se activará el plan Educativo de Entorno. "Si alguna cosa nos ha dejado el 17-A es darnos cuenta de que si no trabajamos juntos la sociedad no funciona", explica Núria Perpinyà, técnica en convivencia del Ayuntamiento. Las instituciones ripolleses han dejado de trabajar en red para trabajar transversalmente. Hasta ahora se pasaban información entre departamentos y ahora trabajan con el mismo objetivo. "Estábamos con una mesa rasa, no teníamos nada, sólo un atentado. Hemos ido avanzando con prueba error, las informaciones que nos han ido llegando las hemos tenido que recolocar en la radiografía de los hechos", explica.

¿Más personas implicadas en el atentado?

La ciudadanía ripollesa sigue esperando respuestas. Algunos rehúyen la idea de que el atentado fue idea de un solo hombre y creen que es evidente que había mucha más gente implicada, que calló, por complicidad o por miedo. Consideran que esta realidad se ha intentado minimizar para evitar un escándalo de proporciones considerables.

A la comunidad musulmana de Ripoll nadie quiere hablar de los atentados. A las preguntas de este diario, los entrevistados se dividen entre los que se excusan porque "no hablo bien el castellano" y los que dicen que no van a la mezquita. Sí que hay predisposición de hablar desde la generación más joven.

Los hermanos Abouyaaqoub, Hichamy, Alla y Houli, no eran los únicos que se radicalizaron con los discursos del imán. Puede que haya más personas implicadas con el ataque de Barcelona y Cambrils

Un grupo de jóvenes que juegan a fútbol en la pista de la plaza de la Sardana, donde también hacían partidos los autores de los atentados, aseguran que últimamente ven "comportamientos extraños" en los hermanos pequeños de los terroristas. "Se han desvinculado del grupo, ya no vienen cada tarde y sabemos que se reúnen ellos solos", asegura un joven que los conocía a todos. Además, afirman que los hermanos Abouyaaqoub, Hichamy, Alla y Houli no eran los únicos que se radicalizaron con los discursos del imán, y que hay más personas implicadas en el ataque de Barcelona y Cambrils.

"Antes de los atentados, la convivencia era prácticamente nula", explica Sílvia Orriols, concejala del Frente Nacional de Catalunya en Ripoll, "y ahora, casi dos años después, tres cuartos de lo mismo. Sólo hay que ir a las salidas de las escuelas o a los bancos de las plazas para darse cuenta de que hay dos sociedades que viven en paralelo, ignorándose".

No se puede superar lo que pasó haciendo ver que no pasó

Desde su grupo, que ha entrado por primera vez en el consistorio las pasadas elecciones municipales, los proyectos de convivencia que se están llevando a cabo son fruto más de la "voluntad de unas administraciones que tienen que justificar los recursos que reciben que no de la propia ciudadanía, que sigue esperando respuestas que apacigüen sus inquietudes y desconfianzas. Después de abrirse el sumario y saberse que se había llamado a la yihad desde la mezquita de Ripoll, sorprende e indigna el hecho que ninguno de los fieles que escuchaban aquellas prédicas hubiera cogido el teléfono para denunciar a los Mossos, el pervertimento que aquel imán hacía de su fe. Eso genera una desconfianza que difícilmente se podrá superar con catas de té y comidas marroquíes", lamenta.

Orriols cree que en Ripoll se ha rehuido completamente el problema y que las instituciones se han limitado a señalar la falta de financiación como a causa de la radicalización de los terroristas. "No ir de colonias o no vestir unas alpargatas Nike no son motivos para atropellar personas de manera indiscriminada; la prueba somos los millares de catalanes de otras generaciones que no fuimos de colonias y que nos compramos siempre la ropa en el mercado, sin que eso nos convirtiera en potenciales asesinos".


Instituciones y familiares protagonizaron el acto contra los atentados en Ripoll. Foto: Europa Press

El Front Nacional de Catalunya considera que las instituciones no han sido capaces de afrontar la raíz del problema por miedo de ser acusadas de islamofobia, racismo y "otras palabras peyorativas que aparecen rápidamente cuando se intenta frenar el islam político que se extiende peligrosamente por toda nuestra sociedad".

Para evitar que se gesten más procesos de radicalización, la primera medida, propone el FNC, sería instalar cámaras dentro de las mezquitas para detectar a tiempo cualquier síntoma de radicalización. "Se tienen que iniciar programas para los padres, para hacerles partícipes de los valores y principios que rigen nuestra sociedad, y se los tiene que enseñar a aceptar que sus hijos viven en Catalunya, no en Marruecos, y que, por lo tanto, tienen derecho a interactuar y relacionarse con la gente de aquí, y hacer vida según las costumbres de aquí", enumera Orriols.

"Haría falta colocar cámaras en las mezquitas y trasladar a los padres que sus hijos tienen derecho a interactuar y relacionarse con la gente de aquí"

Al mismo tiempo, proponen parar todos los programas del Ayuntamiento dirigidos a jóvenes de este colectivo porque "fomentan guetos". "Es necesario que todos los niños ripolleses jueguen juntos a las plazas y a los parques, que interactuen y creen vínculos afectivos entre ellos, para unificar, en próximas generaciones, estas dos sociedades".

Los resultados electorales del Front Nacional confirman que hay un sector de la población que ha acentuado la desconfianza y la indignación después de los atentados. Aun así, desde el partido considern que su irrupción en el consistorio responde a raíces mucho más profundas. "La desnacionalización progresiva de Catalunya, la situación crítica de nuestra lengua, la desaparición de nuestras costumbres y valores, la minorización de los catalanes en su propio territorio, son cuestiones vivas en la calle y en el comedor de los hogares, aunque ningún otro partido haya osado hacer frente dentro del consistorio". Están convencidos de que eso ha estado determinante para la mayoría de sus votantes.


El Front Nacional de Catalunya consiguió el 26-M 503 votos en Ripoll y la irrupción de una concejala, Sílvia Orriols, en el consistorio. Foto: FNC

Más allá del tópico: ¿en qué sociedad nos reflejamos?

Después de dos años, en Ripoll todavía se tienen que resolver muchos interrogantes. Que los autores de los atentados hubieran crecido en un entorno de montaña como es el Ripollès, fueran jóvenes recién entrados a la mayoría de edad, hablaran un catalán nativo, se implicaran en el club de fútbol y que incluso tuvieran un contrato laboral en activo plantea dudas razonables sobre los mecanismos de inclusión e integración de nuestra sociedad.

Si una cosa nos pone de manifiesto los hechos del 17-A es que el modelo sociocultural de un país determina la implicación ciudadana en la defensa de la cultura, de la paz y el respeto mutuo de sus ciudadanos. Además de fundamentarse en las escuelas y en los institutos, también tiene que tener un patrón institucional que haya definido y trabajado en cómo se hacen efectivas palabras como convivencia, inclusión, inmersión o integración.