¿Y si un dispositivo médico pudiera entrar en nuestro cuerpo, funcionar durante unos días y luego degradarse sin tener que retirarlo? Esta es la idea que hay detrás de una nueva batería bioabsorbible desarrollada por un equipo del MIT. La tecnología, todavía experimental, ha conseguido alimentar pequeños dispositivos electrónicos dentro del estómago de cerdos.
Podemos pensar que es una obviedad, pero las baterías convencionales no están pensadas para ser ingeridas ni para permanecer dentro del cuerpo, ya que contienen materiales que pueden resultar inadecuados para la salud. Sin embargo, ahora, investigadores e investigadoras del MIT han publicado un estudio en Nature Chemical Engineering donde han desarrollado una batería bioabsorbible, es decir, diseñada para que sus componentes se vayan degradando progresivamente. La batería utiliza magnesio y trióxido de molibdeno como electrodos, un electrolito biodegradable y una cobertura de ceras naturales que retrasa su degradación.
Una batería hecha para desaparecer
El dispositivo genera aproximadamente 1,84 voltios, algo más que una pila alcalina convencional. Esta energía es suficiente para alimentar pequeños sistemas de identificación por radiofrecuencia (RFID), que permiten enviar información inalámbrica mediante ondas de radio. En los experimentos, estos sistemas consiguieron transmitir información desde el interior del cuerpo durante aproximadamente una semana, aunque los materiales tardaron más en degradarse completamente.
Los investigadores también probaron una cápsula equipada con la batería experimental capaz de aplicar estimulación eléctrica en el estómago. Con solo 20 minutos de estimulación, consiguieron aumentar hasta un 50% la liberación de grelina, una hormona que participa en la regulación del apetito. Es un ejemplo de los llamados electroceuticals, dispositivos que utilizan estímulos eléctricos para modificar determinadas funciones del organismo. Es importante destacar que la tecnología, sin embargo, todavía es experimental.
Este estudio publica experimentos hechos en cerdos y falta todavía comprobar, por ejemplo, si los productos que genera la degradación son seguros en humanos. Además, no todos los componentes del dispositivo electrónico son todavía bioabsorbibles. A pesar de estas limitaciones, el trabajo apunta hacia el nuevo desarrollo de dispositivos médicos que entren en el cuerpo, hagan su función durante el tiempo necesario y, una vez ya no sean útiles, se degraden progresivamente sin tener que retirarlos.
