De Alejandría a Toledo pasando por Bagdad: el viaje del conocimiento a la Europa Medieval

Toledo, 1175. El traductor Gerardo de Cremona ha encontrado finalmente lo que llevaba treinta años buscando: el Almagesto, del árabe al-magisti, "el libro más grande", el tratado astronómico más completo de la antigüedad. Como había hecho con otras obras, Cremona tradujo el Almagesto al latín, de forma que se pudieran introducir así sus conocimientos en la Europa medieval, donde fue un tratado fundamental para la práctica astronómica durante siglos.

Obra del astrónomo Claudio Ptolomeo, el Almagesto llevaba por título Syntaxis Mathematica, ya que fue escrito en griego en el siglo II en Alejandría, actual Egipto, en aquel momento provincia romana. Ptolomeo utilizó todos los datos astronómicos conocidos en su tiempo para elaborar un nuevo modelo del movimiento de los planetas y, así, predecir su posición futura. El modelo de Ptolomeo, que consideraba la Tierra en el centro del universo, y que el Sol, la luna y los planetas orbitaban a su alrededor, usó complicadas soluciones geométricas para poder explicar algunas observaciones que no encajaban hasta ese momento, como el movimiento retrógrado, marcha atrás, de Marte.

Buena parte del conocimiento intelectual griego llegó a Europa a través de Bagdad y el mundo árabe

Hacia el siglo IX, Ptolomeo estaba casi olvidado en la Europa Occidental y fueron los sabios árabes los encargados de buscar el Almagesto en Alejandría y transportarlo a Bagdad para traducirlo al árabe. Estos fueron siglos de una importante proliferación de lo que hoy llamaríamos investigación científica en el mundo árabe, que tomó los tratados astronómicos, matemáticos o médicos de la Grecia clásica y los adoptó, modificó, amplió y mejoró, creando así nuevos conocimientos y reconfigurando otros ya existentes.

Este esfuerzo científico se fue diseminando a medida que el Islam se extendía por el norte de África y hasta la Península Ibérica. En cada ciudad, los antiguos tratados griegos traducidos al árabe y los nuevos trabajos de matemáticos o médicos árabes se acumulaban en bibliotecas como las de Toledo, donde Cremona encontró el Almagesto. Pero Cremona no tradujo solo la obra de Ptolomeo, sino que también trabajó, siempre con un equipo de ayudantes, en diversos tratados de Aristóteles y una obra magna de la medicina árabe, el Canon de la Medicina, de Ibn Sina, latinizado como Avicena, muy influyente en la Europa Medieval.

Con todo, Gerardo de Cremona es solo un ejemplo de una serie de traductores, que trabajaron en Toledo y en otros lugares, como Sicilia, encargados de hacer llegar las obras de las bibliotecas árabes al creciente ecosistema de intelectuales y universidades europeas medievales. Contrariamente a lo que dice la intuición, buena parte del conocimiento intelectual griego llegó a Europa a través de Bagdad y el mundo árabe, donde los intelectuales también contribuyeron a incrementar los corpus de conocimientos de cada disciplina. Estudiosos árabes a menudo poco reconocidos, como lo han sido también los traductores, a pesar de la llegada de todos estos conocimientos astronómicos, matemáticos, médicos y filosóficos transformaron Europa para siempre.

Dr. Miquel CarandellBaruzzi,historiador de la ciencia