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Conocer gente, buscar conexiones, hacer amigos parece algo fácil cuando somos pequeños. En la escuela basta con sentarse al lado de alguien, compartir un juguete o descubrir que nos gusta el mismo juego. Ir al parque, alguna extraescolar... Pero, ¿qué pasa cuando nos hacemos adultos? Entre el trabajo, las obligaciones, las mudanzas y las relaciones de pareja, encontrar personas nuevas con quienes construir una amistad puede convertirse en una tarea mucho más complicada. Ya no hay extraescolares, y hacer actividades y encontrar aficiones puede resultar un poco más complicado.

La investigadora Jaimie Krems conoce bien este campo. En 2008, cuando tenía unos veinte años, descubrió accidentalmente unas conversaciones entre una de sus mejores amigas y su compañera de piso. Ambas hablaban de ella a través del Gchat —el servicio de mensajería de Google— y el contenido no era precisamente agradable. La experiencia la afectó profundamente y, según explica en un artículo recogido por la CNN, la llevó a querer entender por qué dos personas que eran amigas podían actuar de una manera tan dolorosa con una tercera. Hoy Krems dirige el Center for Friendship Research de la UCLA y estudia precisamente esto: cómo se forman, se mantienen y se rompen las amistades entre adultos.

Necesitas dos cosas para hacer amigos

Según expone la CNN, a partir de las investigaciones de varios expertos, hay dos ingredientes fundamentales para que una amistad llegue a formarse: interacción frecuente y atracción mutua. Sí, atracción también en amistades.

El primero es especialmente importante porque, a diferencia del segundo, está en buena parte bajo nuestro control. Coincidir a menudo con las mismas personas aumenta las posibilidades de que aparezca una conexión. No es necesario que sea en un contexto extraordinario: puede ser ir cada semana al gimnasio o a una clase concreta, apuntarse a una clase de arte o coincidir habitualmente en una cafetería.

¿Un "mercado de amistad"?

La socióloga Janice McCabe, de la Universidad de Dartmouth, habla de los llamados "mercados de amistad": espacios donde muchas personas están abiertas a conocer gente y donde existen oportunidades regulares para interactuar. Los clubes deportivos, las actividades culturales o las comunidades de expatriados son algunos ejemplos.

La idea es sencilla: si se quiere hacer amigos, no basta con esperar a que aparezca alguien. También hay que situarse en espacios donde sea posible coincidir repetidamente con otras personas.

Pedir ayuda también puede unir

Otra de las ideas que puede resultar contraintuitiva es que pedir un favor puede ayudar a construir una amistad. Cuando conocemos a alguien, a menudo intentamos no molestar ni parecer una carga. Pero la investigación citada por la CNN apunta que permitir que otra persona nos ayude puede reforzar la relación. Hacer un favor nos hace sentir útiles y puede generar una sensación positiva hacia la persona que lo ha pedido.

No es necesario que el problema a afrontar sea el más difícil del mundo; puede ser pedir una recomendación, preguntar por una receta o la resolución de una cuestión cotidiana. La clave es dejar espacio para que la otra persona también pueda contribuir a la relación.

Abrirse, pero sin correr demasiado

La vulnerabilidad también tiene un papel importante. Alison Nagel, investigadora de la Universidad de Virginia, explica que compartir algo personal puede favorecer que la otra persona haga lo mismo. Esta reciprocidad ayuda a generar confianza.

Esto no significa contar nuestra vida a cualquier persona que acabamos de conocer. Nagel recomienda avanzar progresivamente y mantener unos límites adecuados al grado de confianza que existe en cada momento.

Una amistad necesita tiempo para crecer

En otras palabras, una amistad necesita tiempo para crecer. Mostrar un poco más de nosotros mismos puede ayudar, pero también es importante no exigir a una relación nueva más de lo que puede dar. También existe la creencia de que, para mantener amistad, es necesario disponer de mucho tiempo. Krems defiende justamente lo contrario. Según recoge la CNN, cinco minutos de conversación genuina pueden ser más valiosos que aquella llamada de dos horas que hace semanas que intentamos encontrar el momento de hacer.

La investigación sobre las relaciones sociales ha relacionado las conexiones con otras personas con diversos beneficios para la salud y el bienestar. Por eso, hacer amigos de mayores quizás no tiene tanto misterio (aunque sí cierta dificultad). Hay que coincidir, dar oportunidades a la relación, atreverse a pedir ayuda, compartir un poco de nosotros mismos y, sobre todo, no esperar siempre el momento perfecto para mantener el contacto; al menos eso es lo que dice Krems.