Cada mañana, miles de personas encienden la televisión buscando entender qué pasa en el mundo. Y, a menudo, es la voz serena de Ariadna Oltra (Barcelona 1979) quien les acompaña en este primer contacto con la realidad. Pero detrás de la periodista que informa con rigor, hay también la sensibilidad de quien observa. Desde el plató de Els Matins de 3Cat, Oltra, que es la directora y la conductora desde hace cuatro temporadas, convierte la proximidad en una manera de comunicar y la reflexión en una forma de periodismo.
En su último libro, Una casa sense diaris (La Campana), la periodista transforma la memoria íntima en una mirada colectiva sobre el periodismo y la manera como nos informamos hoy en día. A través de recuerdos domésticos, de los periódicos esparcidos sobre la mesa del comedor, de las manos manchadas de tinta y de los quioscos que desaparecen lentamente de las calles de nuestras ciudades, Oltra habla de una transformación mucho más profunda: el paso de un mundo que leía pausadamente a otro que consume información a golpe de pantalla y de algoritmo. El libro es, a la vez, una elegía al papel y una reflexión lúcida sobre la desinformación, la velocidad y el ruido de una sociedad hiperconectada que nunca había tenido tanta información al alcance y, paradójicamente, tantas dudas sobre qué es verdad.
Pero detrás de esta reflexión sobre los medios también hay una pregunta humana y esencial: ¿qué perdemos cuando dejamos de mirar con calma? Quizás por eso su escritura combina el rigor periodístico con una nostalgia sutil, casi literaria, que convierte los hábitos cotidianos en una manera de explicar una época entera. Después de haber abordado el feminismo en Soy feminista y no lo sabía, Oltra vuelve ahora con un relato que habla de periodismo, pero también de memoria, identidad y de la manera como nos relacionamos con el mundo. En esta entrevista conversamos con Ariadna Oltra sobre el futuro de los medios, la fragilidad de la información, la nostalgia de los periódicos de papel y el reto de seguir explicando la realidad en una época que a menudo prefiere los titulares rápidos a las historias que dejan huella.

Hablas de la importancia de estar informado y sobre todo de estar bien informado. ¿Dónde vas a buscar la información?
Yo me informo un poco en todas partes. Por la mañana, cuando me levanto, miro la información en el teléfono móvil, miro los grupos de WhatsApp, porque allí, los compañeros que van a dormir más tarde que yo, dejan cosas que pueden haber pasado, miro las notificaciones de medios digitales, los periódicos en papel… De hecho, esto no lo puedo decir, pero en el coche voy con la radio del coche y la del móvil. Y cuando llego a la redacción, televisiones nacionales e internacionales, webs de medios internacionales, periódicos... O sea, toco un poquito de todo antes de empezar el programa.
Yo creo que hay gente que ha decidido, directamente, no informarse, y hay gente que cree que está informada y no sé si tienen muy claro que a veces la información se mezcla con opinión
En Una casa sense diaris explicas que te preocupa que la gente no esté bien informada.
Yo creo que hay gente que ha decidido, directamente, no informarse, y hay gente que cree que está informada y no sé si tienen muy claro que a veces la información se mezcla con opinión. En un diario en papel, digital o en un medio está muy bien diferenciado, pero en las redes, que es donde la mayoría de la gente accede a la información, ahora mismo no lo está.
Hay una tendencia muy clara del consumidor de pasar del diario en papel al digital. ¿Tú todavía lees diarios en papel?
Yo leo diarios en papel, subrayo diarios en papel. De hecho, seguramente, en mi bolso habrá algún artículo. Llevo guiones, me recorto cosas, porque necesito subrayar y escribir, mi trabajo implica que tengo que estar estudiando cosas porque no sé de todo.
En el libro explicas que tienes una carpeta llena de recortes de periódicos, entrevistas, reportajes...
Que la inmensa mayoría de veces no voy a buscar, pero solo saber que los tengo allí me da una seguridad, una calma, ¡una paz!
¿Qué tipo de papeles guardas ahí, exactamente?
Pues mira, de momentos con historias muy potentes, el procés sería una, crónicas del juicio, pero también de determinadas elecciones. Me guardo documentos de las noches electorales, hay un departamento que nos prepara documentación, unos dosieres muy, muy potentes, de todas las elecciones que ha habido. Estos dosieres los tengo guardados porque pienso que quizás algún día los necesitaré. Y necesito guardarlo en papel. Soy un poco fetichista del papel.
El primer trabajo de base nacional fue con Ona Catalana, donde empecé haciendo el tráfico
¡Incluso explicas, en el libro, que guardas los apuntes de la universidad! ¿Fue Neus Bonet quien confió en ti por primera vez? ¿Fue ella quien descubrió tu talento?
Mira, Neus Bonet fue mi primera jefa en una radio privada, en el año 2000, que era Ona Catalana. Yo antes había trabajado en una televisión local en el pueblo de mis abuelos, en Canal 7. Tenía un sueldo muy pequeñito de 40.000 pesetas por media jornada, pero el primer trabajo de base nacional fue con Ona Catalana, donde empecé haciendo el tráfico.
¡Como Martí Gironell!
Efectivamente. Era un momento en que no existía Google Maps. Y empezaba a haber muchos problemas de movilidad en los accesos de Barcelona en las horas punta. Entonces se copió un modelo que existía en Francia, que se llamaba InfoRoute y cada 15 minutos entrábamos a actualizar la información, y fue una escuela de micrófono en directo bastante potente.
Ahora que mencionabas el pueblo de tus abuelos, Santa Eulàlia de Ronçana, tiene mucha presencia en el libro porque explicas muchas anécdotas de cuando eras pequeña. ¡Y es el mismo pueblo que Empar Moliner!
Exactamente, es el pueblo de Empar Moliner.
¿Os conocíais del pueblo?
La entrevisté cuando sacó el primer libro y lo peta, en la televisión del pueblo, y entonces ella empezaba a despuntar, y después hemos coincidido en Plató, en 'Matins'.
Dices que el libro no pretende ser un ejercicio de nostalgia, aunque yo creo que sí lo es.
Ya, sí. Yo me estoy convenciendo de que no es un ejercicio de nostalgia, pero todo el mundo me está diciendo que me equivoco. Aceptémoslo.
A través de estas experiencias personales tejí un relato para que el actor o la lectora sea consciente de cómo ha cambiado la manera que tenemos de informarnos, cómo y dónde nos informamos ahora, que es muy diferente de antes, y esto creo que tiene unas consecuencias
Repasas diferentes situaciones en las cuales antiguamente se utilizaban los diarios más allá de ser leídos. ¿Me puedes recordar algunas de estas utilidades que la gente mayor recordará bien?
Poner papel de periódico cuando habías acabado de fregar y tenías que pasar por el pasillo. Mi abuela: “Niña, tráeme un periódico”. Aquel periódico, cuando el suelo ya estaba seco, se tenía que recoger y no se tiraba a la basura. El papel se ponía en una caja de cartón al lado del fuego, porque cuando se tenía que hacer fuego, se quemaba. Las papelinas de las castañas con papel de periódico, los calçots. Es que el otro día fuimos a hacer una calçotada y no teníamos periódicos en la casa donde estábamos, en Castellterçol, en la de Anna y Toni. Y fuimos al bar del pueblo y nos dio un periódico, pero con un periódico nos quedamos un poco cortos. Son objetos que han tenido vida más allá de la información. A través de estas experiencias personales tejí un relato para que el actor o la lectora sea consciente de cómo ha cambiado la manera que tenemos de informarnos, cómo y dónde nos informamos ahora, que es muy diferente de antes, y esto creo que tiene unas consecuencias. No pretendo hacer ninguna tesis de lo que está bien o de lo que está mal, pero sí que creo que estaría bien que, entre todos, supiéramos las diferencias y los riesgos que, desde mi punto de vista, esto tiene.
De ejemplos, el libro, está lleno. Pero he echado de menos uno.
¿Qué me he dejado?
Cuando era pequeña me daba mucha vergüenza ir al colegio con el bocadillo envuelto en papel
Antiguamente, el día de Santos Inocentes, se recortaban las "llufes" con papel de periódico. Y gente más mayor que yo me ha explicado que cuando eran pequeños les envolvían el bocadillo con papel de periódico.
Mira, mis padres eran impresores y me habían llegado a envolver, cuando no había papel de plata en casa, con papel, pero no papel de periódico, sino papel limpio, papel bueno. A mí me daba mucha vergüenza, yo no quería ir con el bocadillo envuelto, pero era reciclaje máximo, era muy avanzada en su tiempo, mi madre.
Quizás sí que me ha salido un libro nostálgico, básicamente porque recuerdo un tiempo pasado que ya no existe
¿Cuál es tu primer recuerdo con un periódico?
Un primer recuerdo no lo tengo, pero sí que recuerdo los fines de semana en casa de los abuelos, que íbamos al pueblo y nos quedábamos a dormir. Y por la mañana, mi abuelo, cuando se iba muy temprano a buscar el pan y el periódico con el coche, yo siempre quería acompañarle. Y es esta nostalgia que antes te decía, que quizás sí que me ha salido un libro nostálgico, básicamente porque recuerdo un tiempo pasado que ya no existe.
Haces televisión desde hace muchos años, pero ¿has trabajado alguna vez en prensa escrita?
Yo nunca he escrito en prensa escrita, pero escribo para televisión. Aquella niña no sabía ni que querría ser periodista, porque tan pequeña no tenía vocación y ahora, cuando lo pienso, quizás sí que al final todo tenía un sentido.
¿Y qué edad tenías cuando cogiste un periódico por primera vez y lo leíste?
Yo creo que debía tener 9 o 10 años. Los fines de semana que había mucho papel en la mesa grande, en casa de los abuelos. Y me acuerdo que me gustaba mucho mirar las fotografías de los pies de foto, la importancia de los pies de foto, los titulares y la composición, porque en casa eran impresores, entonces la composición también era como un objeto de análisis.
Mis hijos, cuando en casa hay periódicos, miran más la parte de deportes
Tus hijos tienen la edad que tenías tú cuando leíste, por primera vez, un periódico. ¿Hojean periódicos, ellos?
Mis hijos, cuando en casa hay periódicos, los pueden hojear. Miran más la parte de los deportes, cuando hay fotografías de Lamine Yamal, etcétera.
Hemos pasado de leer en papel a digital. ¿Hay alguna escena del libro que resuma bien este cambio de época que describes?
Yo creo que el libro, en su totalidad, es una metáfora de cómo nos informamos ahora. Hay un momento, realmente, donde yo me doy cuenta de que el cambio de hábito informativo no está en las generaciones más jóvenes. Sobre las cuales también creo que volcamos mucha responsabilidad en cambios y en cosas que quizás no nos gustan a los que somos un poquito más adultos. Y, en cambio, no es así. Yo un día estoy comprando en una tienda con un amigo, con Espartac Peran, y un señor, sabiendo que presento Matins en TV3 me dice: "¿Esto que he visto en TikTok es así?"? Y claro, allí se me abre una cantidad de interrogantes: ¿por qué este señor me dice esto a mí?, ¿por qué se informa por TikTok?, ¿por qué se lo cree?, y allí es donde hago el clic.
No me gustaría que a mis hijos les pasara porque te controla la voluntad con contenidos que no valen la pena
Ahora que haces referencia a TikTok, he oído en alguna entrevista que explicabas que estuviste muy enganchada, pero que ya no. ¿Cómo fue?
Me di cuenta de que TikTok me estaba quitando vida, me estaba quitando momentos de hacer cosas para mí, de mirarme guiones, de informarme y yo estaba enganchada. Esto hace unos tres años, cuando TikTok empezó a petarlo muy fuerte y me lo instalé para entender por qué hay sobre todo gente joven que se engancha. Y vi que no iba de gente joven, yo misma entraba en un estado narcótico. Me asusté y me desinstalé la aplicación porque fue la única manera que tuve de cortarlo. Ahora vuelvo a tener la aplicación y la miro puntualmente. Yo no voy contra las redes sociales, pero claro, sí que es evidente que a mí aquello no me hacía bien. A mí no me gustaría que a mis hijos les pasara porque te controla la voluntad con contenidos que no valen la pena.
Tiene un algoritmo muy potente.
Lo que me pasaba es que me enseñaba muchas cosas que, objetivamente, a mí no me interesaban, pero en mi subconsciente era como: “quiero más de esto, quiero que me enseñes más recetas friquis, que no me interesan para nada, ejercicios, bailes, reformas de casas, unboxings”. Absurdidades. Después sí que aprendí a modificar el algoritmo.
¿Cuánto tiempo llevas al frente de ‘Matins’?
Esta es la cuarta temporada dirigiendo y presentando.
Me da miedo ir cansada por la vida
¿Te da miedo cansarte?
No. Me da miedo ir cansada por la vida. Cansarme de Matins no, porque primero que el equipo es de puta madre. La franja matinal me gusta mucho, eso lo aprendí hace muchos años. Levantar el día informativamente es una cosa que a mí me atrae mucho.
¿A qué hora te levantas?
A las 4:45, sí. Pero al final te acostumbras.
¿Hay comunicación entre vuestra redacción y la redacción del ‘Tot es mou’ para no pisaros en cuanto a contenidos, entrevistas, debates...?
Hay coordinación, sí. Es otro formato, también tenemos que pensar que por la mañana hay poca gente que esté desde las 8 de la mañana hasta la una y tres cuartos del mediodía mirando la televisión. Quizás la tienen puesta, pero no prestan atención a todo, pero sí, sí, tenemos herramientas para coordinarlo.
¿Te imaginas presentando Matins muchos años más? ¿O tienes ganas de algún otro reto diferente?
Estoy muy bien en Matins. Ahora mismo no me sabría ver en cualquier otro lugar, pero bueno, nunca se puede decir nunca.
¿No te han hecho propuestas para conducir otros programas?
No, ahora mismo no.
¿Y alguna corresponsalía te haría ilusión? ¿Has soñado alguna vez con hacer alguna?
Hace años, pero no... estoy muy bien en Matins.
En el libro explicas que tus padres son muy duros y exigentes contigo, especialmente tu padre.
Ahora, con la edad, están aflojando un poco, pero tampoco mucho, sí, sí. He tenido unos padres exigentes.
¿Te han dicho alguna vez que están orgullosos de ti?
Yo sé que están orgullosos de mí.
¿Pero no te lo han dicho nunca?
Lo sé. Mi padre todavía hay días que me dice: “Aquí no me ha gustado” hace un análisis crítico, pero está muy bien tener gente que sabes que te dice la verdad y que no te da la píldora. Hacer un programa diario te obliga a ensayo y error y a pasar página rápidamente de todo lo que has hecho hoy, quedarte solo con los aprendizajes, pero claro, mañana vuelves a hacer otro, y por lo tanto tienes que intentar que esté igual, al mismo nivel o mejor que el del día anterior.
Tú también eres muy exigente y autocrítica. ¿Hay algo, laboralmente hablando, que te gustaría hacer antes de los cincuenta?
Sí, me queda muy poco para los cincuenta, no lo sé. Nunca he planificado lo que profesionalmente he hecho. Y no lo empezaré a hacer ahora. Como mínimo, no tengo la voluntad.
Tu debut literario fue con Soy feminista y no lo sabía, donde explicas cómo fue tu despertar feminista.
Correcto, me caí del caballo.
Hubo una (situación misógina) hace muchos años con Justo Molinero y no supe reaccionar
¿Cuál es la situación más misógina que has vivido en el trabajo?
En la tele hay algunas que se han visto y hubo una hace muchos años con Justo Molinero y no supe reaccionar, pero formaba parte del despertar feminista. Quiero creer que si ahora me pasara, reaccionaría diferente. Y digo quiero creer porque no sé si realmente no me volvería a quedar paralizada. Creo que no, pero me tendría que volver a pasar.
Tu crees que eso (la agresión verbal) la provocaste tu misma
Pones el foco en cómo reaccionaste tú, que en aquella situación eras la víctima de un comentario machista; en ningún caso eras la responsable de aquella falta de respeto.
Claro, pero tú piensas que quizás aquello lo provocaste. Son estas situaciones que vivimos las mujeres, que necesitamos revisitarlas con otras mujeres que nos digan que han pasado por lo mismo para darnos cuenta de lo que pasó. Aquello es una anécdota, pero al final el libro de Soy Feminista y no sabía lo que hace es revisitar muchas escenas, muchas vivencias, muchas experiencias que he vivido desde niña, que había colocado a un nivel y le había dado una explicación o ni siquiera eso. Y después me doy cuenta de que todas estas situaciones están atravesadas por un mismo malestar, que es el de: “esto me ha pasado porque soy mujer”. Y sí, en la tele hay algunas situaciones machistas que se han visto y hay otras que no. No hace falta que las enumere, pero es evidente, vivimos en un mundo machista todavía. Muchas actitudes nuestras incluso son machistas porque así hemos sido educadas y se trata de ir denunciándolas y visibilizándolas para que no se repitan.
¿Identificas alguna situación machista que se repita habitualmente en el trabajo y que te moleste especialmente?
Ahora mismo te diría que, como ya soy más mayor, a mí ya no me pasa tanto. Pero la mirada de determinados hombres sobre ti haciendo el trabajo, a veces eso ha sido una constante. Ahora no, porque creo que estoy en otra etapa.
¿Cuál ha sido la mejor entrevista que has hecho nunca?
La de la viuda de Pau Casals. Me acuerdo de que, con el realizador, nos lo curramos mucho. Y la conseguimos sorprender con música y fue muy tierno y me lo pasé muy bien.
Me gustaría entrevistar al presidente del Gobierno
¿Hay alguna persona que se te haya resistido?
Hay una lista larga de gente que me gustaría entrevistar. Claro, sí, sí, me gustaría entrevistar al presidente del Gobierno. La petición está hecha.
¿Y si tuvieras una lista en blanco y pudieras poner todos los nombres que quisieras entrevistar, quién aparecería?
Sería apasionante entrevistar a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.
¿Para entender qué?
Para entender qué está pasando por su cabeza ahora que ha hecho un mínimo viraje. Y cómo entiende Italia. A mí Italia es un país que me gusta mucho, hablo italiano y me parece que es muy interesante todo lo que está pasando y no pasando.
¿Por qué hablas italiano?
Porque hice el ERASMUS en Lugano, en Suiza.
¿Y si en esta lista solo pudieras poner nombres de catalanes?
Pues hay unos cuantos consellers o conselleres que me gustaría que pasaran por Els Matins.
Todos los nombres que mencionas son personas que están en primera línea política, ¿siempre te has sentido cómodo con la información política o te gusta, también, la parte cultural?
A mí todo lo que es la información política me gusta mucho. Siempre digo que es como una serie, son como capítulos y que, a medida que vas sabiendo, van pasando cosas y todo tiene un sentido. No siempre se lo encuentro, pero mayoritariamente sabes de dónde vienen, por qué pasan las cosas y eso me apasiona. Y no descarto que algún día me pase a la información cultural. Pero ahora mismo estoy cómoda donde estoy.
¿Tienes tiempo de ir al teatro o al cine?
Tengo poco tiempo. La última película que he ido a ver es Project Hail Mary, una película de ciencia ficción que no es que me apasione, pero va bien para evadirme durante dos horas y también para pensar un poco sobre la vida extraterrestre y sobre comunicarse con alguien con quien no te entiendes.
Has vivido momentos históricos muy importantes periodísticamente. ¿Cuál destacarías?
El atentado de ETA contra Isaías Carrasco, que era un concejal, a las puertas de unas elecciones. Pero también me acuerdo de la manifestación del 10 de julio por la sentencia del Estatut, el año 2010, la aprobación de la Ley de la Amnistía en el Congreso, que estábamos haciendo el programa de Matins desde allí. Sí, son jornadas que han sido muy intensas porque cuando hacemos estos despliegues, vamos todo un grupo y se recuerdan especialmente.
El 1 de octubre yo estaba de baja maternal, porque mi hijo tenía solo dos meses
Me pensaba que mencionarías el 1 de octubre de 2017.
Es que el 1 de octubre yo estaba de baja maternal, porque mi hijo tenía solo dos meses. Me lo estaba haciendo todo encima, desde casa. Igual que los atentados del 17-A, hacía dos días que había parido.
¿En algún momento creíste que la independencia sería posible?
No creo que importe mi reflexión sobre esto porque yo soy periodista y mi opinión no tengo por qué compartirla.
Yo con Ricard Ustrell ningún problema. Él me envió mensajes después diciendo: “No es nada personal, Ariadna, disculpas”.
Al inicio de la entrevista hacías referencia a los dosieres que os preparan para encarar los debates electorales. Hace un par de años tú presentaste el debate electoral de TV3 y Ricard Ustrell dijo que prefería “tender o colgar cuadros” y no mirarlo. Posteriormente, y en directo, le respondiste de una manera contundente. ¿Qué tal la relación con Ustrell, ahora? ¿Os habéis reconciliado?
Bueno, no es que me tenga que reconciliar o no, con Ricard somos compañeros de empresa y él hace un programa en la radio y yo hago un programa en la tele que coincide con franjas. Hace muchos años que lo conozco, desde que empezó. Él me envió mensajes después diciendo: “No es nada personal, Ariadna, disculpas”. Yo con Ricard Ustrell ningún problema. Si me lo encuentro, perfectamente, o sea, no quedamos para tomar una birra ni nada, aunque él sabe dónde vivo, quiero decir que tenemos el teléfono.
Admiro a Mònica Terribas, a Josep Cuní y a Antoni Bassas
Hablando de compañeros de profesión, ¿a qué compañeros admiras?
Pues mira, admiro a compañeros que no han salido por pantalla y me han enseñado mucho y también admiro a Mònica Terribas, a Josep Cuní y a Antoni Bassas.
El libro denota una preocupación por la IA. ¿La utilizas?
La uso muy poco. Cuando escribí el libro estaba más preocupada que entusiasmada. Ahora yo diría que estoy un 50-50. Es decir, creo que tiene unas posibilidades inmensas, creo que realmente me puede ayudar en algunas cosas, en otras no.
¿Qué te preocupa?
La gobernanza no ética de esta inteligencia artificial. Manel Sanromà, que es un gurú de internet que tenemos aquí en nuestra casa, decía que el chat GPT es realmente una revolución que aún se está cociendo, pero cambiarán cosas de forma muy trascendente. Y espero estar preparada y que lo estemos todos.
El periodismo no debe dejar de hacer una cosa, que es ir a los lugares, mirar, preguntar, que es la herramienta básica del periodista
¿Cómo te imaginas el periodismo dentro de 5 o 10 años?
No lo sé, sería atrevido por mi parte decirlo. Pero sí que creo que el periodismo no debe dejar de hacer una cosa, que es ir a los lugares, mirar, preguntar, que es la herramienta básica del periodista. Después tendrás respuesta o no, pero preguntar. Y ponerle contexto, entender por qué pasan las cosas, para poderlas explicar.
Hacer preguntas es fácil, pero hacer una buena entrevista no tanto. ¿Te consideras una buena entrevistadora?
Eso no lo debería decir yo. Seguro que hay momentos en que las preguntas son ajustadas y otros no.
No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero creo que uno de los buenos entrevistadores que tenemos en el país es Albert Om, que tiene la capacidad de crear un ambiente muy relajado donde la persona entrevistada se abre y acaba explicando cosas muy personales. En tu caso, haces otro tipo de entrevistas, eres muy incisiva, porque, tu objetivo es extraer información de los políticos, contrastarla, etc.
Correcto, correcto. Son estilos diferentes.
¿Qué entrevistadores del país destacarías?
A mí me gusta escuchar un poco de todo, y lo que sí que noto es que, en una entrevista, la clave está en crear un clima y que al final haya una conversación. Quiero decir, que tú escuches lo que te dicen y a partir de ahí puedas repreguntar. Y que también todo aquello acabe teniendo un sentido circular. Las entrevistas se tienen que preparar, en el caso de Matins hay redactores que se dedican a cada uno de los temas, trabajamos las entrevistas, las revisamos y después hay las preguntas improvisadas.
¿Recibes mucha presión por parte de los políticos?
No.
Al final del libro explicas que el vídeo se ha impuesto a la noticia leída. ¿Crees que es un cambio positivo o negativo?
Quién soy yo para decir qué es malo. Yo creo que el vídeo, ahora mismo, es el formato que en redes está triunfando más. Lo que pasa es que todo el mundo está haciendo vídeos. El audiovisual es lo que más se consume. Y del tema vídeo yo sé un poco, entonces jugamos en nuestro campo.