Antonio Martínez: "El objetivo de la desinformación no es hacer creer mentiras sino conseguir que no te creas nada"

Antonio Martínez Ron (Madrid, 1976) es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid e inició su trayectoria profesional en la radio y el periodismo digital, donde se especializó en comunicación científica. En el año 2003 creó el blog Fogonazos, dedicado a los «asombros cotidianos» de la ciencia, que se convirtió en una referencia de la divulgación científica. Posteriormente, cofundó la plataforma Naukas, uno de los proyectos de divulgación más importantes de España. A lo largo de su carrera ha colaborado con numerosos medios de comunicación, entre los que destacan La 2, Cadena SER, La Sexta, RNE, Onda Cero y Vozpópuli. Actualmente escribe en elDiario.es. y es autor de diversos libros de divulgación, entre los que destacan El ojo desnudo, ¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos?, Papá, ¿dónde se enchufa el sol? y Algo nuevo en los cielos. Su labor ha sido reconocida con varios galardones, entre los que destacan el Premio Ondas y el Premio de Periodismo Científico Concha García Campoy. Nos encontramos en el CosmoCaixa de  Fundació "la Caixa" en el marco de la celebración de Naukas Barcelona «Ciencia para salvar el mundo» para conversar sobre el papel del periodismo científico, la divulgación y los retos de comunicar la ciencia a la sociedad.

¿Cómo nace Naukas?

Hacia el 2009-2010 éramos tres blogueros que nos juntamos: Javier Peláez, Miguel Artime y yo. Nos conocimos en un encuentro de blogs, aunque yo ya conocía a Miguel de antes. Una noche, tomando unas copas, decidimos que queríamos hacer algo juntos porque nos apasionaban la ciencia y la divulgación. La idea era un plan "maquiavélico" para dominar el mundo y llenarlo de ciencia poco a poco, reuniendo a muchos colaboradores científicos y blogueros para hacer algo más ambicioso y hacer piña. En aquel momento íbamos a menudo invitados a eventos de blogs, comunicación e internet muy aburridos. Teníamos como referencia algunas iniciativas del mundo anglosajón que nos parecían muy interesantes y decidimos intentar adaptar aquel modelo. Aunque al final hicimos cosas muy propias.

¿Ya teníais pensado organizar eventos o primero llegaron los blogs?

Primero fue un blog donde publicábamos muchos contenidos con numerosos colaboradores, pero siempre tuvimos claro que los eventos eran la parte más importante. Pensamos que haríamos nuestro propio festival, no un congreso universitario, sino algo destinado al público general, gratuito y con un formato atractivo. Así nació Amazings, que después se convirtió en Naukas. Lo empezamos en Bilbao y, poco a poco, el formato fue cogiendo forma y éxito. El espacio se quedó pequeño porque se formaban colas enormes. Hacíamos dos o tres días de divulgación, incluyendo actividades para niños, y posteriormente empezamos a llevar el modelo a otras ciudades.

¿Cómo ha evolucionado el proyecto desde entonces?

Desde Bilbao pasamos a Burgos, más tarde a A Coruña, Valladolid, Palma y ahora también Barcelona. Se ha expandido mucho porque hay mucho interés. Al final, es una manera de sumar esfuerzos para hacer llegar la ciencia a la gente de la forma más amena y cercana posible.

Naukas empezó como una plataforma de blogs. ¿Hemos entrado en la era de los creadores de contenido y al final de los blogs?

Nuestra filosofía siempre ha sido vivir el mundo real y hacer eventos con la gente. Es el modelo que más nos satisface. Con el tiempo, el blog ha perdido casi todo el protagonismo porque este formato ha quedado un poco atrás respecto a las redes sociales. Por eso decidimos dedicarnos plenamente a la divulgación presencial.

Lo que queremos es que ir a escuchar ciencia sea como ir a ver un espectáculo

¿Cómo veis la evolución del ecosistema digital?

Todo está cambiando. El declive de Twitter es evidente y otras alternativas como Bluesky tampoco acaban de consolidarse. La sensación es que la gente no quiere más redes sociales, sino menos. Excepto formatos muy inmediatos y exitosos como TikTok o Instagram, que tampoco han sido nuestra apuesta. Ahora, hay un cierto retorno a formatos como los boletines electrónicos en nuestro caso, porque hemos creado una comunidad. De todas maneras, nosotros decidimos salir de esta competición y centrarnos en organizar eventos para que la gente disfrute escuchando charlas de ciencia.

¿Qué habéis aprendido sobre comunicación científica después de dieciséis años al frente de Naukas?

Ha habido una evolución constante. Se ha creado una especie de escalada virtuosa en la que todos los ponentes quieren dar la mejor charla posible. Unos aprenden de otros y esto genera una competencia sana para sorprender al público. También se ha creado una "escuela de divulgación" que antes no existía. Se trata de generar una cultura de la divulgación científica, que en España todavía es muy incipiente. De este ecosistema han surgido proyectos de divulgación científica, pódcasts y programas de televisión como Órbita Laika.

¿Qué formatos os han ayudado más a conectar con el público?

Hemos aprendido mucho de la interacción con las disciplinas artísticas. Hemos incorporado actuaciones, magia, danza, música, conciertos..etc. Al final, lo que queremos es que ir a escuchar ciencia sea un espectáculo, igual que una obra de teatro o una película. En el Reino Unido y en Estados Unidos esto es habitual; aquí todavía no tanto.

Antonio Martínez. Crèdits: Núria Coll Bonfill
Antonio Martínez. Créditos: Núria Coll Bonfill

¿Creéis que ha aumentado la cultura científica de la sociedad?

Es difícil de decir. Lo que sí sabemos es que hemos aumentado el número de eventos, que nuestros eventos han crecido y que la gente sigue viniendo. No solo eso, sino que a menudo hay personas que se quedan fuera porque no caben. En Valladolid, por ejemplo, una hora y media antes de empezar ya se forma una cola enorme que atraviesa toda la Plaza Mayor. Esto nos hace pensar que este formato funciona.

¿Qué habéis aprendido sobre la consolidación de estos proyectos?

Hemos aprendido que las cosas necesitan tiempo. Puedes tener mucho nombre e ir a una ciudad donde la fecha no es buena o la promoción no ha funcionado, y las expectativas no se cumplen. Pero si persistes, haces las cosas bien y dejas que funcione el boca a boca, la gente acaba llegando. Caso de Palma— La paciencia también forma parte de la lección.

¿Cómo ha cambiado la divulgación científica desde que empezasteis?

Hemos ido perfeccionando los formatos y también haciéndolos más interesantes. Por ejemplo, Naukas Rayo, en Valladolid, está centrado en la ciencia del futuro. También hacemos eventos más temáticos y algunas charlas son más largas que las clásicas intervenciones de diez minutos de Bilbao de los inicios. El gran valor de Naukas ha sido el grupo de personas que se han sumado. Hay mucho talento y, para muchos divulgadores y divulgadoras, fue el primer escenario antes de tener un gran recorrido profesional.

Me gusta mucho una frase de Iñaki Gabilondo que dice que los periodistas somos como el agua potable durante una crisis humanitaria

¿Cómo llegaste al periodismo científico?

Trabajaba en periodismo político y, paralelamente, hacía divulgación en mi tiempo libre. En el año 2003 fundé el blog Fogonazos. Mientras tanto, era jefe de cierre en un diario digital. A medida que mi faceta divulgadora ganaba visibilidad, algunos directores me proponían dirigir la sección de ciencia. Durante años me negué porque me parecía poco respetuoso y porque sabía que las secciones de ciencia acostumbraban a ser las primeras en sufrir los recortes.

¿Qué te hizo cambiar de opinión?

Finalmente, cuando nació mi hija y necesitaba unos horarios más compatibles con la vida familiar, negocié el cambio y acabé en la sección de ciencia.

¿Te consideras una excepción dentro del periodismo?

No especialmente. Hay muchos compañeros, periodistas científicos, que han seguido trayectorias parecidas.

¿Cómo afectan las plataformas digitales a la divulgación científica?

Creo que todo funciona por ciclos. También hay intereses políticos y económicos que han aprovechado estas herramientas para recuperar determinadas jerarquías. Twitter, por ejemplo, era muy incómodo para algunos grandes poderes. Lo compraron y lo desmontaron.

A pesar de ello, ¿eres optimista sobre el futuro de la información científica?

Me gusta mucho una frase de Iñaki Gabilondo que dice que los periodistas somos como el agua potable durante una crisis humanitaria. Si persistes haciendo información de calidad y generando confianza, la gente acabará buscando una fuente fiable donde beber.

¿La situación geopolítica actual es uno de los principales retos para comunicar ciencia?

La dinámica geopolítica del mundo es un gran reto. Las tonterías viven un momento extraordinariamente dulce y la ciencia, en cambio, un momento de retroceso.

El periodista científico es un perfil muy valioso para cualquier redacción ya que es un perfil entrenado para desconfiar

¿La desinformación científica es más difícil de combatir ahora que hace diez años?

Claramente sí. Muchas de las herramientas que pensábamos que servirían para mejorar la información también se han convertido en canales para la desinformación. Ahora, además, se añade la inteligencia artificial. Se ha llegado a un punto en que el objetivo no es hacer creer mentiras sino conseguir que no te creas nada. Que haya tanta confusión que nada parezca fiable.

¿Qué retos plantea la inteligencia artificial a la divulgación científica?

Estoy en medio de un debate muy polarizado entre quienes están totalmente a favor y quienes están totalmente en contra. Si miras el panorama global, hay aspectos preocupantes: consumo de recursos desmesurado y usos muy cuestionables. Pero también es una revolución enorme.

¿Qué oportunidades ofrece para la ciencia?

Las herramientas de análisis de datos y los modelos de lenguaje están transformando la manera de hacer ciencia. En ámbitos como la medicina, por ejemplo, están ayudando en el diseño de nuevos fármacos. La inteligencia artificial es mucho más que ChatGPT o que el relato apocalíptico que a menudo se hace de ella. Es una tecnología seria y muy interesante.

¿La ciencia tiene un problema de aceptación social?

La división entre letras y ciencias es completamente artificial. Durante años hemos intentado combatir esta idea de que la ciencia es difícil e inaccesible. No es una cuestión de todo o nada, sino de un proceso gradual. Para que la ciencia llegue a la ciudadanía se necesitan infraestructuras, referentes y canales de comunicación. Esto es lo que genera un ecosistema rico. En otros países como los anglosajones, funciona mejor porque llevan doscientos años trabajando esta tradición. Aquí esta cultura prácticamente no existía.

¿Hay suficiente ciencia en los medios de comunicación?

La situación ha mejorado. Pero no hay suficientes todavía. Antes había más sensacionalismo y menos rigor. Ahora, hay más canales. Pero sigue habiendo una falta de visión estratégica. La ciencia a menudo se considera una sección secundaria hasta que llega una crisis climática o sanitaria y, de repente, todo el mundo busca a los periodistas científicos.

La ciencia debería ser transversal y no una sección aislada

¿Cómo se debería abordar la información científica en los medios?

La ciencia debería ser transversal y no una sección aislada. Los periodistas científicos estamos entrenados para valorar pruebas y cuestionar afirmaciones. Es un perfil muy valioso para cualquier redacción. Al final es un perfil entrenado para desconfiar.

¿Por qué es importante reivindicar también la ciencia básica?

Muchos grandes descubrimientos han llegado mientras se investigaban cosas que, aparentemente, no tenían una aplicación inmediata. Por eso creemos que toda la ciencia es útil, aunque a veces no sea evidente.

¿Cómo se puede mantener el rigor científico sin perder capacidad de entretenimiento?

El secreto es no comunicar desde la superioridad. No queremos parecer más listos que nadie. Somos personas curiosas que explicamos las cosas como lo haríamos a un amigo en un bar. La gente no viene a una clase. Viene a pasárselo bien y a estimular la imaginación.

¿Qué papel juega el humor?

El humor es fundamental. No quita seriedad a los contenidos, sino que crea confianza y elimina barreras. Cuando se habla de un tema que a menudo ha parecido intimidante, el humor es una herramienta imprescindible.

Se nota que lo vivís. ¿Por qué te gusta tanto la ciencia?

Porque es el ámbito más divertido del mundo [ríe]. Creo que tengo el mejor trabajo del mundo porque no soy científico. No necesito sacrificar mi vida para encontrar determinadas datos ni pasarme horas y horas investigando. Pero sí que tengo la suerte de ir picoteando aquí y allá con toda la gente que está trabajando en lugares nuevos y abriendo fronteras. Esto te da una visión muy amplia, aunque no muy profunda. Siempre digo que los periodistas tenemos un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad, pero esta mirada te permite entender qué está pasando, hacia dónde va la ciencia y cuáles son los nuevos campos prometedores. Esta chispa de curiosidad creo que es inagotable. Ahora, con los años, me he dado cuenta de que hubo un momento en que pensaba que acabaría aburriéndome, pero evidentemente no ha sido así y seguiremos.