La energía que no se consume también es una forma de energía. En un contexto marcado por el aumento de la demanda eléctrica, la necesidad de reducir emisiones y la volatilidad de los mercados energéticos, utilizar mejor los recursos disponibles se ha convertido en una pieza clave de la transición hacia un modelo más sostenible.
La demanda eléctrica máxima podría aumentar aproximadamente un 40% hasta 2035, según la edición de 2025 del World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía. El crecimiento estará impulsado, entre otros factores, por la industria, los edificios y el transporte. Al mismo tiempo, las energías renovables, especialmente la solar fotovoltaica, tendrán un peso cada vez mayor en la generación eléctrica.
El reto, por tanto, tiene una doble vertiente: producir más energía limpia y, al mismo tiempo, reducir el consumo necesario para mantener los mismos servicios. Calefacción, refrigeración, iluminación o producción industrial pueden funcionar de forma más eficiente mediante tecnologías y sistemas capaces de aprovechar mejor cada unidad de energía.

En este escenario cobra especial relevancia el Día Mundial del Ahorro de Energía, que se celebra el 21 de octubre. Una fecha que sirve para poner el foco en una cuestión que va mucho más allá de reducir costes: mejorar la eficiencia energética es también una vía para combatir el cambio climático, reforzar la competitividad y avanzar hacia un sistema energético más autónomo y resiliente.
Más eficiencia, más renovables y menos emisiones
Los efectos del cambio climático añaden presión sobre los sistemas energéticos. El aumento de las temperaturas y de los fenómenos meteorológicos extremos puede incrementar la demanda de climatización, mientras que un contexto geopolítico inestable puede generar volatilidad en los precios y afectar al suministro de combustibles.
Ante esta situación, mejorar la eficiencia y apostar por energías renovables de proximidad resulta fundamental para reducir emisiones, contener costes y reforzar la seguridad energética. Es en este contexto donde Veolia acompaña a empresas, municipios, hospitales y otros organismos en sus procesos de transición energética y descarbonización.
Su propuesta combina energías renovables, eficiencia energética, electrificación y digitalización, adaptando cada proyecto a las características de cada instalación y territorio. En España, Veolia gestiona 12.505 instalaciones que producen 1.671 GWh de energía eléctrica y térmica y permiten evitar la emisión de 119.000 toneladas equivalentes de CO₂.
Entre sus soluciones se encuentran la biomasa, con más de 250.000 toneladas producidas anualmente a partir de restos vegetales y forestales; la geotermia, que en 2025 atendió a más de 100 clientes en España; las redes de calor y frío, con más de 600 edificios conectados y 80 kilómetros de red; o la energía solar fotovoltaica, con 256 instalaciones y 345 MWp de potencia en operación y mantenimiento.
Cuando los datos se convierten en ahorro
La eficiencia no depende únicamente de qué fuente de energía se utiliza, sino también de cómo se gestiona y optimiza el consumo. La digitalización permite conocer en tiempo real qué ocurre en una instalación y detectar oportunidades de mejora que pueden pasar desapercibidas.
Veolia cuenta para ello con Hubgrade, un ecosistema de soluciones digitales que monitoriza y optimiza la gestión del agua, la energía y los residuos. La plataforma permite supervisar las instalaciones en tiempo real, identificar posibles ineficiencias, anticipar incidencias y analizar el rendimiento de los equipos mediante herramientas predictivas e inteligencia artificial.

En el ámbito energético, Hubgrade ayuda a detectar pérdidas y consumos innecesarios, optimizar la calefacción, el aire acondicionado, la iluminación y la ventilación, mejorar el uso de las energías renovables y anticipar averías.
Esta apuesta por la digitalización también se materializa en el nuevo centro Hubgrade de Granollers, que amplía las capacidades de monitorización y gestión inteligente de las instalaciones. La tecnología se combina con la experiencia de los profesionales de Veolia, que trabajan junto a los equipos de cada cliente para interpretar los datos y mejorar de forma continua el funcionamiento de los sistemas.
Soluciones que ya están en marcha
La combinación de eficiencia, renovables y digitalización ya se aplica en proyectos concretos. Es el caso de Ecoenergies Barcelona, una red urbana de calor y frío desarrollada mediante una alianza público-privada entre Veolia y el Ayuntamiento de Barcelona, a través de BSM.
El proyecto recupera el frío residual de la central de Enagás en el puerto de Barcelona, procedente del proceso de gasificación del GNL, y aprovecha el calor generado a partir de biomasa procedente de las podas urbanas. Esta energía abastece a viviendas, industrias y edificios de Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat.
Otro ejemplo se encuentra en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, donde Veolia ha construido una central térmica de última generación y una instalación fotovoltaica de 11.500 metros cuadrados. El proyecto permite que el 17% del consumo eléctrico del hospital proceda de energías renovables y genera un ahorro energético de 81.000 kWh al año. Además, permite reducir las emisiones de CO₂ en 41.421 toneladas y cuenta con Hubgrade para supervisar y optimizar las instalaciones en tiempo real.
Ahorrar energía, en definitiva, no significa únicamente consumir menos, sino conseguir que cada unidad de energía se utilice de la forma más eficiente posible. Una combinación de tecnología, renovables y gestión inteligente que puede contribuir a construir un sistema energético más sostenible y preparado para los retos de las próximas décadas.