Cada 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, una fecha que pone el foco en la prevención de las enfermedades cardiovasculares y en la importancia de conocer los factores que pueden aumentar el riesgo. Entre ellos se encuentra el colesterol, aunque una analítica con valores por encima de los recomendados no significa automáticamente que exista un problema cardiovascular grave. Según la Dra. Zamira Gómez, cardióloga del Instituto del Corazón de Quirónsalud Dexeus del Hospital Universitari Dexeus, el colesterol "nunca debe valorarse como un elemento aislado, sino en el contexto del riesgo cardiovascular global del paciente". La especialista lo compara con una pieza de un puzle: para conocer el riesgo real, hay que encajarla con otros factores como la presión arterial, el tabaquismo, la diabetes, la edad o los antecedentes familiares.
¿Qué valora un cardiólogo ante un colesterol elevado?
Lo primero es calcular el riesgo cardiovascular global. En Europa, una de las herramientas utilizadas para hacerlo es mediante el SCORE2, una tabla de estratificación de riesgo que permite clasificar a los pacientes según su nivel de riesgo cardiovascular.
Para ello se tiene en cuenta si la persona ha sufrido un infarto o un ictus, si tiene diabetes, hipertensión o enfermedad renal crónica, si fuma, su edad y sexo, así como los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura o determinadas enfermedades inflamatorias.
Además, algunas pruebas pueden ayudar a completar la valoración. "Un TAC que mide el calcio de las arterias coronarias, las ecografías de las arterias carótidas o femorales y el ecocardiograma Doppler color nos pueden aportar información adicional", explica la cardióloga.
No todo depende del colesterol "malo"
El LDL es conocido popularmente como colesterol "malo" porque se encarga de llevar el colesterol a las células que lo necesiten, pero cuando se encuentra elevado, puede acumularse en las paredes de las arterias y contribuir a la formación de placas de ateroma, dando lugar a la aterosclerosis.
El HDL, conocido como colesterol "bueno", ayuda a retirar el exceso de colesterol de la sangre y transportarlo hasta el hígado para su eliminación. Por eso, no basta con mirar el colesterol total. Esta cifra es la suma de diferentes tipos de colesterol y puede ocultar el riesgo real, que depende de la proporción entre ellos y, sobre todo, del conjunto de factores cardiovasculares.
Dos personas con el mismo colesterol pueden tener riesgos muy distintos
Una persona de 30 años, que no fuma, practica deporte, tiene un peso adecuado, la presión arterial normal y no padece diabetes, puede presentar un LDL elevado y, aun así, tener un riesgo cardiovascular bajo a corto y medio plazo.
En cambio, un paciente de mediana edad que fuma, tiene diabetes, hipertensión y sobrepeso puede presentar un riesgo mucho mayor aunque sus niveles de colesterol no parezcan especialmente elevados. "El riesgo cardiovascular global no depende exclusivamente de una cifra aislada de colesterol, sino de la suma e interacción de múltiples factores de riesgo", señala Gómez.
Hipertensión, tabaco, diabetes y obesidad también cuentan
La hipertensión aumenta la presión sobre las paredes de las arterias y puede favorecer que el colesterol se acumule en ellas. La diabetes puede dañar el endotelio, favorecer la inflamación y aumentar el riesgo de trombosis y obstrucción arterial.
El tabaquismo provoca una lesión directa de las arterias, aumenta la predisposición a formar trombos y reduce la disponibilidad de oxígeno. El sobrepeso y la obesidad, además, favorecen la aparición de hipertensión, diabetes y alteraciones del colesterol y los triglicéridos. También existen factores que no pueden modificarse, como la edad o la predisposición genética. Esta última puede valorarse, entre otras herramientas, mediante una analítica que determine la lipoproteína(a).
¿Cuándo hay que tomar medicación?
En personas con un riesgo cardiovascular bajo o moderado, sin enfermedad vascular previa y con alteraciones leves, los cambios en el estilo de vida pueden ser suficientes para mejorar el perfil lipídico. Cuando el riesgo es alto o muy alto, existe daño orgánico o una predisposición genética importante, puede ser necesario recurrir al tratamiento farmacológico.
En cualquier caso, la medicación no sustituye a los hábitos saludables. "El tratamiento debe ser integral: estilo de vida cardiosaludable, tratamiento farmacológico cuando esté indicado y seguimiento clínico del paciente", apunta la especialista.
Desconfía de los remedios "milagro"
Las redes sociales están llenas de suplementos, infusiones y remedios que prometen reducir el colesterol o "limpiar" las arterias. Sin embargo, no existe ninguna bebida o suplemento capaz de deshacer una placa de ateroma de forma milagrosa.
"Siempre hay que desconfiar de cualquier producto que prometa un resultado milagroso", advierte Gómez. Confiar en estos productos puede generar una falsa sensación de seguridad y retrasar un tratamiento médico necesario. Tampoco es necesario eliminar automáticamente determinados alimentos, como el huevo, por el simple hecho de tener el colesterol elevado. La alimentación debe valorarse en su conjunto.
Los hábitos que sí protegen el corazón
La alimentación, la actividad física y el control del peso son pilares fundamentales. La especialista recomienda sustituir las grasas saturadas, como las de la mantequilla, por aceite de oliva, frutos secos y pescado azul, además de priorizar legumbres, avena y otros alimentos ricos en fibra y limitar las harinas refinadas y los azúcares añadidos. El ejercicio ayuda a mejorar el perfil lipídico y el metabolismo de los triglicéridos. A ello hay que sumar el abandono del tabaco y mantener un peso y un perímetro abdominal saludables.
Ante una analítica con colesterol elevado, por tanto, el mensaje es claro: no hay que quedarse únicamente con una cifra. "Siempre estamos a tiempo de modificar el riesgo para evitar tener una enfermedad establecida", concluye la cardióloga. La recomendación es consultar con un especialista para valorar el riesgo cardiovascular global y determinar las medidas más adecuadas en cada caso.
