La agenda del papa León XIV lo ha llevado este miércoles al barrio del Raval de Barcelona para reunirse con responsables de instituciones que se dedican a luchar contra la pobreza y la exclusión. El encuentro se ha celebrado en la iglesia de Sant Agustí, y la intervención del pontífice ha tenido un cariz eminentemente social. Ha hablado de infancia y de vejez, de soledad, de caridad y de perdón y ha subrayado una vez más la necesidad de situar a la persona en el centro de las preocupaciones de la Iglesia.
"Es una alegría encontrarme esta tarde con todos vosotros, que, de diferentes maneras, estáis vinculados a la asistencia, acompañamiento y promoción de quienes más lo necesitan, sobre todo en los tiempos que vivimos, en los que parece haberse perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano", ha advertido.
"Como en casa"
Esta visita era especialmente significativa por el hecho de que León XIV es agustino y esta iglesia está regentada por la comunidad agustina. Y León no ha escondido esta circunstancia. "Muchas gracias por la acogida. Aquí, de verdad, me siento en casa. Gracias por todo lo que ustedes representan", ha declarado el pontífice, que ha recordado que ya había estado en esta iglesia en 1984, pero se la encontró cerrada. De hecho, en esta cita el pontífice se ha saltado el discurso que llevaba previsto, lo cual lo ha obligado a confesar que tenía que retomar el hilo del texto, "si no, nos perderemos y acabaremos a las 8:30". El actual rector de la iglesia, Faustin Mlelwa, fue, además, el chófer de Robert Francis Prevost cuando era prior general de la orden de los agustinos, en un viaje que hizo a Tanzania. Precisamente Mlelwa protagonizó la semana pasada una intervención rechazando que se le exija al Papa que utilice el catalán durante su visita, con el argumento de que "estamos en España y la lengua nacional es el español". El Papa, no obstante, ha vuelto a usar el catalán en parte de su intervención.
Entre los presentes en la iglesia destacaban las representantes de la comunidad de las Misioneras de la Caridad, fácilmente reconocibles por el hábito blanco y azul de la Madre Teresa de Calcuta, que cada día dan de comer a entre 300 y 400 personas. Antes del parlamento del Papa, le han dirigido unas palabras representantes de Cáritas; de la Obra de Integración Social (Obinso), que se dedica a atender a exconvictos y adictos; y de Adoratrices, que trabajan asistiendo a exprostitutas.
Asimismo, se ha proyectado un vídeo con la historia de un niño, Enzo, de 6 años, que ha escrito una carta al Papa, y que se la ha entregado, planteándole preguntas. Entre otras, le ha preguntado si le gusta el fútbol, si de pequeño quería ser papa, por qué hay tantas personas que viven en la calle y nadie los ve ni los ayuda, o por qué hay tantos abuelos solos, si son tan importantes.
No quería ser papa
"No quería ser papa, ni de joven ni de viejo, pero cuando el Señor llama, hay que decir sí", ha respondido León. A partir de aquí, la infancia ha protagonizado una parte de su intervención, en la que ha asegurado que "cada niño es un sueño de Dios". En cuanto a la gente mayor, ha advertido que son muy importantes en la vida de las familias y "nunca deberían quedarse solos". "No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos más mayores", ha reclamado.
El pontífice, igual que hizo el martes durante la vigilia del Estadi Olímpic, se ha referido al perdón y, de nuevo, ha advertido que el perdón no quiere decir olvidar por fuerza como si nada hubiera pasado, sino que "perdonar significa no dejar que el odio se convierta en amo de nuestro corazón".
