El PP ha retomado la precampaña tras el trágico accidente de Urda que, de momento mantiene un balance de 69 muertos, endureciendo el discurso contra el Gobierno de Pedro Sánchez y dejando claro hasta qué punto la colisión de los dos trenes ha marcado la carrera electoral. El presidente del partido, Alberto Núñez Feijóo, ha denunciado ante el comité nacional del partido que "incluso esta tragedia se gestiona pensando en el poder como único fin". Ha asegurado que el miércoles, mientras los servicios de seguridad intentaban rescatar a las víctimas, el gobierno buscaba "cómo quitarse la responsabilidad de encima y a quién endosarle esta responsabilidad". "Ya no es que sea evidente que no son buenos gestores; es que dudo que sean buena gente. Porque esta actitud es infame, cruel y ruin", ha estallado.
Feijóo ha reprochado que, mientras los familiares del accidente de Adamuz después de nueve meses todavía esperan saber exactamente las causas del accidente, el miércoles el Ministerio de Transportes en cuestión de horas encontró un culpable, "como si todo el sistema ferroviario se redujera a un trabajador", "como si no existieran servicios de seguridad, ni mantenimiento, ni conservación y supervisión imprescindible". "Como si no existiera responsabilidad política ante dos accidentes continuados con más de 115 muertos en la misma línea después de fallar todo lo que puede fallar", ha añadido.
El líder popular ha reprochado que el ministro Óscar Puente se lamentara del calvario que le espera en la campaña electoral —"No, señor ministro, el calvario no lo sufre usted, lo sufren las familias que esperan un cuerpo, los heridos", ha puntualizado—; ha lamentado que el ministro asegurara que solo se marcharía si su continuidad afectaba a su partido, "no a las víctimas, no a los españoles; a su partido"; y ha asegurado que el PSOE ha encargado encuestas para decidir si lo cesan o no. "Todavía no han entregado todos los cuerpos a las familias y están con sondeos para ver si les perjudica o les beneficia electoralmente el cese del ministro", ha reprochado. Según Feijóo, decidir si se cesa al ministro en función de las encuestas explica "el nivel moral de esta gente, que es ninguno".
Feijóo ha diagnosticado que, para el Gobierno Sánchez, estos ocho años el poder ha sido un fin en sí mismo y ha advertido que, cuando este es el objetivo, todo lo demás se pone a su servicio: la verdad no existe, sino que lo que importa es cómo se explica; las instituciones dejan de ser de todos y se ocupan para que obedezcan al gobierno; y el adversario deja de ser alguien con quien discrepar y se convierte en alguien a quien aislar tras un muro. "Y gestionar deja de ser importante, porque los problemas reales nunca generan tanto titular como la política convertida en espectáculo", ha remachado. La conclusión es que "cuando el poder es el fin, cualquier cesión es admisible; todo vale para llegar y, sobre todo, para quedarse".
Ha asegurado que si de él dependiera quién daría mañana la cara en la Diputación Permanente del Congreso no sería el ministro, sino el presidente, porque el ministro ya habría cesado y, de hecho, nunca habría sido nombrado para tal responsabilidad. Sin embargo, ha añadido que, a estas alturas, lo de menos es si dimite o no. "En menos de un mes los dimitiremos en las urnas", ha sentenciado Feijóo, quien ha subrayado su perfil de gestor en los distintos cargos que ha ocupado y ha reivindicado "la gestión, el rigor y la experiencia, y la seriedad, que no es un defecto, sino una forma de respeto".
La intervención del líder popular, repetidamente interrumpida por los aplausos de los asistentes, tuvo un momento especialmente emotivo cuando evocó la figura de la exministra Fátima Báñez y "su manera de entender la política y la vida".
