El fiscal Javier Zaragoza, que lleva el peso de los interrogatorios de la fiscalía -no exento de polémica- en el juicio al procés, recibió ayer el Premio Aragón de manos del presidente de este territorio, Javier Lambán.

El premio lo otorga el gobierno aragonés cada año por San Jorge, patrón de Aragón y festivo oficial, y es el máximo galardón que otorga esta comunidad autónoma, que reconoce la tarea profesional del galardonado en campos como la cultura, la ciencia, la tecnología o los valores humanos.

En el caso del fiscal, se le ha concedido por "su labor en la promoción de la justicia, en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público; por su compromiso cívico y por su notoria y profunda vinculación con Aragón", añadiendo, que su "brillante trayectoria profesional" y su "valía moral, su rigor técnico, y el continuado servicio al Estado y su pedagogía", le han convertido en un "aragonés ejemplar y un referente indiscutible en la defensa de los valores constitucionales".

 

En su discurso de aceptación, el fiscal Zaragoza, nacido en Alcorisa (Teruel), lanzó varias alusiones implícitas al juicio al procés, como que "la supremacía de la voluntad popular sobre la ley y al margen de la ley está en el origen de funestas experiencias históricas bien conocidas", o bien que "la justicia penal ha tenido que responder al desafío más grave contra el orden constitucional de la reciente etapa democrática".

Ahora bien, Zaragoza también se ha querido referir a su manera de entender Catalunya en el marco histórico de la corona de Aragón, con una definición, cuando menos, peculiar. Así, Zaragoza definió Aragón como "una tierra que se constituyó como reino hace casi mil años, como en Corona de Aragón cien años más tarde, integrada por una suma de condados y territorios mediterráneos, y que ha convertido en señal de identidad su decisiva contribución a la construcción de la España que hoy conocemos y queremos".

Es decir, para Zaragoza Catalunya era una "suma de condados y territorios mediterráneos", aunque los territorios aportados por el conde Ramon Berenguer IV a la Corona de Aragón por medio de su matrimonio con la reina Petronila en 1150 ya configuraban la Catalunya actual.