La prueba del algodón de la inutilidad de la partitocracia catalana es su dependencia mental con las dinámicas y los debates que surgen de Madrit. Ahora que algunos dan por muerto a Pedro Sánchez a raíz de la invasión sutil de Ceuta (cuidado con ejecutar a los políticos demasiado rápido, especialmente a los que tienen vocación de asesinos), la posibilidad de unas elecciones generales el próximo año ha desvelado a los yonquis de la política española. Primero y antes que nada, hay que fijarse en mi querida Ada Colau, la cual ya proclamó recientemente que no descartaba regresar al universo de la gestión pública (¡fijaos si el mercado laboral está mal, que ni con una licenciatura en filosofía y una alcaldía de Barcelona en la mochila se encuentra curro, hoy en día!) y a quien también pudimos observar ejerciendo de brevísimo escudo humano contra unos mossos que, obedeciendo la orden de un juez con alma vacía, pretendían desahuciar a una persona vulnerable en la calle de Sicilia. Si la regresión al pasado sigue así, no me extrañaría que Ada acabe sacando del cajón su archifamoso disfraz de abeja

El previsible auge de la derecha española ha provocado que nuestros progresistas empiecen a mover el culo para ejercitarse en la obsesión enfermiza de ese bello cadáver llamado catalanismo; a saber, salvar España de los fachas. Semejante afán ha llegado también a la CUP. Hace pocos días, el alcalde de Girona, Benet Salellas, recogía el guante de Laure Vega afirmando que pactar con el PSC, si es para metas como favorecer una mejor recogida de la basura o la salvación de la foca antártica, pues tampoco debería ser un gran escándalo. A su vez, entrevistado por Ricard en Catalunya Ràdio, el alcalde gerundense también ponía buenos ojitos ante la posibilidad de urdir una monserga catalana parecida a Bildu —con presencia cupaire— para concurrir a los comicios del Congreso. Al menos, Salellas (un hombre al que tengo cierta estima, pues siempre me ha conmovido la gente que hace aquello tan nuestro de avergonzarse de su patrimonio, como Reguant) ha querido huir de la retórica española del modelo Rufián, un personaje que ha pasado de anhelar la independencia a preocuparse por las colonias del Estado.

El previsible auge de la derecha española ha provocado que nuestros progresistas empiecen a mover el culo para ejercitarse en la obsesión enfermiza de ese bello cadáver llamado catalanismo; a saber, salvar España de los fachas

Siguiendo el manual de la izquierda peninsular, en la citada entrevista, el cupaire más poderoso del planeta —y no es fácil, ya que tiene rivales dentro de su propia familia (su hermano también pasó de héroe secesionista a hacer de muleta de Santos Cerdán, ¡ya me dirás qué cosis tiene la vida!)— equiparó el auge de Vox con el de Aliança Catalana, añadiendo también que el partido de Sílvia Orriols tampoco puede verse como un gemelo de Junts, por mucho que los de Carles Puigdemont copien torpemente las iniciativas ripollesas. Esta equiparación, que oiremos por boca del PSC y del propio Sánchez cuando visite nuestro país, tiene cierta gracia, ya que poner en el mismo saco a una formación que apuesta por la independencia unilateral de Catalunya y a otra que, de hacerse efectiva, se esforzaría por meter en la cárcel a los impulsores del tema… pues en casa, a pesar de discutir muchas tesis de los aliancistas, no terminamos de verla clara. Pero lo que sorprende más de todo es el tic ancestral cupaire de enrocarse en la izquierda lavando la cara a Junts, como si el hijo rebelde, viendo enfermar al padre, intentara alargarle la vida.

Esta manía de salvar a convergentes de la hoguera de Aliança nos regalará escenas surrealistas, con una transversalidad desmedida. Actualmente, por mucho que os parezca delirante, políticos como Salvador Illa sufren mucho más la defunción de Junts que la irrupción de Orriols en el mapa catalán (y adjetivo así porque, como hizo la CUP en sus inicios antes de parir ideas de bombero, los seguidores del partido no tienen intención de ir a buscar pareja a la capital del Reino). De hecho, esto de salvar la sociovergencia también es una obsesión que empiezan a sufrir muchos cerebros privilegiados del análisis político español, los cuales hace tiempo que sueñan con un gobierno del PP facilitado con cierta aquiescencia de los socialistas que evite el radicalismo de Vox… y de paso para deshacerse de Pedro Sánchez. Las tentaciones para acabar de centrifugarse en el magma de la política española no acabarán aquí y los electores haríamos bien en exigir a nuestros políticos algo tan sencillo como que hagan el puto favor de poner el país en el centro del discurso. No será fácil; los yonquis de la cosa española no saben cambiar de droga.