Conscientes y temerosos de un incremento exponencial de los abstencionistas en las próximas municipales de Barcelona, los ideólogos de Junts per Catalunya se han apresurado a sacar a Xavier Trias del asilo para intentar matar a Colau a la desesperada. Manoseando por enésima el manual victimario, los convergentes de Junts pretenden apelar de nuevo a la falacia de la restitución con la que el president Puigdemont consiguió engañar al electorado catalán vendiendo la promesa de un retorno al territorio que todavía esperamos con ganas; sin la acción de las cloacas estatales toleradas (y utilizadas) por Colau, vienen a decir, Trias todavía sería el alcalde legítimo de Barcelona. Por otra parte, los mismos cráneos privilegiados han considerado que, si Ernest Maragall es la alternativa a Ada, Trias sólo podrá competir con Esquerra doblando la apuesta por la gerontocracia y una supuesta pericia municipal.
Pero debido a su antigua y persistente ignorancia de la política barcelonesa, tanto convergentes como republicanos todavía no han entendido que el problema de Barcelona no radica en su actual alcaldesa, sino en la rigidez de una estructura de poder creada por los socialistas (de hecho, ideada por un tal Ernest Maragall) con el objetivo de convertir la ciudad en una capital de provincias española, subsidiaria de la megalópolis madrileña, y agitada únicamente por las efemérides y los festivalitos de turno. En Catalunya prestamos poca atención a la política cultural (es normal, cuesta de encontrar), pero resulta muy notorio comprobar cómo ni Trias ni Colau se atrevieron nunca a echar a las élites socialistas que han determinado la vida intelectual barcelonesa, una casta que no hace ruido pero dicta el pulso de la ciudad en todos los ámbitos y que los convergentes se tragaron con una gran cobardía.
El retorno de Trias insiste en el error de desvincular Barcelona de la lucha por la emancipación nacional y sólo pretende devolvernos a las dinámicas anteriores al 1-O
Con su genio y tozudez, Pasqual Maragall mantuvo la ilusión de una Barcelona capital del Mediterráneo como alternativa al folclore pujolista. Esta es una visión caduca, y no porque Barcelona ya interese menos como hipotética sede de congresos y jaranas, sino porque la supervivencia cultural de la ciudad se tiene que vincular inexorablemente a su condición de capital de estado. Es esta la clave de todo, y resulta notorio que Ernest y Xavier siempre hayan pasado de puntillas por el tema. Los convergentes, en definitiva, todavía no han digerido el hecho de que Trias perdiera las elecciones justamente porque subsumió la libertad de Barcelona (a saber, la independencia de Catalunya) a la política social y se disfrazara ridículamente de apologeta de los pobres. Todavía no han entendido, en definitiva, que si quieren jugar al juego de Colau, Ada se los comerá mientras se ejercita en el baile multisexual.
El retorno de Trias insiste en el error de desvincular Barcelona de la lucha por la emancipación nacional y sólo pretende devolvernos a las dinámicas anteriores al 1-O. Históricamente, Barcelona siempre se ha hecho fuerte asumiendo sus conflictos (la ocupación política, la voluntad de extinción de la cultura nacional); Trias querría ser una goma de borrar de la pulsión contestataria de la ciudad para convertirla en un lugar artificialmente pacífico donde un grupo de críos que se ejercitan en la ética del business friendly hagan cuatro duros y no toquen mucho las narices. Si algo explica todavía el triunfo de Colau contra Trias es que el socialismo (o la degeneración paupérrima del PSC encarnada en los comuns) siempre acabará ganando la lucha por la pobreza y la claudicación ante Madrid. Si tú quieres una Barcelona donde la libertad se equipare a los derechos de los más desdichados, Colau te superará siempre.
Afortunadamente, cada día hay más ciudadanos que no compran la ilusión de volver atrás como si los hechos de 2017 no estuvieran todavía candentes y ni los propios convergentes te pueden vender la supuesta concordia de un presente autonomista sin que se les escapen las ganas de volver a hacer caja. En resumidas cuentas, la presencia artificiosa de Trias en el presente político del país todavía hace más reluciente la necesidad de una gran abstención en las próximas elecciones; sólo huyendo de esta arcadia artificial podremos cubrir con cemento las bases de un futuro con una mínima esperanza. Están haciendo todo eso porque tienen miedo de que no los votes. Es el chantaje de siempre. Ya sabes, pues, lo que hay que hacer.