En una de las últimas encuestas del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) tenían una nota de casi un 8 sobre 10, entre los consultados, mientras que Rodalies suspendía, con poco más de un 4. Díganme atrevida, pero ¡a ver si estas cifras no son una de las razones por las que el Departament de Territori quiere crear una nueva marca que agrupe todo el transporte público de Catalunya bajo una misma denominación! Y dudo que con la maniobra a Renfe se le pegue algo de la puntualidad de los trenes catalanes, más bien la intención es ensuciar su buen nombre, mezclándolos bajo un mismo cartelito genérico, para que no destaquen tanto como hasta ahora.
Unificar dos marcas —que no sus operadores, que continuarán ofreciendo el servicio— maquilla la nefasta y daña la buena. Así, se diluirá que los Ferrocarrils Catalans van puntuales y se camuflará el desastre de Renfe. Así, se evita que la diferencia entre ellas sea tan evidente y, de paso, confunde al usuario que, a pesar de no ser tonto, llegará un momento en que ya no sabrá de quién es culpa, ni quién es quién. He aquí otro de los motivos. Si agrupas autobuses, Tram, bicicletas, Rodalies, FGC y metro bajo un nuevo nombre inventado, con el mismo diseño y colorcito, entonces ¡a la hora de quejarte, ve y busca quién te ha pegado! De paso, también, se borra el rastro de catalanidad que destilan hoy en día los únicos trenes puntuales del país.
La desnacionalización que pretende el Govern de Illa no es nueva: aquello que pueda ser fácilmente identificable como fórmula catalana de éxito y signo de identidad debe ser diluido. Ya se ha intentado con TV3 y Catalunya Ràdio —desvirtuándolas bajo la invención del 3Cat o 3CatInfo, sustituyendo las marcas históricas—, igualmente con unas Creus de Sant Jordi descafeinadas —que mezclaron personas dignas merecedoras del galardón con otros nombres de dudosa catalanidad—, o también con la exportación de la celebración del 11 de septiembre a Extremadura, como si ser un país de acogida nos convirtiera a los autóctonos en irrelevantes en la escritura de nuestra propia historia.
El título de esta licitación para que una empresa se ocupe del tema es Conceptualización, diseño y definición de una nueva marca para los servicios de transportes públicos de la Generalitat de Catalunya. Y dentro del redactado encontramos expresiones como el nacimiento de una "marca madre, de manera que se mantenga una identidad propia dentro de un sistema visual compartido".
Esto de llamarla "marca madre" también es una estrategia comercial y sentimental: ¿quién le diría que no a una madre, eh? Tanto lo redactado como algunas justificaciones que ya se están queriendo dar en redes y en prensa (para que lo sepáis: somos nosotros los que no los entendemos, no ellos los que se equivocan) son de una estética vacía y ridícula.
El Govern de tothom ve en la quiebra de los servicios públicos la temida chispa que reavive el movimiento independentista. Por eso ahora quieren crear una nueva marca que unifique los trenes, así se diluirá que los Ferrocarrils Catalans van puntuales y se camuflará el desastre de Renfe
En febrero de este año, por las mismas fechas en que la encuesta del CEO que mencionábamos antes, el Consell de la República y la Assemblea Nacional Catalana organizábamos una manifestación por las calles de Barcelona que, bajo el lema "¡Basta! ¡Única vía: Independencia!", clamaba al cielo ante la situación de colapso de Rodalies. Aquel fue un gran éxito de convocatoria (que algunos intentaron deslucir convocando otra movilización el mismo día, por cierto) y sirvió para llenar las calles de carteles contra Renfe, sí, pero también de esteladas. Por miles. Un pequeño ensayo de la Diada de este año. Aquel resurgimiento tampoco gustó al actual gobierno, que ve en la quiebra de los servicios públicos y básicos la temida chispa que reavive el movimiento separatista.
Ellos, que pregonaban que todas las desgracias y flagelos nos vendrían como plagas bíblicas si nos independizábamos, ahora ven que todos aquellos malos presagios se cumplen con el Govern de tothom al frente y mientras todavía estamos dentro de su estimado Reino de España. Un punto de poético sí que lo tiene, no me diréis que no. Quizás también por eso quieren homogeneizar el nombre de los transportes públicos, sobre todo de los trenes, para disimular su ineptitud entre nuestra eficacia, y que las cuatro barras no se vean demasiado (como en el cartel de La Diada).
No vaya a ser que las portadas de los diarios del otro día, todas idénticamente compradas y falsas, no fuesen también una maniobra de fanfarronería para intentar vender verdades que no lo son tanto. El futuro está aquí, decían todas las rotativas en primera página. Una carísima campaña de publicidad que hemos pagado entre todos y que es el título de la conferencia que el president Illa hizo con motivo de sus dos años de gobierno. Sí, su futuro está aquí y quiere aniquilarnos disimuladamente, añadiendo a la líquida nación más soluto sólido del que puede absorber. Habría que no permitírselo y fortalecernos como disolvente capaz de desintegrar cualquier ataque.