Miquel y Josep Badia, asesinados un 28 de abril de 1936, son hoy una pareja controvertida. Determinada historiografía los ha tildado de fascistoides, han hecho un retrato macabro y los han juzgado con desprecio. Otros, han destacado su trayectoria como hombres de acción, ya desde mucho jóvenes. Sobre todo el hermano pequeño, Miquel Badia. Lo cierto es que a a Miquel lo encontramos con 22 años en el Complot de Garraf, en el intento de liquidar a todo el directorio militar de Primo de Rivera que, acompañado del Rey, estaba de visita a Barcelona en 1925. Si llega a explotar la bomba en aquel túnel —en el término municipal de Sitges— no habría quedado ni el maquinista.

Desde entonces, su corta pero intensa vida transcurrió siempre entre la prisión, el exilio y una militancia política inequívocamente republicana (JJoventuts d’Esquerra Republicana y Estat Català) y siempre, siempre, leal al Govern de Catalunya en una etapa histórica tan convulsa como apasionante, de sueños frustrados y revueltas, sangrienta, de esperanzas que se desvanecieron para dar paso a la larga noche del franquismo.

El apelativo de "capità Collons" a Miquel Badia explica muy bien cómo lo veían sus compañeros de andanzas. Para algunos, los detractores, sería un mote peyorativo. Pero de hecho no parece que fuera así. La cosa es que con la victoria de ERC en las elecciones de 12 de abril de 1931, Francesc Macià improvisa un mando de orden público. A pie de calle, en la misma plaza de Sant Jaume, propone a Jaume Compte, uno de los líderes del Complot de Garraf, asumir el mando de la seguridad. Compte, militante curtido, se excusó antea Macià y señaló  Miquel Badia como candidato apelando a su valentía y audacia con un "este sí tiene cojones". Compte, del Partit Català Proletari, también murió joven. atrincherado en el CADCI el 6 de octubre de 1934, en la Rambla de Santa Mònica, ametrallado por un destacamento del Ejército. Tenía 37 años.

Quizás la mejor biografía que se ha escrito de los hermanos Badia es la que firma Fermí Rubiralta, en un excelente estudio publicado por la Fundación Irla. Del todo recomendable para conocer su trayectoria personal y política y los motivos de su también controvertido asesinato por un presunto pelotón faista como venganza, entre otros, por su intervención directa para parar la huelga de tranvías que había convocado la CNT.

Rubiralta, profesor de la Universidad del País Vasco, ha escrito otras esmeradas biografías de personajes de aquel periodo histórico, como Daniel Cardona. Pero también es biógrafo de olvidados militantes del sindicalismo vasco, como Paulino Gómez, Un panadero socialista en el Gobierno vasco que, además, fue dirigente de la UGT y consejero del PSOE en un gobierno del PNV. Biografía bendecida por el mismo Nicolás Redondo Terreros. No tendría que ser sospechoso, por lo tanto, de sesgo ideológico.

Miquel y Josep Badia, como buena parte de los personajes de aquella Catalunya republicana (con Macià y Companys como nombres destacados) eran de Ponent. Del pequeño pueblo de Torregrossa, concretamente. Hijos de una familia trabajadora que tuvo dos chicas y dos chicos. Los dos aterrizaron en Barcelona para buscarse la vida, en busca de oportunidades. Rubiralta hace un esmerado retrato a Miquel Badia. Vida y muerte de un líder separatista, también de Josep Badia, que se puede descargar gratuitamente de la página web de la Fundación Irla. También se puede encontrar una autobiografía (incompleta) con que narra su paso por la prisión que descontextualizada (arremete contra la homosexualidad de un compañero de presidio) ofrece flancos de ataque, como los desfiles de aquellos años que, de hecho, se generalizaron y eran propensos, desde de Estat Català a los comunistas o los falangistas. De hecho, los comunistas desfilaban más que nadie y lo hacían justamente con la misma indumentaria que Estat Català. Si no fuera así, no se habría entendido tampoco la existencia y creación de la Columna Macià Companys. O la Durruti.

Que Miquel Badia era un hombre de acción no cabe duda. Expeditivo (fue acusado de maltratar a detenidos anarcosindicalistas), en un momento en que el pistolerismo, de diferente signo, había tomado las calles. Que actuó siempre con lealtad a la Catalunya republicana, también. Y que murió ametrallado por la espalda, también, saliendo de casa, al lado de su hermano Josep. También es esta una verdad incuestionable. Otra cosa serían los autores intelectuales del asesinato, prssumptament a manos de un pelotón faista. Y aquí las versiones también son contradictorias, incluida la relación de uno de los autores materiales del asesinato, Justo Bueno, con el régimen franquista y los servicios secretos españoles.

La lucha en la retaguardia republicana no fue entre el bien y el mal. Pero si entre el orden republicano y el desorden. Y en este contexto, de violencia armada, de luchas intestinas en el seno de la Catalunya republicana, de militancias acentuadas, se significó Miquel Badia, entre otros porque era el responsable de orden público.

Si el mito Durruti fue despedido por una multitud, el funeral de Miquel Badia no fue menos. Y esta también es una verdad incontestable. Era parte de la familia republicana, su versión más de acción y al mismo tiempo más claramente independentista. De hecho, Badia era la versión más faísta —en el sentido que era un hombre de acción directa— del republicanismo soberanista. Una familia republicana, en torno al ERC de Macià y Companys, que era una fusión de tradiciones y sensibilidades pero a los que unieron unas luchas compartidas. Badia representaba un extremo, a veces a punto de la separación, de una amplia familia republicana, que iba del federalismo al independentismo, de una izquierda liberal a otra de sindicalista. Y posiblemente por eso aquella Esquerra fue hegemónica. Y también por eso se vivía con duplicidad de militancias y conviviendo con contradicciones. Incluidos todos aquellos que compatibilizaban su militancia en ERC con referentes sindicales como la Unió de Rabassaires o la misma CNT.

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