De pequeña piensas que te comerás el mundo y de mayor, cuando el mundo te ha comido a ti, no acabas de saber en qué momento se dio la vuelta a la tortilla. Sin embargo, comer siempre es un placer y con cada cumpleaños haríamos bien en recordarlo. Porque morder las horas es saborear la vida. Porque la lista de los que se han ido quedando por el camino empieza a ser larga. Todo el mundo tiene la suya. Todas las mochilas pesan, pero la espalda que las sostiene se nos va fortaleciendo a cada paso —qué remedio— y los trozos que todavía roemos con la lengua en el fondo del paladar, entre muelas, nos recuerdan que el regusto de seguir estando es siempre el mejor premio.
Cuesta poco enroscarse en la vorágine del ritmo de nuestra sociedad primermundista. Quedar atrapado en la espiral. Los días se suceden, nos levantamos por la mañana y damos por hecho que lo normal debe ser seguir respirando y tirar adelante aunque sea a trompicones. Cada uno con sus herramientas. Cada uno desde su rincón del mundo. Este 'después de un día viene otro' hace que se nos olvide lo más importante: que todavía estamos aquí y que eso, cuantas más páginas de la agenda pasamos, menos habitual es y que, a pesar de todas las miserias, la alternativa es mucho peor, porque significaría no estar. Amar y ser amado, poca cosa más nos hace falta, y saber distinguir el grano de la paja, que importa más con quién que el qué.
La libertad es la llave maestra que abre la cerradura de todas las puertas que atravesaremos. Vive de manera que te admiren porque sabes ser feliz
Hoy cumplo 50 años, una buena edad para mirar atrás y adelante a la vez. Retrovisor y prismáticos. Retrovisor para agradecer y aprender del camino hecho. Prismáticos para imaginar y seguir ilusionándote cuando miras el horizonte que viene. Con el transcurrir de los días, te das cuenta de que la libertad es la llave maestra que abre la cerradura de todas las puertas que atravesaremos. Que hay amistades que no eran para siempre, que la paciencia es buena compañera, siempre y cuando no se convierta en ingenuidad. Que no hay que gastar energía en quien no la merece y que mejor no desgañitarse en según qué cosas porque todo llega y todo pasa. Que hay personas con quienes se puede reír hasta llorar y viceversa. Descubres que los recodos del camino los has superado mejor de lo que pensabas y que el amor aparece cuando menos te lo esperas y que es la bofetada más dulce del mundo.
Vivir es como ir en bicicleta: si dejas de pedalear, te caes. De todos modos, tampoco está mal intentar que el paso por este mundo también sea como ir en kayak: fluyendo y avanzando mientras descansamos flotando. Un poco de paz y de pausa, por favor, no todo tiene que ser esfuerzo. Tirarnos de cabeza a la piscina, prestar atención, valorar el tiempo —el tesoro más preciado que tenemos—, holgazanear y hacer aquello que realmente nos llene, cueste lo que cueste. Que quien te quiere de verdad está en todo momento y de maneras muy diversas y que al enemigo que huye, hazle un puente de plata. Vive de manera que te admiren porque sabes ser feliz. La vida está de tu parte. Cantémosla y cantémosle y felicidades a todos aquellos que este 2026 pondréis el 5 delante. Celebremos que seguimos vivas, que no es poco.