"La agonía física dura poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida".

García Lorca

 

 

No hay nada más deleznable en el expediente de Aznar como presidente que su negación de la realidad y su ataque directo e indirecto al Estado de derecho cuando su partido perdió el poder tras los cruentos atentados del 11 de marzo. Desde la mañana del atentado, el Gobierno Aznar intentó nadar en la mentira para conservar el poder. A sabiendas de que un atentado islamista significaba un vuelco en el voto, mantuvo la autoría de ETA, convocó manifestaciones contra ETA, mandó comunicaciones a las embajadas sobre la autoría de ETA y habló con los directores de medios para aseverar que la pista era ETA. No lo era. Desde la tarde de los atentados, la principal vía era la islámica. Acusaron a la oposición de una especie de sedición cívica. Encegados por el estupor y la rabia, respaldaron una conspiración inexistente. Realizaron una instrucción paralela en los medios de comunicación y un juicio paralelo. Lograron difundir bulos que aún hoy hacen pensar a algunos ciudadanos que aquello no quedó claro y que la Justicia y la Policía taparon una extraña confabulación.

Es la misma vía elegida ahora por Sánchez. Negar la contundencia de las investigaciones judiciales. Considerar que los cuerpos policiales encargados fabulan o inventan cosas, ya que si las tomara en consideración, debería, sin duda, largarse con el rabo entre las patas. Acusar a los jueces de confabulaciones contra él. Afirmar que todo es producto de un plan para arrebatarle el poder. Contraprogramar las instrucciones y los autos judiciales poniéndolos en cuestión dentro del propio Gobierno o a través de sus terminales mediáticas. Repetirles a periodistas y medios que todo es un montaje; que, excepto alguna cosa, todo es falso. Hacérselo repetir. Convencer a una parte del país de que el Estado de derecho no funciona; de que los jueces son, como poco, facciosos y, como mucho, fascistas. En el peor de los casos, invertir dinero de procedencia no demostrada en intentar desprestigiarlos, extorsionarlos y quitarlos de en medio. Todo con la misma precisión argumentativa jurídica que desplegaron los de Aznar en su conspiración: medias verdades, lecturas prosaicas de textos jurídicos, difusión de falsos asertos sobre la velocidad de las causas o sobre su falta de soporte. Instrucciones paralelas y sesgadas, datos aislados y reinterpretados; mentiras directamente. 

Sánchez, como Aznar, está dispuesto a todo para conservar el poder, no ya para su partido, sino para sí mismo

Sánchez, como Aznar, está dispuesto a todo para conservar el poder, no ya para su partido, sino para sí mismo; incluso a llevarse por delante al sistema judicial, los pilares del Estado y la decencia de un país. Sánchez y sus acólitos no solo no le van a la zaga a Aznar, sino que han subido la apuesta de la desvergüenza. Si el 11M supuso la fisura casi irreparable del sistema democrático, el deterioro de la política, la ruptura del respeto institucional y la conversión de los periodistas en hooligans con camiseta, la situación actual lleva visos de convertir la fisura en quiebra y tragarnos a todos en su abismo.

Con una enésima parte de lo descubierto en torno al Gobierno de Sánchez, este se hubiera tenido que ir en cualquier democracia saludable. La nuestra está enferma, no cabe duda. Han hecho más por cargarse el Estado de derecho estas dos alucinadas huidas hacia delante que nada de lo que pasó en el procès, que, sinceramente, nunca amenazó al Estado.

Sánchez tendría que haber dimitido, empujado incluso por los suyos, si es que los que queden quieren conservar alguna opción en el futuro. El hecho de que su deficiente constructo de personalidad le impida poner pie en la verdad y actuar guiado por la razón no debería llevar al resto de actores políticos a desplazar el fiel de su balanza. Sánchez no tiene mayoría parlamentaria; de facto, tiene mayoría la parte de la cámara que le pide elecciones. Si no se va, debería solicitar la confianza, para probar que sigue legitimado para continuar en el Gobierno. O eso o elecciones. Todo lo demás es hacerle el juego.

Una moción de censura ahora no tiene sentido, y menos una moción instrumental. Eso cuando aún estábamos en riesgo de que destruyeran las instituciones y el mecanismo democrático con sus reformas, algo de lo que con muy buen tino nos libró Junts. Creo que solo por eso podrían limarse algunas fobias. El apoyo a la esencia del funcionamiento democrático de los juntaires está sobradamente demostrado. Ahora, en realidad, Sánchez es un peligro mitigado, puesto que no podrá aprobar legislación alguna en el año que resta.

Poner el foco en la moción de censura ahora es hacerle un favorazo al líder no cojo, sino paralítico. Es el PSOE el que quiere, a como dé lugar, convertir la parálisis en un problema de la oposición. No lo es, es su problema. Así que, como le están intentando cargar el mochuelo a la oposición de una parálisis, responsabilidad de quien está en el Gobierno sin apoyos, Feijoo ha recogido el balón y lo ha pasado hacia los que entronizaron al sanchismo y lo han sostenido hasta ahora. Nunca ha pensado que sea posible esa moción, ni le interesa a nadie llevarla a cabo. Perderla sería darle un cubo de agua al sediento en su travesía del desierto y, además, llegar al poder del mismo modo que él. También Junts y el PNV le responden con la boquita pequeña; saben que, con las encuestas que hay, lo más probable es que en el futuro tengan que hablar con él en materia económica, de migración y otras en cuanto gane las elecciones. Solo les advertiría que el peloteo previo al verdadero partido, que son las urnas, solo cambia el marco de la actualidad a Sánchez y le da un respiro.

Todos saben que no habrá moción. Todos saben que la corrupción y el descontrol del Gobierno han llegado muy lejos. Todos saben que la Justicia va a ir destapando cada corrupción y que lo que queda es un calvario. Todos saben que un año no es nada, ahora que ya no tienen capacidad de romper el sistema. Así que dejen de señalarse con el dedo como críos. Eso antes. Ahora sí que renta esperar a que la realidad aplaste a la estrella de la mixtificación. No dejen que meta sus manos en el BOE y, por lo demás, dejen a los hechos fluir. Las urnas llegarán más pronto que tarde.