"Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen a los hechos".
Napole
ón Bonaparte

En forma de novela, de folletón o incluso de serie televisiva, todos hemos asistido al relato de las aventuras y desventuras del personaje que, creyéndose heredero de tal o cual fortuna o título, descubre, ¡vaya drama!, que no es sino un bastardo que no puede en realidad reclamar lo que de la línea legítima depende. La ilegitimidad de su origen se desploma sobre él y sobre el lector, si es que empatizó con sus avatares, y lo deja fuera de juego. Algo parecido nos reconoció ayer el presidente-portavoz del Gobierno en su mitin tras el Consejo de Ministros, ya que no tuvo reparos en poner en duda su propia legitimidad por arrebatársela al Congreso.

Cuando para justificar la trampa que ha hecho, aprobando de nuevo los decretos decaídos tras la negativa de Junts, salió de su fecunda boca la siguiente aberración en forma de frase: "Cuando los intereses de la gente son pisoteados por el Parlamento", entonces entro yo y actúo. No tiene desperdicio. Porque ahí se divorcian los intereses "de la gente" de los intereses de los ciudadanos representados precisamente en el Parlamento. Es más, nos descubre la existencia de una gente que es pisoteada por aquellos a quienes votaron. Esos intereses los defiende él y solo él. Aberrante y peligroso. Gentismo, si no quieren llamarlo populismo. Algo totalmente ajeno al espíritu de la democracia. Tanto que, de ser tomado en consideración, nos desvela que el Congreso carece de legitimidad para representar a esas gentes, a las que pisotea, y le arrebata todo el sentido democrático a su existencia.

Y eso nos lo dice un personaje que lleva gobernando los últimos tres años con la única legitimidad que en nuestro ordenamiento le concede el haber obtenido el respaldo a su investidura de ese mismo Congreso. Ese personaje que considera que aquellos diputados que votaron no a los decretos monstruo sobre los alquileres carecen de "humanidad" y de "sentido común" y deben ser enmendados mediante un ejercicio de trilerismo, es el mismo que debe su legitimidad al respaldo de siete de esos mismísimos diputados que ahora no la tienen para defender los intereses de sus votantes. Si la negativa de Junts a la aprobación de los decretos Mari y Carmen no dota de legitimidad a su derogación, ¿cómo y por qué esos mismos votos sirvieron para darle legitimidad a él como presidente?

La campaña y la precampaña electoral van a devenir infernales en las formas, pero también en el fondo. En esa misma alocución, Sánchez nos avisó de que "el gobierno va a seguir gobernando" durante este periodo, dado que no entrará en funciones hasta después de las votaciones. ¿En qué está pensando? ¿Qué va a colar a través de la Diputación Permanente que no haya podido aprobar hasta ahora? Inquietante. Tremendo si esta declaración de intenciones se suma a aquella en la que con anterioridad nos dijo que gobernaría con el Parlamento o sin él. Cualquier paisano con la mínima sensibilidad democrática tiene los pelos de punta.

Sánchez no tolera que se piense diferente, porque si no apoyas las mismas soluciones que él, eres inhumano

Luego está lo de la huelga general convocada contra la oposición. ¿Perdone? Sí, sí que no es solo que todos nos imaginemos que se trata de un movimiento de agitación en las calles que forma parte de la campaña para movilizar a la izquierda, que es que lo ha dicho la jefa de estrategias de campaña del PSOE, María Jesús Montero. "La huelga general se convoca contra la oposición por derribar los decretos de vivienda", ha dicho sin rebozo. Con esta estratega, ¿para qué quieres sigilo? Si todo lo que digas puede ser utilizado en tu contra, como en las pelis, ¿no está confesando que los sindicatos cercanos a los partidos del gobierno han convocado una huelga ilegal? El ordenamiento no permite huelgas políticas y de esa frase se deduce que los motivos supuestamente laborales que se han alegado son una mera ficción para dotar la convocatoria de cierta pátina de normalidad. Si la huelga es contra los grupos políticos que defendieron sus convicciones y los intereses de sus votantes, ¿significa esto que todo el que no vote lo que Sánchez quiere es susceptible de verse contestado con algaradas y huelgas en la calle? ¿Qué ha querido decir Ada Colau al afirmar que Puigdemont a su vuelta no va a poder andar por Catalunya tras haber su grupo votado contra la voluntad de la izquierda?

Sánchez se destapa cada vez más. No tolera que se piense diferente, porque si no apoyas las mismas soluciones que él, eres inhumano. No tolera los contrapesos y controles democráticos porque o bien se los salta o acaba llamándoles golpistas, como a los jueces —si no descubrimos que su partido hizo algo peor al crear una trama que pretendía "darles un susto" a través de una red de narcos—. No tolera pertenecer a un club internacional en el que se espera cierta lealtad por parte de los miembros. No tolera a los medios ni a los periodistas que lo critican porque pasan a ser buleros, fascistas o pseudomedios. No tolera a los miembros de su partido que le recuerdan la deriva populista que le aleja de la socialdemocracia. No tolera ni disidencia ni consejos de los más próximos. No tolera las leyes escritas ni las no escritas del sistema que no sirven a sus designios. No tolera al Parlamento cuando no lo controla. Lo cual equivale a decir que le resulta intolerable lo más básico de la democracia.

El Estado que él concibe no se parece en nada al que hemos vivido hasta ahora. Ahora está él y, claro, "la gente", frente a un sistema que pretende transformar en algo diferente a la democracia liberal y, si tuviera la mayoría suficiente, desde luego lo haría. Lleva razón todo el que piensa que en estas elecciones lo más importante no es ni la vivienda, ni la corrupción, ni ninguno de los problemas habituales; en estas elecciones lo que nos tenemos que preguntar es si perpetuamos la democracia liberal europea o si nos dejamos mecer por el iliberalismo que lleva a sistemas que muchos no deseamos. Que no se diga que no nos lo están haciendo ver bien clarito.