Si no hacemos bien el trabajo, después ocurren desgracias. No es que hacer bien el trabajo sea una garantía absoluta de que no nos pase nada, pero minimiza los riesgos. La maldita crisis ferroviaria española ha hecho buena la frase de los años sesenta sobre el acrónimo de RENFE: Rogamos Empujen Nuestros Ferrocarriles Estropeados (RENFE). Pero no soy capaz de encontrarle un acrónimo adecuado a RODALIES sin hacer leña. La cuestión es que estamos ante el hecho insólito y a la vez perfectamente previsible del caos de Rodalies. Insólito porque no somos un país del Tercer Mundo y previsible porque no hemos hecho bien el trabajo de gestionar ni la inversión ni el mantenimiento durante muchos años
Hoy en día corremos el peligro de menospreciar el hardware, a base de hablar solo del software. Es cierto que la IA nos cambiará la vida e internet ya lo ha hecho. Pero sin carreteras, sin trenes, sin aviones, sin casas, sin cultivos, sin máquinas no podremos vivir. Quizás deberíamos empezar a hablar de verdad de cómo hacer bien el trabajo y evitar desastres como el que vivimos estas semanas.
El problema perfectamente explicitado de Rodalies es la falta de recursos en la inversión, el despropósito de la poca ejecución de lo que se ha presupuestado y la falta de rigor en el mantenimiento de la red. Inversión adecuada y mantenimiento eficaz. Ambas cosas. De nada sirve ir invirtiendo en infraestructuras si no nos dotamos de los equipos humanos y de los recursos necesarios para mantenerlas y renovarlas regularmente. Las empresas industriales usamos el concepto de CAPEX, acrónimo inglés de los gastos de capital para designar los recursos económicos que hay que destinar a renovar el capital invertido regularmente y evitar su obsolescencia. Esto no tiene nada que ver con los gastos de mantenimiento, que son los que se utilizan regularmente para tener las instalaciones en buen estado y evitar los riesgos inherentes a toda la actividad. Todos estos conceptos son perfectamente estándares y deben conocerlos tanto los políticos como los administradores de las infraestructuras públicas. Pero me temo que no estamos del todo alineados. No tanto por ignorancia de nuestros gestores técnicos del capital público, como por las propias inercias del sistema que hemos denunciado tantas veces. Ningún gestor público dejaría caer Rodalies si los conceptos de inversión recurrente y mantenimiento básicos fueran intocables. Pero como demasiado a menudo no mandan los técnicos en sitios donde son totalmente imprescindibles, nuestra sociedad corre el riesgo de encontrarse con muchas más Rodalies. Y describo algunos ejemplos conocidos por todos.
Hablemos del agua, ahora que no sabemos qué hacer con la que tenemos en los pantanos. ¿Son suficientes las inversiones en ATL (Aigües del Ter Llobregat) para mantener la red? ¿Necesitaremos más desalinizadoras cuando vuelva la sequía, que volverá? ¿Tienen las redes locales que están perdiendo más del 50% del agua que reciben planes de mantenimiento e inversiones aprobados y en funcionamiento?
Como demasiado a menudo no mandan los técnicos en sitios donde son totalmente imprescindibles, nuestra sociedad corre el riesgo de encontrarse con muchas más Rodalies
Hablemos ahora de las carreteras. Si alguien ha tenido la mala idea de ir en coche durante el verano por la red viaria de Alemania, lo recordará como una pesadilla. No exagero cuando digo —porque la he recorrido unas cuantas veces en estos últimos veranos— que los tramos de obras superan el millar, y obligan al paciente conductor a transitar con medias inferiores a los 50 km/hora. Si no se destinan suficientes recursos a la AP-7, este será nuestro futuro como usuarios de lo que ahora es un bien público.
Podemos hablar también de las redes eléctricas. La caída de la red del año pasado sigue siendo un misterio. Pero no podemos descartar ni que vuelva a ocurrir, ni que esta vez dure más de un día. El suministro más seguro y económico, al menos por el momento, sigue siendo el gas, a pesar de que estemos todos pendientes de cómo dejar de usarlo.
Queda, pues, un esfuerzo ingente por parte de todas las administraciones para restablecer el buen funcionamiento de Rodalies. Será lento, costoso y complicado. Implicará mucha resiliencia por parte de todos. Un buen trabajo que no dudo que pueden realizar nuestros técnicos y unas inversiones que deberán estar muy bien planificadas y ejecutadas por nuestros gobernantes. Y todo ha de estar muy muy muy bien explicado y comunicado para que podamos organizarnos en nuestro día a día, y acabar con la inevitable y desagradable sensación de caos absoluto en la que nos encontramos ahora