Al Raval se va a pie. Es complicado entender el barrio sin pasear por él, y es improbable captar su sentido si vas en coche. Pero el Papa de Roma no podrá hacerlo de esa manera tan errabunda el próximo jueves. Llegará con séquito y seguridad, y tendrá que hacer una composición de lugar según le indiquen. Aun así, este papa no es solo de mirar hacia donde le dicen. Cuando le tengamos dentro de la parroquia de Sant Agustí, mirará hacia arriba de la Iglesia —han hecho alguna reforma reciente—, hacia la gente, hacia algún cuadro. Y dirigirá la mirada hacia abajo. Por la noche ya volverá a alzar la mirada, como se dice en el lema de su visita.

Y mirando a ras de suelo, y sin estrabismos, verá una representación de Teresa de Calcuta en un altar lateral central, y los cirios a Santa Rita, la patrona de los imposibles. Y se cruzará la mirada con mujeres y hombres con vidas difíciles, y podrá conocer entidades que trabajan en las costuras de lo que fue el antiguo distrito quinto de la Ciudad Condal.

Antes de la visita a la comunidad de los agustinos del Raval, el Papa Robert Prévost habrá pasado por la prisión y Montserrat. Le han confeccionado una visita con espiritualidad, aspectos sociales, liturgia y latido real. El Papa, bien informado de adónde va, captará hasta donde pueda la verdad de las cosas, y verá la miseria y la vulnerabilidad como se prevé en el programa. La parada en el corazón de Barcelona tendrá lugar antes del momento culminante de su visita catalana, que cerrará por la noche en la Sagrada Familia con una misa y la bendición que, gracias a gestiones, presiones, deseos y sentido común, debería lucir con más catalán del previsto en el misal distribuido. Se interesará por las entidades que le explicarán qué hacen y cómo acompañan a personas sin techo, y querrá conocer testimonios, no informes anuales o datos.

Esta parada huye de la institucionalización. El acto quizás más sencillo y más doméstico, con más gente de la calle y de la vida y menos peso eclesiástico

¿Por qué es importante y diferente la parada agustiniana ravalenca? Primero de todo porque el Papa sigue siendo un religioso agustino, y es su gente. Conoce cómo trabajan, cómo viven en comunidad. Segundo, porque el comedor social más grande de la ciudad es adyacente a la parroquia. Y sobre todo porque esta parada huye de la institucionalización. Habrá tres testimonios de entidades sociales y le podrán hacer una pregunta al Papa. Se proyectará un vídeo de una familia, y el niño protagonista le ha escrito una carta al pontífice, que leerá también. El acto quizás más sencillo y más doméstico, con más gente de la calle y de la vida y menos peso eclesiástico.

En aquella jornada del jueves habrá habido ya la primera visita a una prisión en tierras del Estado español de un papa, y el encuentro con la comunidad monástica de Montserrat. Bajará literalmente de la montaña donde habrá sentido la importancia de la tierra catalana para estar al lado de quien vive el flagelo de dormir en la calle, de quien lucha por sobrevivir con las adicciones que martillean y destruyen y de quien intenta dejar atrás la violencia cotidiana.

Será la visita del sentido del olfato y el tacto, más que la de la vista, reservada para el imponente momento de la Sagrada Família.