Vince Gilligan, guionista de Breaking Bad, señala la importancia de los giros de guion, porque son el instrumento que atrapa al espectador, sobre todo al que estaba distraído, mediante el efecto del factor sorpresa. "Nunca el público debe saber qué pasará a continuación", dice Gilligan, pero sugiere que el giro no tiene que ser necesariamente extravagante: "Puede ser una decisión aparentemente evidente que llega en el momento menos esperado".

No consta que Pedro Sánchez haya estudiado en la misma escuela que Gilligan, pero es obvio que utiliza mejor que nadie la técnica narrativa del giro de guion aplicada a la política. Lo ha hecho varias veces, siempre con resultado exitoso. Las últimas elecciones generales las convocó por sorpresa, en pleno verano, después de haber sufrido una severa derrota en las municipales. Y no ganó, pero gobernó.

Amenazó con retirarse no por las acusaciones contra su mujer, sino porque en la campaña catalana solo se hablaba de Puigdemont y de sus mítines en Argelers. Una victoria electoral de Puigdemont en Catalunya desde el exilio habría propiciado su caída, así que se marchó cuatro días y regresó en olor de multitudes, movilizando a toda el área metropolitana socialista en un multitudinario mitin en Sant Boi de Llobregat que alteró el resultado previsto.

Ahora, todo el mundo pensaba que Sánchez alargaría la legislatura al menos hasta el verano, que no podía convocar elecciones teniendo como tenía abierto el follón de Ceuta y Melilla. Sin embargo, estalla el escandaloso desahucio de Maricarmen en un barrio elegante de Madrid —solo lo que pasa en Madrid es importante— y, con la audacia que lo caracteriza, Pedro Sánchez se pone al frente de una manifestación que, precisamente, protesta porque el Gobierno más progresista de la historia no ha hecho nada para detener los desahucios ni para facilitar el acceso a la vivienda.

En las negociaciones PSOE-Junts se planteó la opción de ir a elecciones si los decretos no se aprobaban y resulta que a ambas partes ya les parece bien ir a elecciones, así que era necesario que los decretos no se aprobaran

Y como el mago que saca un conejo del sombrero, Sánchez saca de la manga unos decretos que no se atrevió a presentar en ocho años de gobierno, pero que ahora le convienen para hacer el giro de guion sabiendo que no se aprobarán.

El objetivo no era que se aprobaran, sino hacer el cambio de guion necesario para situar la batalla política en un combate moral, en el que Pedro Sánchez aparece de repente como el gran defensor de la gente que busca un lugar donde poder vivir frente a los facinerosos, grandes o pequeños propietarios, considerados unos usureros. Es el escenario que conviene para una convocatoria electoral inmediata, que todavía no está decidida.

La realidad es que Pedro Sánchez lleva tiempo recibiendo las exigencias de los candidatos municipales de su partido, que le piden que convoque elecciones cuanto antes mejor, sobre todo antes de las municipales. No quieren los alcaldes socialistas ser los primeros en recibir el voto de castigo que las encuestas prevén contra el PSOE y señalaban como muy tarde el mes de marzo para las generales, según el comentario de un veterano exalcalde y granollerense de postín como Josep Mayoral.

Sánchez comprende a sus camaradas, pero el desastre de Ceuta no le permitía hacer una convocatoria electoral suicida. Maricarmen ha cambiado la perspectiva, porque la crisis de la vivienda afecta a gente vulnerable, pero política y electoralmente es mucho más trascendente que los jóvenes de clase media no puedan comprar ni alquilar un piso con la mierda de salarios que tienen. Eso no lo arreglaban precisamente los decretos, pero sitúan el debate y el relato políticos en otro argumento teatral que no permite matices: la gente contra los buitres y los buitres contra la gente.

Siendo imposible escapar de la embestida, ha sorprendido que Junts per Catalunya adopte la posición teóricamente más impopular y que mediáticamente lo equipara a PP y Vox. Evidentemente, JxCat no podía apoyar la prórroga de contratos de alquiler, pero eso ya lo tumbaba el Partido Nacionalista Vasco, especialista en lanzar la piedra, esconder la mano y cobrar siempre.

Al tumbar los decretos de Sánchez, Junts ha asumido el papel a priori más impopular, pero vuelve a situarse como partido de centroderecha y recupera la posición bisagra que había tenido Convergència. No son independentistas, pero serán convergentes, Carrasco dixit

Hay una cosa evidente. En la negociación entre el PSOE y Junts estaba omnipresente sobre la mesa la posibilidad de ir a elecciones si los decretos no se aprobaban. No hay duda de que los negociadores han hablado de ello y, visto el resultado, se puede afirmar que la hipótesis de unas elecciones les iba bien a ambos. Ni siquiera hay que descartar un acuerdo sobre el desacuerdo.

En el PSOE hay un clamor para convocar las elecciones ahora mismo, convencidos de que no habrá una ocasión mejor. El problema es que, pese al impacto de la crisis de la vivienda, Pedro Sánchez todavía no tiene ninguna encuesta que le diga que PP y Vox no sumarán mayoría. La tentación de pulsar el botón es ahora más difícil de resistir, pero también es cierto que, puestos a caer ahora o más tarde, la prudencia recomienda paciencia. Lo más probable es que el lunes Sánchez vuelva a sorprendernos.

En cuanto a Junts, unas elecciones en noviembre podrían coincidir con el regreso de Puigdemont, aunque tampoco se sabe nunca qué harán los tribunales. Sin la competencia de Aliança Catalana, que no se presenta, y habiendo hecho esta demostración de coraje en defensa de lo que se supone que es su clientela (y también la de Aliança), a Junts también le conviene que las elecciones generales sean pronto. Alcaldes y concejales del partido también lo agradecerían, porque no tienen peor escenario que unas municipales en clave española.

Y, además, tarde o temprano Junts per Catalunya tenía que aclarar su posición política después de un tiempo caracterizado por la desorientación política, ideológica y estratégica. Al votar en contra de los decretos de Sánchez, recupera la identidad de partido de centroderecha y la posición bisagra que había tenido Convergència y que conserva el PNV. Ayer mismo, en una convención municipalista en el Bages, lo describió mejor que nadie el publicista Lluís Carrasco: "Junts ha decidido que, si no somos independientes, seamos al menos convergentes".