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Nuestro país no funciona. Las cosas no se están haciendo bien. Ni mucho menos. Pero empecemos por el principio. Si partimos de la base de que el ser humano —y la ser humana (para los más escrupulosos)— es perezoso por naturaleza y narcisista —es decir, que siempre que puede se mira el ombligo e intenta ahorrarse trabajar—, podremos entender que poner todas las facilidades para que todo el mundo pueda cobrar el ingreso mínimo vital en vez de mejorar el mercado laboral; que jorobar a los autónomos para que no puedan levantar cabeza en vez de facilitarles las cosas para que saquen adelante sus negocios; que bajar el nivel académico para que los estudiantes no se traumatizen en vez de incentivarlos a esforzarse; que hacer un llamamiento a todos los habitantes del mundo para que se vengan a vivir a nuestro país y se beneficien de los servicios públicos porque los de aquí no tenemos hijos en vez de mejorar la situación de los de aquí para que podamos formar familias, y que putear a los propietarios de las viviendas y tratarlos de psicópatas ("Piensa el ladrón que todos son de su condición") en vez de ponerles las cosas fáciles para que decidan alquilar a unos precios razonables, no es la solución. Ni mucho menos. Más bien todo lo contrario. No solucionan las causas de los problemas, las empeoran. Esta —falsa— empatía de cara a la galería ha destruido la sociedad del bienestar.

No es que falten trabajadores, es que la gente prefiere cobrar el ingreso mínimo vital y no hacer nada a trabajar ocho horas al día por un sueldo similar en un trabajo que no les gusta ni les motiva. Los empresarios se están encontrando con que muchos de los candidatos no tienen los conocimientos necesarios (gracias a la brillante idea de bajar el nivel académico para no traumatizar a los alumnos y gracias también a la brillante idea de importar mano de obra barata para que algunos se enriquezcan un poco más) y que muchos de ellos o bien son unos ineptos o bien unos tiquismiquis hipersensibles (o, en los peores casos, ambas cosas). Pides un café en un bar y, en vez del café, te traen una cerveza media hora después de que la hayas pedido y sin haberte limpiado la mesa. ¡Y que el empresario no se atreva a decir algo! Te va a decir que es una persona altamente sensible (PAS) y que se coge la baja un año entero para superar el trauma. Pues mira, yo soy una persona altamente cabreada y estoy hasta los ovarios de tanta estupidez. Pagan justos por pecadores. Hay empresarios que son unos déspotas avariciosos y otros que van de buena fe y tienen a todos los trabajadores de baja porque la lluvia los desestabiliza. No sé si me explico… Tenemos que encontrar un punto medio: ni una cosa ni la otra.

No es que falten trabajadores, es que la gente prefiere cobrar el ingreso mínimo vital y no hacer nada a trabajar ocho horas al día por un sueldo similar en un trabajo que no les gusta ni les motiva

Por otro lado, gracias a la educación woke chachipiruli de pacotilla, a la falta de referentes centrados y de límites, y al narcisismo que impera en este planeta, muchos jóvenes han perdido las ganas de vivir. Como sociedad, deberíamos plantearnos qué estamos haciendo mal para que los más jóvenes tengan ganas de desaparecer. El problema no son las redes sociales ni la IA; el problema somos los humanos, que siempre buscamos a los culpables fuera para quitarnos de encima las culpas. Menos frases de autoayuda baratas y parches para conseguir votos y más debates profundos y soluciones de verdad. Debemos centrarnos en las causas reales de los problemas y no en las que se inventan para que encajen en el relato que les interesa. No vamos bien, y si las cosas no cambian, no saldremos de esta.