Se negocia demasiado poco con las mujeres. Esta afirmación no es un lamento, sino un dato flagrante y un error estratégico con consecuencias catastróficas. Si bien las mujeres son histórica y sistemáticamente las más afectadas por los conflictos armados, su voz es casi inaudible en la mesa de negociación: solo se incluyen en 1 de cada 10 procesos de paz. En medio de las múltiples celebraciones y campañas que rodean el Día de la Mujer, esta cifra, junto con el dato que nos hace llegar Manos Unidas sobre la violencia que aún tiene rostro femenino en más de 59 conflictos activos, debería ser un grito de alerta.
Se les insta poco o nada a la inclusión en prevención y resolución de conflictos, y, de momento, son principalmente las que sufren las consecuencias. Tenemos un histórico positivo, sin embargo: cuando las mujeres se incluyen en procesos de negociación por la paz, esta tiene más garantías de duración.
No hace falta ser un experto en geopolítica para constatar que el mundo no va como una seda. El Índice Global de Paz 2025 ya nos avisó que vivimos en un planeta menos pacífico, con una debilidad creciente de los mecanismos multilaterales de resolución de conflictos, reflejada en los más de 78 países involucrados en guerras más allá de sus propias fronteras. Y aquí es donde tenemos que ser honestos con nosotros mismos: la globalización es un flujo constante; entramos y salimos de las problemáticas mundiales. Europa no es la aldea de Astérix aislada ni una fortaleza impermeable. Estamos interconectados, también con los males del mundo.
La violencia global, por desgracia, tiene aquí su eco. Mujeres que han perdido familiares en la guerra y han conseguido llegar a nuestra casa, víctimas de matrimonios forzados, embarazos no deseados o violencias diversas, nos recuerdan que no somos la Europa de "ni un papel en el suelo". También tenemos mecanismos que fallan y pequeñas violencias cotidianas que se convierten en monstruos.
La participación de las mujeres en los procesos de paz no es una cuota, sino una condición de necesidad. Es la mejor salvaguarda contra la violencia de género en conflictos y un pilar para apoyar situaciones de posconflicto
Y, con todo, Europa, amenazada y tambaleándose, sigue siendo un faro. La Comisión Europea contempla mecanismos de inclusión de mujeres en la toma de decisiones que evidencian un cambio. Seguimos defendiendo los derechos fundamentales y somos, a pesar de todas las imperfecciones, un lugar donde poder negociar, donde los derechos (todavía) se pueden reivindicar, cosa que en muchos otros lugares no es ni siquiera imaginable. Esto no es un eurocentrismo raquítico. Defender Europa como lugar y como proyecto es constatar que desde aquí nos comprometemos continuamente con la defensa de los derechos humanos, que son por definición universales, y que en otros lugares se desechan impunemente.
La participación de las mujeres en los procesos de paz no es una cuota, sino una condición de necesidad. Es la mejor salvaguarda contra la violencia de género en conflictos y un pilar para apoyar situaciones de posconflicto. Los datos son claros y contundentes: incluir mujeres en las negociaciones eleva un 20 % la probabilidad de que un acuerdo dure más tiempo. Como evaluadora y participante en proyectos europeos, he podido visualizar datos, protocolos y acciones exitosas de mujeres que encabezan negociaciones que funcionan.
Las mujeres no solo alcanzan la paz, sino que la enriquecen incorporando reformas políticas, sociales y económicas más inclusivas, fortalecen los sistemas de alerta temprana y reducen la violencia abordando sus raíces, como la desigualdad de género. Su participación civil reduce un impresionante 64 % el riesgo de fracaso en la implementación de los acuerdos (según ONU Mujeres).
Manos Unidas, que desde 1959 trabaja como ONG para el desarrollo, lo tiene claro: la formación de mujeres libres y con capacidad de decisión es fundamental para la resistencia y para irradiar el bien en las comunidades.
La mujer no es la solución mágica a todos los problemas mundiales, pero su ausencia en la negociación es una pérdida global de dimensiones simplemente desastrosas. Y, por fortuna, esto se puede y se debe remediar. Negocia, no "por" la mujer, sino "con" ella.