Tal día como hoy del año 1410, hace 616 años, en Barcelona, moría el rey Martín I, el último descendiente directo de Wifredo el Velloso en el trono catalanoaragonés. Desde el nombramiento del conde Wifredo (870), la estirpe llamada Bellónida había dado, sucesiva y correlativamente, cuatro condes carolingios de Barcelona (897-987), siete condes independientes de Barcelona (987-1150), tres condes independientes de Barcelona y reyes de Aragón (1150-1238), dos condes independientes de Barcelona, reyes de Aragón y reyes de Valencia (1238-1282/1305), y cinco condes independientes de Barcelona, reyes de Aragón, reyes de Valencia, reyes de Sicilia y reyes de Cerdeña.
Durante los siglos XIII y XIV, con el dominio de las ramas menores de la estirpe de Wifredo el Velloso en el condado independiente de Provenza (1112-1267), en el efímero reino de Mallorca (1276–1343), los Bellónidas habían sido la estirpe real más poderosa de Europa. Posteriormente, el condado independiente de Provenza pasaría a manos de la estirpe Anjou, una rama menor de la familia real francesa (1267) pero, por otro lado, los almogávares catalanes crearían dos dominios semiindependientes en los Balcanes que permanecerían bajo la protección de la Corona catalanoaragonesa (1305-1390) y el reino de Mallorca sería reintegrado a la rama principal (1343).
Martín I, sin sucesión legítima (su único hijo, Martín el Joven, había muerto el año anterior), jugaría la carta de legitimación de Federico, un vástago que el heredero había engendrado —antes de fallecer— con la siciliana Tarsia Rizzari. Pero la inoportuna —¡¡¡y sospechosa!!!— muerte de Martín I la víspera de la fecha prevista para la legitimación de Federico, impediría la culminación de aquella operación y abriría las puertas al reemplazo de la histórica estirpe Bellónida. Dos años más tarde (1412) y después del Compromiso de Caspe, el nuevo rey Fernando I, de la estirpe castellanoleonesa de los Trastámara, se convertía en el relevo del difunto Martín I.