Cargando...

Ayer por la mañana, Jordi Hereu explicaba a Ricard Ustrell, en El matí de Catalunya Ràdio, que las elecciones del 29 de noviembre van de escoger un modelo. O el modelo del PSOE o el de PP y Vox. Y reclamaba que socialistas, progresistas y catalanistas se movilicen. También ayer Iván Redondo, que vaya la campaña que está haciendo, advertía a X que Catalunya será decisiva para determinar quién será el próximo presidente español. Seguramente tiene razón. Y la pregunta para mí es: ¿decidir presidente u otras cosas?

Si Catalunya es tan decisiva, todavía hay más motivos para no comprar el marco que interesa a los partidos españoles. Porque quizás en España tengan que elegir entre dos modelos, pero los catalanes no tenemos ninguna obligación de resignarnos a esta elección. Es evidente que PP-Vox y PSOE no son lo mismo. Hay diferencias sociales, económicas y de concepción de las libertades que no conviene despreciar. Pero una cosa es reconocerlas y otra, muy diferente, es aceptar que solo existen sus prioridades. Cuando se trata de Catalunya, los dos modelos se parecen demasiado. ¿Quién aplicó el 155? El PP, con el apoyo del PSOE. ¿Quién salió a la calle contra la soberanía catalana junto a Vox? También dirigentes del PP y del PSOE, con Salvador Illa a la cabeza. ¿Y quién impidió que Catalunya asumiera competencias en inmigración? Podemos, precisamente el socio con quien ERC ha decidido entenderse en estas elecciones. Curiosa manera de defender un modelo propio: asociarse con quien niega instrumentos para ejercerlo.

¿Hablamos de Rodalies? Los gobiernos cambian, las promesas se renuevan y los trenes siguen fallando. ¿Hablamos de las inversiones presupuestadas que nunca se ejecutan? Da igual quién ocupa la Moncloa: Catalunya sigue esperando aquello que ya le habían prometido. ¿Y el corredor mediterráneo? ¿Y el déficit fiscal? Cambian los ministros, los discursos y los eslóganes electorales, pero los problemas estructurales permanecen. Si el resultado para Catalunya se parece tanto, ¿de qué diferencia de modelo nos están hablando?

Quizás en España tengan que elegir entre dos modelos, pero los catalanes no tenemos ninguna obligación de resignarnos a esta elección

Estos días, tenemos sindicatos convocando una huelga contra una oposición que todavía no gobierna, mientras los problemas que denuncian se han agravado durante los ocho años de gobierno de sus partidos de referencia. ¿Es este el modelo progresista? ¿Este es el debate que nos proponen? ¿Escoger entre quienes nos han negado derechos y quienes nos prometen defendernos de los otros mientras mantienen buena parte de las mismas negativas? No es una cuestión de simpatías. Es una cuestión de intereses políticos.

En Estados Unidos hemos visto que, cuando gobiernan personajes capaces de deshacerlo todo, llega un momento en que la sociedad reacciona. Un mal gobierno se puede combatir, desgastar y sustituir en las urnas. Por eso existen las elecciones y la alternancia. Lo que cuesta mucho más de recuperar es la personalidad política de un país cuando sus representantes renuncian a ella. Si aceptas que las únicas opciones son las que te marcan desde Madrid, ya has perdido antes de que abran los colegios electorales.

Por eso es incomprensible lo que ha hecho Esquerra Republicana. En vez de reforzar una agenda catalana, ha contribuido a diluirla dentro de las alianzas de la izquierda española. El problema no es solo con quién se presenta, sino acabar aceptando que la gran pregunta de estas elecciones es la que han formulado los partidos españoles. Cuando dejas que los otros decidan cuáles son las preguntas, difícilmente podrás imponer tus respuestas. No se trata de decidir quién nos cae mejor en Madrid, ni de hacer ver que todos los gobiernos son iguales. Se trata de poner las necesidades de Catalunya en el centro y no regalar nunca nuestra fuerza. Un mal gobierno se puede cambiar. Incluso uno muy malo. Lo que cuesta mucho más de recuperar es la personalidad política de un país cuando ha renunciado a ella. Por eso, el 29 de noviembre, más importante que escoger un modelo para España es no perder el nuestro. El modelo es Catalunya.