Resulta que Russell Crowe y un equipo de trescientas personas están rodando la película The last druid, dirigida por William Eubank, en un bosque de Sant Cugat del Vallès… en plena zona cero, afectada por la peste porcina.
Zona que, para el resto de mortales, continúa, obviamente, prohibida por las restricciones impuestas en la plaza Sant Jaume. El Govern argumenta que la productora ha puesto nuevas vallas perimetrales reforzando las que ya existían, está obligada a desinfectar las ruedas de los vehículos que entran y salen, nadie puede caminar por las zonas boscosas, deben comer en los espacios habilitados y están comprometidos a avisar a seguridad en caso de encontrarse a un jabalí. Vivo o muerto. Estas medidas se exigieron hace unas semanas, pero, mientras los servicios jurídicos de Agricultura preparaban el requerimiento legal, la productora aprovechó para construir sets de rodaje.
El conseller del ramo, Òscar Ordeig, ha defendido el rodaje porque el decreto de medidas para combatir la peste porcina africana permite la actividad económica
El problema, como decía, es que el acceso al medio natural está prohibido desde hace casi siete meses, a veinte kilómetros a la redonda del epicentro donde se encontró al primer jabalí muerto por la peste, en Bellaterra. Por lo tanto, el parque de Collserola y todas las zonas naturales de los municipios que lo rodean quedan afectados por la norma, al menos hasta después del verano. El conseller del ramo, Òscar Ordeig, ha defendido el rodaje porque el decreto de medidas para combatir la peste porcina africana permite la actividad económica, como la apertura de los restaurantes que hay en la zona cero. Restaurantes, por cierto, que han sufrido una caída de la clientela a la mitad. Los que iban andando.
Y el problema también es que el alcalde de Sant Cugat, Josep Maria Vallès, ha pedido que se abran espacios urbanos como el bosque de Volpelleres o la zona del Pi d'en Xandri argumentando motivos de salud y bienestar ciudadano. Pero no le han hecho ni caso. Y, claro, el hombre se queja de que el Govern sea capaz de garantizar la seguridad para una película, pero no en la vida real.
El caso recuerda un poco las absurdas restricciones de ir a la montaña durante la pandemia de la covid. Espacios naturales de miles de hectáreas donde era imposible contagiarse, pero en los que las diversas policías montaron batidas, con helicópteros incluidos, como si los sufridos ciudadanos fueran Sylvester Stallone en Acorralado. Algo que aún indigna más ahora que hemos sabido que durante aquellas fechas algunos de los que decidían estas cosas decidieron enriquecerse a expensas de las clases subalternas, que diría Raimon. Claro que quienes se enriquecían no querían ir al bosque. Preferían citas con prostitutas.
Ahora bien, quizás el caso de Russell Crowe tiene una explicación más fácil. Quizás, visto el nivel de matemáticas de nuestros estudiantes, el Govern quiere que el actor inspire a los jóvenes a convertirse en John Forbes Nash, ese matemático estadounidense especialista en teoría de juegos, geometría diferencial y ecuaciones en derivadas parciales, ganador del Nobel de economía en 1994, a quien el actor australiano daba vida en A beautiful mind, la peli de 2001 ganadora de cuatro Oscar, entre ellos el de mejor película. Os juro que ayer, tarde de Sant Joan, la pasaron por TV3. Nadie debió entenderla.
