Sí, ya se que ahora mismo usted tendría que estar leyendo una pieza escrita por mí, pero no podrá ser. Me sabe mal, ha sido un día muy complicado y no he tenido tiempo de escribir nada.

Verá, esta noche pasada prácticamente no he dormido. Como millones de catalanes (o más) he estado enganchado a la "Supergüol". ¡Cómo me gusta la "Supergüol"! Bueno, la verdad es que no sé si me gusta mucho, pero los medios hablan tanto de ella que mi obligación es que me guste. Como que es un "gran espectáculo" que se miran no-sé-cuántos millones de personas, ¿verdad? Si fuera un espectáculo pequeño visto por cuatro gatos, pues ya no. Y cómo me pone la carne de gallina el himno de los EE.UU. cantado a cappella...

El problema es que también es el Fin de Año chino. Y, como ahora queremos venderles camisetas del Barça y el Espanyol, unos cuantos jugadores de los dos equipos han hecho unos vídeos muy bonitos que, por cierto, emiten todas las cadenas de radio y TV porque, naturalmente, nos interesan mucho. Total, que cuando iba a ponerme a hacer el articulito, se me ha juntado una cosa con la otra.

Pero es que, además, justamente hoy he empezado a preparar el Sant Valentín. ¡Cómo me gusta esta fiesta tan sincera! Y no sabe usted que complicado es poder disfrutarla como es debido. Los restaurantes que organizan noches "súper románticas" empiezan a estar llenos y cuesta mucho encontrar sitio. Por fortuna he conseguido mesa en el Mesón Los Tres Hermanos. La familia china que lo regenta hace un menú con 10 primeros y 10 segundos a escoger por 8€ y he encontrado un agujero en el turno de 7 a 8 de la tarde. Espero que elaboren su famoso plato: melocotón en almíbar y gambas acompañado de generosos cuencos de salsa rosa.

Bien, y ahora, si me permite, me tengo que marchar. Empiezo a mirar disfraces para el "jalogüing" y las primeras ofertas del "blacfraidei". Que si no me espabilo, después se me juntará todo.