Venga, llámame intensa. Así quedo como una loca y me deshumanizas. Sí, venga: así quedan justificadas todas tus violencias. Es más fácil desacreditarme que reconocer tus abusos. Más cómodo que entender por qué estoy tan enfadada y ofendida. Hacerte responsable de tus actos o de tus actitudes no es una posibilidad, ¿verdad? Siempre es más sencillo ridiculizar que revisarse. Burlarte de lo que hago mal es más divertido que poner en valor lo que hago bien.
Hacemos demasiado ruido, gritamos demasiado, se nos ve demasiado. Era mejor cuando éramos discretas y cruzábamos las piernas para ocupar menos espacio. Cuando vivíamos a la sombra de un gran hombre, limpiando y haciendo lo que él no hacía. Cuando criábamos solas a los hijos y ellos “ayudaban”. Más fácil tacharnos de inestables que aguantar, aceptar o intentar reparar nuestras quejas. Lo que molesta es que lo digamos en voz alta: estamos hartas.
Porque un hombre es un líder y nosotras somos unas mandonas. Si nos señalan como enfermas, cuestionan todas nuestras palabras y sentimientos. Por eso es más fácil perdonar siempre, pretender que no pasa nada, mirar hacia otro lado, como si nuestro tiempo y nuestras emociones no fueran tan importantes. Es mejor que hagamos terapia para seguir soportando heroicamente las injusticias de los que no la hacen. El “sexo débil”, nos llamaban. Quizás sí que tenían razón, pero era porque eran mujeres física y psicológicamente agotadas. Que no te entiendan o que ni lo intenten te deja KO en todos los sentidos. Bastante hacemos con intentar explicar nuestros sentimientos y nuestras emociones, que es algo muy valiente. Que yo sepa, no hay cobardes ni cobardas felices.
Lo que más me gusta es que me digas que soy adicta al drama. Sí, llámame loca del coño, por favor, te lo ruego, que así aún me verás más intensa. Ya sabemos que cuando tenemos la regla, o estamos ovulando, o tenemos la menopausia, o atravesamos la pubertad, estamos histéricas. El ciclo menstrual nos convierte en monstruos; solo nos libramos un par de semanas al mes y unos pocos años de la vida. Unas drama queens en toda regla (y nunca mejor dicho). Donde hay hormona, no reina la neurona —dicen—. Somos las nietas de las brujas a las que no pudisteis quemar. Muchas de ellas, por cierto, eran enólogas o cerveceras denunciadas porque hacían competencia en el mercado.
Siempre es más sencillo ridiculizar que revisarse
Si eres de esas mujeres tan “no feminista” porque no crees que le debas nada al feminismo… pero has podido ir a la universidad, viajar sola, votar, llevar vaqueros, tener una cuenta bancaria, llevar rímel, casarte con quien y cuando has querido, parir con epidural, tener más de una pareja, utilizar anticonceptivos o divorciarte… quizás sí debas, como mínimo, un 'gracias' a esas mujeres que intensamente lucharon por cambiar la mirada del mundo. Las llaves viejas no abren puertas nuevas.
La locura siempre ha estado vinculada a las mujeres. Todas hemos sido, alguna vez, la que exagera, la que está loca, la que es demasiado intensa. Celebremos este 8 de marzo —y cada día— aprendiendo lo que admiramos de otras mujeres y desaprendiendo lo que no nos gusta. Que el mansplaining les haga sonrojarse a ellos, no a nosotras. Que no pensemos que solo somos atractivas cuando somos jóvenes. Porque seguramente ese que dice que no es ni feminista ni machista y que te dice que eres demasiado “intensa”… es porque un poco machista también lo es.
Y, sin embargo, soy yo quien tacha a mi madre de intensa cuando me envía la decena de mensajes (por no decir podcasts). Y pienso: ¿qué haré cuando ya no los tenga? Ella, que sabe antes que yo lo que me pasará. Somos las de la intuición, decía Shakira. O es que ya somos muchas generaciones que lo intentamos hacer todo y todo bien. Que tenemos nuestras agendas y las de los demás en la cabeza. Y eso hace que muchas menos veces de las que sería necesario, nos explote la cabeza con las circunstancias de la vida.