Estados Unidos ha colocado la cuestión fiscal en el primer lugar de la agenda económica y política mundial. El plan de su presidente, Joe Biden, transmitido a 135 países, es aprobar un impuesto más fuerte a  las grandes corporaciones globales, que en su casa afectará al grupo de los Gafa: Google, Amazon, Facebook y Apple, así como a las grandes firmas farmacéuticas (las Big Pharma). Y, al mismo tiempo, aplicar un tipo de impuesto mínimo mundial para las multinacionales, que podría ser del 12,5%. 

La secretaria del Tesoro americano, Janet Yellen, escribió en el Wall Street Journal el 8 abril que "muchas de las empresas más grandes del país no pagaron impuestos federales sobre las rentas en 2020". Y agregó que "los impuestos más bajos no atrajeron la producción y la inversión a nuestras costas por una razón obvia: otros países ven lo que hacemos y actúan en consecuencia. Al final, el  resultado es una carrera en que lo que está en juego es quién puede reducir los impuestos corporativos más y más rápido". 

Esta estrategia se tradujo en  trasladar el  dinero a paraísos fiscales, entre  los que han destacado países  del Caribe, como las Bermudas y las islas Caimán, donde las multinacionales durante largo tiempo han ido colocando  sus beneficios a través de montajes sofisticados, así como en economías europeas, como es el caso de Irlanda. Esta vía, por otra parte, ahora resulta más fácil cuando se trata de actividades numéricas basadas sobre activos desmaterializados.

La Administración americana quiere retener esos recursos para financiar los más de 2 billones de dólares previstos en un plan de infraestructuras, como aeropuertos, carreteras,  banda ancha o I+D. Ese sería el primer pilar de la revolución fiscal.

El segundo paso sería la creación de un tipo mínimo mundial de impuesto, que, según se ha barajado, podría ser del 12,5%.  Según Janet Yellen, "hay políticas que son mutuamente beneficiosas, en las que todos ganan". En Europa, Alemania, España y Francia han dado su visto bueno a una iniciativa en la que la OCDE llevaba trabajando desde  hace años. 

 Pekín reclama una reducción de los aranceles estadounidenses sobre las importaciones 'made in China'

China podría sumarse a la iniciativa, pero Pekín reclama una reducción de los aranceles estadounidenses sobre las importaciones made in China. El problema en su caso está en qué va a pasar con Hong Kong, el séptimo paraíso fiscal más grande del mundo y de Asia, cuando en el presente la isla canaliza alrededor del 70% de la inversión extranjera en China. Por ello, y de entrada, el profesor de Finanzas Zhao Xijun insiste en que "Estados Unidos debe ser el primero en hacer los cambios".

A su vez, el FMI es partidario de añadir a la iniciativa de Washington una "tasa Covid" temporal a los más ricos aplicando impuestos sobre las fortunas y las herencias, según indicó en su último informe fiscal del 7 de abril.

Según Angus Deaton, premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Princeton donde está trabajando en un estudio oficial de la desigualdad en EE.UU, "un impuesto sobre el patrimonio es una mala manera de pagar las deudas y probablemente se volvería permanente si se introdujera".

El tema, en general, es polémico, y lo veremos en los próximos meses mientras el equipo de Biden trata de acercarse a Pekín, con quien desea compartir una "estrategia competitiva". Este verano saldremos de dudas.

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