Agotador. Pesado. Repetitivo. Cada día dando las mismas vueltas a la misma noria seca.

Los unos reiterando el discurso del, "pero, ¿cómo pueden negarse a aprobar los presupuestos más sociales de la historia de la humanidad mundial?". Los otros contestando: "pero, ¿cómo quieren que aprobemos unos presupuestos sin que ustedes hagan ningún gesto. No, no, y no. Bueno... o quizás permitimos que se tramiten... no, a ver, o quizás acabamos defendiendo que los aprobaremos pero a cambio de un gesto... o no... ¿Mire, sabe qué? Que al final será que no... a la espera de un posible gesto... que nunca se sabe". Y los de más allá vomitando el discurso del "señor Sánchez, para conservar el poder usted se ha vendido a los golpistas que nos roban, a los etarras y a los populistas".

Sólo hay que ver las portadas de un martes de gloria brunetística que han causado furor entre los chiquillos:

ABC

El Mundo

La Razón

Voz Galicia

El Correo

Y todos ellos esperando que acabe el juicio contra los presos políticos, hayan elecciones municipales y a ver qué pasa.

Por cierto, qué diferente era todo cuando gobernaban los buenos y organizaban simpáticos y amables actos de beneficencia donde sólo faltaban señoras vestidas de negro y tocadas con una casta mantilla para que aquello pareciera el Domund.

Actos como aquel del Palacio de Congresos de Catalunya de la Diagonal de BCN, donde se nos prometieron tantos millones que aquello no era una lluvia de dinero, no, sino huracán de billetes de 500€. Como estaba de contenta entonces la Brunete. Porque entonces las inversiones eran para acabar con el Procés, no como ahora...

Rajoy

Pero más allá del sexo compulsivo y puramente físico que es metáfora de esta partida de ajedrez infinita donde cada día los unos mueven las mismas piezas en las mismas casillas esperando que los otros muevan sus mismas piezas en sus mismas casillas, pero sin matar ni a un triste peón, también existe el amor. O mejor decir, debería de existir. Porque el amor es muy bonito. O tendría que serlo.

Y el amor tendría que ser hablar de los números de los presupuestos. Y el amor tendría que ser discutir de las cifras, no si te empotro en el ascensor, entre el y el 5º, en un aquí te pillo, aquí te mato. No, aquí no existe nada de amor. Aquí todo es gemido compulsivo y resoplido de "mañana tendré unas agujetas en los glúteos que ni te lo explico".

Y si eso fuera amor en vez de sexo consecuencia de un celo mal resuelto, de una calentura repentina, podríamos hablar de que los presupuestos tan fantásticamente mundiales prevén invertir en Catalunya un 2,4% menos de lo que dice el Estatut que todos nos dimos y que el TC nos quitó. 

Y si la cosa fuera sobre amor hablaríamos de la ejecución de estos presupuestos de ahora que nos prometen cosas tan entrañables como la llegada de un dinero que está pendiente desde el año 2008.

Pero no, le llaman amor y el debate de los presupuestos es puro sexo que, además, nunca se acaba de culminar.