Xavier García Albiol tiene un gran olfato político. Hace 15 años detectó en los barrios "obreros" de Badalona fruto de la inmigración de los años sesenta del siglo pasado el inicio de un nuevo fenómeno social: el miedo y el recelo hacia la nueva inmigración que llegaba atraída por la burbuja inmobiliaria. Y supo usar aquella situación tan hábilmente que consiguió ser alcalde del PP en una de las ciudades más "psuqueras" y sociatas de Catalunya.

¿El racista Albiol? No, el gran populista Albiol, que siempre le dice a quien detecta que puede ser su votante lo que su posible votante quiere oír. De hecho, ¿cuánto hace que usted no oye a Albiol hablar de inmigración? Cuando se olió que este discurso ya no le daba votos, dejó de hacerlo.

Pero ahora ha olido otra posible presa. Ha visto que en los EE.UU., Gran Bretaña y Francia se ha producido un fenómeno electoral parecido, con matices y con resultados diferentes, pero con un mismo origen. Y es un fenómeno global consistente en que millones de trabajadores sin calificar o muy especializados de todo el planeta contemplan como sus puestos de trabajo los ocupan o los ocuparán en breve las máquinas. Y se sienten abandonados, sin futuro. Ven que no podrán adaptarse a la gran revolución digital del siglo XXI y que nadie hace nada por ellos. Y su reacción lógica es ir contra "las élites", así en general, que consideran las culpables de su situación. De aquí el triunfo de Trump y el Brexit y los buenos resultados de Le Pen. Este populismo que ofrece curar el cáncer terminal a personas desesperadas a base de desbloquearle los chacras y hacerle infusiones de flores de Bach. Porque ante la desesperación, la gente se agarra a cualquier cosa.

Y Albiol ha decidido que sus posibles votantes que ya no le compran el tema del racismo ahora le pueden comprar este discurso de las élites. Si está funcionando en medio mundo, ¿por qué no aquí, verdad? Y por este motivo, el lunes, justo acabar la manifestación de apoyo a Carme Forcadell y Anna Simó, dijo aquello de que "las personas concentradas en las puertas del TSJC son la aristocracia política catalana". O sea, ellos son las élites que quieren mantener los privilegios y yo soy como vosotros...

Es la primera vez que tira la caña en estas aguas. Y si lo ha hecho es porque tiene claro que tiene que ir por aquí. Y su olfato normalmente acierta. Él, que últimamente ha sabido convertirse en la imagen del "no" al referéndum, ahora intenta hacer carambola sumando a su causa el estrato sociológico donde confluye el "no" y el desencantamiento y la frustración permanente derivados del no-futuro que les trae la era del big data.

Seguiremos con interés la evolución del trumpismo-lepenismo-brexismo a la catalana...

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