La cosecha de películas del cine español —y catalán— de 2025 es magnífica. Y hay temáticas tan diversas como una rave en el desierto, hacerse monja en el siglo XXI, la heroína como plaga de una generación, los toros como arte visual, las agresiones sexuales, la homosexualidad en la llamada tercera edad, la comedia política o la sordera y la maternidad. Y, justamente, estoy muy a favor de los premios a Sorda, que es una maravilla y Álvaro Cervantes y Miriam Garlo están brutales. Y muy a favor de haber premiado Los domingos. No solo porque está claro que Alauda Ruiz de Azúa es una directora de un talento descomunal, sino porque nada está sobreactuado, que es el mal de la mayoría de las películas. Ah, y a la pregunta de si Sergi López y Carla Simón están castigados por la Academia española, la respuesta es que no lo sé, pero lo parece.

Conspiraciones aparte, incluso me parece bien que los premiados defiendan Gaza, Ucrania e Irán, y no me parece tan bien que no se fijen en cosas más domésticas. Y me parece bien que Susan Sarandon reciba el Goya internacional honorífico, no por los premios en sí, que es aleatorio, sino porque a veces tiene que venir alguien de fuera para descubrir a mucha gente que ahora —de momento— el faro del mundo libre no es Estados Unidos, sino la España de Pedro Sánchez.

Todo está muy bien. Bueno, todo no. Yo soy partidario de que los Goya se den en Madrid, por favor. ¿No se dan los Gaudí en Barcelona? ¿No se dan los Oscars en Los Ángeles? Pues dad los Goya en Madrid, por el amor de Dios. Así nos ahorramos el ridículo de acabar una gala con el "Amigos para siempre".

A ver. La Academia del Cine da la organización de la gala a una productora. Este año le ha tocado a Gestmusic, que debió de hacer la propuesta que más gustó a los que mandan en el cine español. Y Dios me libre de criticar a Tinet Rubira y a las mentes pensantes de la gala, que seguro que tiene mil dificultades. De hecho, no sé si la idea de "Amigos para siempre" fue suya. Supongo que sí. Pero el problema ya es de base. El problema es la idea que hay detrás de la decisión de que los Goya se hicieran en Barcelona. Detrás de esta decisión hay una operación política que, en el fondo, quiere decirnos que, si los catalanes nos portamos bien, podremos organizar los Goya y disfrutar con la Roja.

Fijaos en que un partido de España o los Goya es mucho menos que lo que proponía Pasqual Maragall

Fijaos en que un partido de España o los Goya es mucho menos que lo que proponía Pasqual Maragall. El expresidente quería traer el Senado a Barcelona; hacer de la capital de Catalunya una cocapital de España. Algo con lo que podías estar de acuerdo o no, pero que tenía una ambición detrás. Una idea muy potente. El problema es que, respecto a Catalunya, ahora el socialismo catalán y español tiene poquita cosa que ofrecer. Los Goya y un partido de fútbol. De acabar con el déficit fiscal, ya hablaremos otro día. Y de reconocer el derecho a la autodeterminación, no hace falta ni decirlo.

Nada, portaos bien, no protestéis mucho, y os dejaremos hablar en catalán y cuatro migajas más. Este es el motivo por el cual —no es culpa de quien lo haya pensado, insisto— que les acabemos cantando "Amigos para siempre" me parece un ridículo y una humillación demasiado grandes.