Cuando yo era pequeña, hicieron furor una especie de tatuajes temporales, con figuras de los dibujos animados, que se llamaban calcomanías. Las figuras estaban pintadas con colores brillantes sobre un material plástico muy delgado el cual estaba pegado sobre un papel. Ponías sobre el sitio deseado del cuerpo el papel, de forma que la calcomanía tocara directamente la piel, y entonces mojabas mucho el papel y presionabas suavemente, para que se transfiriera la figura y se adhiriera a la piel. Esta moda pasajera, sin embargo, ha ido volviendo y mis hijos, cuando eran más pequeños, también se apuntaron a la moda de los tatuajes temporales y, en solidaridad con ellos, hicieron que me "decorara" con alguno de aquellos tattoos, bastante macarrónicos, por cierto. Los tatuajes, las pinturas de guerra y las pinturas cosméticas deben ligar con algún sentimiento o compulsión ancestral, porque el gusto por la decoración de la piel humana es inherente a todas las culturas. Aparte del hecho de que el maquillaje, sobre todo el femenino, se extiende por todas las capas sociales, si nos centramos en los tatuajes, hay datos que muestran que el 40% de los millennials llevan algún tatuaje en alguna zona del cuerpo.

Pues bien, imaginemos que el tatuaje temporal no es sólo estético, sino que es funcional y actúa como biosensor para controlar nuestra salud o como interfaz de conexión con nuestro móvil. ¿Y si en lugar de fijar una calcomanía con tintas de colores, transferimos sobre la piel una delgadísima red metálica conductora, como si fuera un brazalete de oro, talmente como una joya con un diseño innovador o una pieza de delicado encaje? Podemos pensar en un brazalete, pero también en esmalte de uñas, maquillaje conductor o, incluso, pestañas postizas, funcionando como biosensores de nuestro estado corporal. No es imaginación, sino que ya es una realidad, aunque sólo existen como prototipos. Tal como se explica muy bien en un artículo publicado en PNAS, en el que se relata la historia de algunos de estos tatuajes efímeros, que pueden durar desde un día a un cierto tiempo.

Hacer tatuajes que contengan circuitos a la vez que resulten estéticamente tan bonitos como verdaderas joyas

Los laboratorios del Massachussets Institute of Technology (MIT) junto con Microsoft Research están haciendo un proyecto denominado DuoSkin, en el cual se busca un producto hecho de materiales biocompatibles y buenos conductores (por ejemplo, una hoja de pan de oro, buen conductor de electricidad y extremadamente maleable, que permite hacer láminas finísimas), con los cuales hacer tatuajes que contengan circuitos a la vez que resulten estéticamente tan bonitos como verdaderas joyas. Con la ayuda de un buen software de diseño, una impresora de tinta y una base adecuada, se pueden generar sensores y circuitos que cada día podrían cambiar de forma pero no de tarea, por ejemplo, podrían ser un trackpad, que nos permitirían subir el volumen de la música que estamos escuchando por el móvil o pagar una factura. Incluso, se le podrían conectar LEDs que cambiaran el color de la joya y nos iluminaran, y por la noche no tendríamos que ir a tientas para encontrar el interruptor de la luz. Puestos a imaginar, ahora que sabemos que los espías están por todas partes, con un pequeño toque a la pulsera de la muñeca o con un parpadeo de las pestañas postizas, hacer una foto, grabar una conversación, transmitir órdenes o mensajes a móviles receptores, o inhibir las señales de wifi y de telefonía, o activar cualquier aparato que pueda responder, conectarse o encenderse a una señal... toda una apuesta impensable de espías y contra espías. Para hacer una película.

Evidentemente que se pueden utilizar como electrodos mínimos y precisos, que sin nada de volumen y directamente aplicados sobre la zona donde se desea, permiten hacer la grabación de electrocardiogramas, electroencefalogramas o electromiogramas, lo cual permitiría grabar a tiempo real, fácilmente y sin el problema del bulto o rigidez de los electrodos actuales, diferentes situaciones clínicas, como enfermedades neuromusculares, o de daño en la médula y la posible recuperación, pero también la respuesta neurológica ante ciertas situaciones o estímulos, por ejemplo, los ataques de migraña, los brotes de psicosis o esquizofrenia, el entrenamiento, el aprendizaje o el juego. Delgados y casi invisibles, permiten incluso el crecimiento de pelo a través de ellos.

Podrían medir el estado de hidratación o deshidratación de los pacientes, el efecto de ciertos medicamentos de forma precisa y continúa, sin necesidad de recurrir a los análisis de sangre diarios

Otros investigadores piensan en aplicaciones de control del estado de salud para estos tatuajes temporales, por ejemplo en el proyecto del MIT denominado DermalAbyss se están buscando materiales sensibles a la concentración de sodio o de azúcar, y que cambien de color según la temperatura corporal, la cantidad de sudor o de la concentración de glucosa en sangre. Imaginaos qué manera menos intrusiva de medir la concentración de azúcar para un diabético, que lo podría estar controlando continuamente durante todo el día, sin necesidad de pincharse. O para los deportistas, que podrían estar midiendo su estado fisiológico igual que lo hacen ahora con un reloj inteligente o con aparatos de medida, pero que de esta manera lo podrían hacer más precisamente (la toma sería directa desde la epidermis) de forma continuada y sin ningún impedimento de movimiento. O para los padres de bebés y niños, que podrían estar tranquilos midiendo directamente por el cambio de color si la criatura tiene fiebre o si el antipirético está haciendo efecto. O para los que están en tratamiento de desadicción, poder controlar las concentraciones de alcohol o de otras drogas en sangre. O para los médicos y enfermeras, que podrían estar monitorizando el estado metabólico o personas que cuidan enfermos, que podrían medir el estado de hidratación o deshidratación de los pacientes, el efecto de ciertos medicamentos de forma precisa y continúa, sin necesidad de recurrir a los análisis de sangre diarios. Cuando entráramos en el hospital, en lugar de ponernos una pulsera de identificación, directamente nos imprimirían nuestra calcomanía particular que, además de identificarnos, nos haría un seguimiento preciso y digitalizado mientras estuviéramos internados...

Podéis ir pensando e imaginando nuevas aplicaciones, porque todavía no lo hemos visto todo. Y eso por no hablar de todas las cuestiones bioéticas y éticas que implica tener muchos de nuestros datos más íntimos, monitorizados de forma continuada, en el éter de las conexiones con una interfaz que mide nuestras respuestas más íntimas (se acelera nuestro corazón cuando vemos a alguna persona, sudamos cuando decimos alguna mentira, suben o bajan hormonas o neurotransmisores en determinadas situaciones...). ¿Quién puede "piratear" a partir de nuestro "maquillaje" o nuestras "pulseras" inteligentes qué hacemos o cómo nos sentimos? ¿Quién tendría el derecho a usar estos datos nuestros, tan personales e intransferibles como quien se arroga el derecho de usar los contenidos de nuestros mensajes de Whatsapp, Twitter o mail, o nuestras imágenes de Instagram y los nuestros "gusta/no gusta" de Facebook?

Pienso que estas calcomanías, estos tatuajes temporales, son más que una joya o un capricho tecnológico nuevo, son una invención muy útil pero que pueden cambiar nuestra manera de interaccionar con el mundo y entre nosotros. Al tiempo.

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Gemma Marfany
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