La fórmula era desconocida y, tarde o temprano, iba a materializarse. Gabriel Rufián e Irene Montero llevaban meses de conversaciones discretas. Hace casi un año, en Europa, la eurodiputada de Podemos, poco dada en muchas ocasiones a los corrillos, ya explicaba esa fórmula —entonces difícil de descifrar— a los periodistas que recalaban unos días en Estrasburgo y Bruselas. Rufián lanzó en Madrid la idea de un frente plurinacional y Podemos se parapetó tras el líder de ERC, sin concretar demasiado. La ruta mediática de Rufián fue intensa y el acto con Emilio Delgado, de Más Madrid, hizo aún más difícil entender cómo se articularía ese frente. Bildu y BNG salieron a desmarcarse y la fórmula quedó en el aire. Al final, la operación de ERC y Podemos es la suma de dos intereses electorales, dos venganzas y dos competiciones. ERC combate a los Comuns y Podemos intenta reventar el Frente Amplio. No está ni mucho menos hecho, pero el lanzamiento de la OPA va por ahí.
Oriol Junqueras, líder de ERC y símbolo con Puigdemont del independentismo del procés en Madrid, se resistió a una coalición nacional de las izquierdas. Para entonces, el Júpiter de los republicanos tenía vida propia en Madrid. El acuerdo le viene bien a un partido que perdió seis diputados en el Congreso en las elecciones de 2023 y el gobierno de Catalunya en la primavera de 2024. La derrota electoral de Aragonès abrió la crisis; el regreso de Junqueras fue una de las respuestas a esa crisis. Ahora, el pacto puede debilitar a los Comuns y refuerza la entente entre ERC y Podemos frente al PSC. Esa batalla entre las izquierdas, según apuntan desde Podemos, la sufrirá Salvador Illa. La formación morada podría obtener, previsiblemente, dos puestos en las listas de Junqueras y hacer campaña en Catalunya. En el PSC, sin embargo, ven más perjudicados a los Comuns. Los números no despejan la incógnita. En las generales del 23J, los Comuns fueron la segunda fuerza más votada en Catalunya. Un año después, en las elecciones europeas de 2024, Podemos superó a Sumar en Cataluña.
El cabreo de Ada Colau ya se ha traducido en un portazo público al Frente Amplio. La respuesta en caliente, proponer como candidata a la coalición de IU, Sumar, Más Madrid y Comuns, anticipa dos candidaturas a la izquierda del PSOE. Tres papeletas de izquierdas. Una fragmentación que tritura votos bajo la guadaña de D’Hondt. También aflora una vieja cuenta pendiente. Yolanda Díaz se vengó de Pablo Iglesias con una escabechina en las listas del 23J y, desde entonces, Podemos trabaja con una misión: que solo quede uno pasando por encima de Colau.
La operación de ERC y Podemos es la suma de dos intereses electorales, dos venganzas y dos competiciones
Y luego está el frente Senado. El PSOE trabaja desde este fin de semana con el ministro Ernest Urtasun en esa coalición con los socios de gobierno que podría romper la mayoría absoluta del PP en el Senado ante el bloque de 200 diputados de las derechas que anticipan en el Congreso. La cámara alta como la única aldea gala en un ciclo donde el PSOE no espera recuperar ninguna comunidad autónoma. La idea es ganadora. La ejecución, casi imposible. Ese Frente Amplio con el PSOE, en principio, no podría contar con Podemos porque no se presenta en Catalunya. Y requiere de una ingeniería electoral y generosidad en el pacto entre el PSOE y cada partido de izquierdas en sus provincias, donde los cuatro días hábiles para pactar juegan en contra (la presentación de candidaturas termina este viernes).
Rufián dice en X que no va a "contribuir al culebrón turco de nadie". Pero el proyecto de Taifas ya está prácticamente diseñado para que sus socios caminen por separado. Asegura que va a “intentar que haya una colaboración entre las izquierdas soberanistas y españolas”, pero hasta ahora ha negociado y pactado con una de las partes. Y ha mirado hacia casa, dentro de ERC y bajo el mando de Junqueras. La desconfianza entre los partidos de izquierdas es la materia prima de la negociación. También influye que no esté en el horizonte ganar las elecciones, sino colocarse para el próximo ciclo. Un puñado de escaños para demasiados partidos. Partir el voto en tres papeletas no favorece al PSOE. Ni a la izquierda. Pero es lógica política que cada uno busque su sitio. Si la meta volante de los 200 diputados de PP y Vox se consolida, sepultará este debate.