"Un político liquidado, un intrigante gastado es siempre el más miserable del mundo"
Stefan Zweig
Lo malo es que, cuando la ultraderecha llegue al poder, la ciudadanía no va a ser capaz de distinguirla. Llegados a este punto —tras los muros, los ministros señaladores e insultadores, el ninguneo del Congreso y las instituciones, la descalificación del adversario—, el gobierno más antifascista de la historia, el que lucha contra el bulo y el lodo, ha puesto la guinda creando un fichero policial de periodistas. Todo en pro de la Memoria, porque los que cataron caudillo bien que saben lo que era esto. Un fichero ideológico de periodistas. Un fichero sobre lo que los periodistas piensan de la amnistía. Un fichero sobre su desafección o su adhesión inquebrantable al líder. Un fichero inconstitucional, inaceptable, en manos del ministerio que controla las policías y hasta Pegasus. Puede que les parezca una anécdota, pero es de una gravedad suma, sobre todo porque no sabemos para qué, ni para quién, ni con qué finalidad se hizo este fichaje de periodistas, que, seguramente, no son solo madrileños.
En un documento con membrete del Ministerio del Interior aparecemos decenas de profesionales clasificados en función de nuestra postura crítica, neutra o de hinojos frente a Pedro Sánchez. Para crearlo en 2023, se convocó una reunión en la que participaron una quincena de personas, incluyendo algunos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. De esa nutrida concurrencia salió la elaboración de un documento del que ayer se reconoció su existencia, aunque alegando que era para uso exclusivo del departamento de Comunicación y que el ministro nada sabía de ello. Salvad al soldado Marlaska, que bastante tiene. Resulta absurdo que los responsables de prensa en Interior, que nos conocen desde que éramos chicos, precisaran de un fichero con foto de periodistas. Más todavía que se convocara a tanta gente para elaborarlo y aún más que no se hiciera caso a las personas presentes que alegaron la inconstitucionalidad de tal iniciativa. A esos últimos se les dijo que "si no estaban cómodos, no participaran". ¿Saben quiénes no podemos estar cómodos con esta tropelía? Ni los periodistas ni los ciudadanos cuyo derecho a la información gestionamos.
¿Qué se ha hecho con esos datos? ¿A quién se han entregado? ¿Quién necesitaba fotografías para identificarnos? ¿Hacienda? ¿Las brigadas de información? ¿Quienes operan las cloacas del Estado? Que el fichero no lo han elaborado en cualquier dependencia, no, sino en el tortuoso Ministerio del Interior. No lo sabemos. Ni la nota emitida ayer era creíble ni el ministro Marlaska quiso contestar a los periodistas que le querían preguntar sobre esta y otras cosas. La bronca en Ceuta entre prensa y ministro fue notable. Se largó sin atender las lógicas demandas de la prensa. Marlaska, el cobarde. Marlaska, el hombre que nunca debió entrar en un gobierno y que continúa contra viento y marea después de todos sus errores, sus fallos, sus mentiras y sus tropelías.
Todo este atropello se ha llevado a cabo con dinero público, con el dinero de todos, con los impuestos de los mismos periodistas atropellados. El mismo dinero público que utiliza Óscar Puente para que le analicen quién escribe qué de él, por si le insultan —dice— o para insultar él —digo yo—. El mismo dinero que Bolaños ha destinado a una empresa que controla constantemente todo lo que se dice sobre él y sus ministerios en cualquier medio para, de forma instantánea, ponerlo en su conocimiento. Tan instantáneo es que a mí me ha llegado a escribir el ministro para oponerse, casi nada sin haber terminado la frase.
Si todos estos tejemanejes son el modus operandi de los más demócratas, de los progresistas, de los antifachos, es difícil comprender de qué nos ofrecen protegernos
Más allá del atropello antidemocrático que supone filiar ideológicamente a los informadores, hay colegas que ya se están planteando si la propia Ley de Protección de Datos, que incluye condiciones muy duras para la creación de ficheros, podría amparar a los profesionales que han sido incluidos y que muy probablemente acabaremos conociendo pronto. Las multas y las indemnizaciones que recoge son importantes. Recordemos, además, que los datos relativos a la filiación ideológica están especialmente protegidos.
De toda esta infamia, porque es infame lo que han hecho, aun sin saber qué uso espurio o no le han dado, solo se salva una cosa. Una vez más comprobamos que hay altos funcionarios y personas con puestos claves en el organigrama del Estado que ya no están dispuestos a cubrir o a callar las tropelías que se están cometiendo para proteger a Pedro Sánchez o ayudar a mantenerle en el poder utilizando los recursos que son del Estado y no de partido. Cuando esto se generalice, a lo mejor acabamos sabiendo de qué otras profesiones se han creado ficheros policiales, a quién más se le vigila la ideología, quién puede sufrir represalias por desafecto. Porque hay represalias. Muchos periodistas se lo podrían contar. Muchos medios les podrían contar cómo son discriminados en las campañas institucionales, parte de la financiación necesaria para su subsistencia. Y es que, si todos estos tejemanejes son el modus operandi de los más demócratas, de los progresistas, de los antifachos, es difícil comprender de qué nos ofrecen protegernos.
"En una sociedad democrática, ningún organismo del Estado tiene legitimidad para fichar, catalogar o perfilar ideológicamente a quienes ejercen el periodismo, por cuanto constituye un ataque directo a la libertad de prensa", defienden las asociaciones profesionales. "Introduce un elemento de vigilancia y potencial represalia", como a cualquiera se le ocurre. Todo ejecutado por los que pretendían legislar para mejorar el secreto profesional, para lograr transparencia de los medios y para regular la profesión. ¡Ja! Menos mal que Junts los paró negándose a apoyar ninguna de estas normas, que pretendían controlar al Cuarto Poder.
No dejan títere con cabeza. No soportan ningún control, ni aceptan ninguna crítica. Son la reserva espiritual de la democracia universal. ¡Ja!
P. D.: ¿Qué anotación creen que me merecerá esta columna?